domingo, 30 de agosto de 2015

Conquista, hambre y antropofagia (Por José Pablo Feinmann)

 
Don Pedro de Mendoza, amigo de Carlos V, primer adelantado del Río de la Plata, que pasará a la posteridad como el protagonista de la Primera Fundación de Buenos Aires, se encuentra enfermo, recluido en su tienda, alejado de sus soldados, solo e inexplicable. ¿Por qué este hombre, que gozaba de gran fortuna en la metrópoli española, rico hijo de ricos, que a su vez lo eran de otros ricos, ya que era un linaje destellante, opulento, el de esa familia, se ha lanzado hacia las Indias como tantos desesperados que atiborran, que hartan los barcos que salen de España en busca, menos que de aventuras, de riquezas, de sueños de abundancia, alimentados por leyendas que, como todas ellas, nadie ha comprobado? Las leyendas, cuando sus promesas palpitantes son el oro o las piedras preciosas, colman el espíritu de la codicia que empuja a los más afiebrados avatares, a los viajes desmedidos, inciertos, a la demencia de jugar la propia vida o apoderarse de la de los otros. Pero Don Pedro de Mendoza nada tenía que ver con este tipo de hombres, a quienes, además de necesitar, desdeñaría sin duda posible. Su viaje a las Indias, posibilitado por Carlos V, a quien más que probablemente se lo habría solicitado, obedecía a otros motivos. Tenía sífilis. Se dice que la contrajo en Nápoles. Se dice que luego leyó un libro que le dibujó su destino: Syphilos. Se dice que el autor era un galeno de nombre Hyéronimus Frascátor. Este hombre (mintiendo) gustaba informar que el mal provenía de las Indias, que ahí estaba su remoto origen y que, también ahí, su curación. Había en la región de Chaco un árbol con el nombre de guayacán, de cuya corteza se extraía el líquido rojizo que curaba a los que padecían ese mal infamante, ese mal que apestaba a sexo vil, a casas de mala fama, a mujeres de mala vida. O a conquistas salvajes, a exterminio de pueblos enteros, a hombres degollados y a mujeres violadas primero y ahorcadas después. En una de esas orgías de sangre y fuego, de festejos báquicos y sexo infamante e incontenible habría sido Don Pedro aprisionado por el mal para cuya sanación viajó a las Indias.
Ahora Pedro de Mendoza agoniza en una fortaleza escuálida, rodeado por hombres muertos de hambre que ya han empezado a comerse entre ellos. Ulrico Schmidl, un viajero alemán, soldado y cronista, es el que narra, en su libro Viaje a España y las Indias, la tragedia de la expedición de Mendoza: “La gente no tenía qué comer y se moría de hambre y padecía gran escasez, al extremo de que los caballos no daban servicio. Fue tal la pena y el desastre del hambre, que no bastaron ratones, ni ratas ni víboras ni otras sabandijas; también los zapatos y cueros, todo tuvo que ser comido” (Ulrico Schmidl, Viaje a España y las Indias, Longseller, Buenos Aires, 2007, p. 38). Schmidl, luego, narra en pocas líneas una historia antropofágica que habrá de ser retomada por Manuel Mujica Lainez en el primer cuento de su libro Misteriosa Buenos Aires: “El hambre”. Se lee en Schmidl: “Sucedió que tres españoles habían hurtado un caballo y se lo comieron a escondidas; y esto se supo; así se los prendió y se les dio tormento para que confesaran el hecho. Entonces fue pronunciada la sentencia que a los tres susodichos españoles se los condenara y ajusticiara y se los colgara en una horca. Así se cumplió esto y se los colgó en una horca. No bien se los había ajusticiado, y cada cual se fue a su casa y se hizo noche, aconteció en la misma noche por medio de otros españoles que ellos cortaron los muslos y otros pedazos de los cuerpos, los llevaron a su alojamiento y allí los comieron. También ha ocurrido entonces que un español se comió a su hermano que estaba muerto. Esto sucedió en el año de 1535 en nuestro día de Corpus Christi en la antedicha ciudad de Buenos Aires” (Schmidl, Ibíd., p. 38/39).
Don Pedro no fundó una ciudad, sólo instaló una fortaleza para protegerse de los indios querandíes, que, en un inicio lo recibieron bien pero luego descubrieron que los propósitos de estos extraños visitantes eran la búsqueda de oro y riquezas y no más que eso. Ahí empezaron las hostilidades. Moctezuma se equivocó al creer que enviándole riquezas a Hernán Cortés lograría que éste se fuera de México. No bien Cortés vio tanto oro y tanta plata decidió quedarse hasta hacer suyas esas maravillas del mundo que creía haber descubierto. Fue sincero. Dijo: “Los españoles somos afligidos por una enfermedad del corazón que sólo el oro puede remediar”. Les dijo a los embajadores de Moctezuma que quería tener el honor de conocerlo. Ahí, en el palacio de Tenochtitlán, donde residía. A su lado, ya marchaba la concubina que le habían ofrecido, la Malinche. Ella hablaba maya y náhuatl, que era el lenguaje de los aztecas. En seguida aprendió el español de Cortés. Así aparece la mujer en los orígenes del México español, como la traidora, la que vende a los suyos, la concubina del conquistador. (Acaso algo de los femicidios que sacuden hoy a los mexicanos se encuentre en ese despegue sombrío de lo femenino en su agitada historia.) Cortés se interna con sólo unos centenares de hombres y con la mujer que le hace de intérprete y sofoca sus ansias sexuales, en un territorio que desborda habitantes desde tiempos venerables. Una nación con más de siete millones de habitantes (Ver: Alan Riding, Vecinos distantes, Un retrato de los mexicanos, Joaquín Moritz-Planeta, México, 1986. El título del libro de Riding se basa en la célebre frase que describe la relación entre México y Estados Unidos: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerquita de los Estados Unidos”.)
Volvemos a Schmidl. Las riñas entre españoles y querandíes fueron duras. El cronista alemán es minucioso y acaso haya buscado exhibir los padecimientos de los hombres de Don Pedro. Sin embargo, por las cifras, es sencillo advertir que los querandíes llevaron la peor parte: “Y cuando nosotros quisimos atacarlos se defendieron ellos de tal manera que ese día tuvimos que hacer bastante con ellos; mataron a nuestro capitán Don Diego de Mendoza (hermano de Don Pedro, JPF) y junto con él a diez hidalgos de a caballo, también mataron alrededor de veinte infantes nuestros y por el lado de los indios sucumbieron alrededor de mil hombres; más bien más que menos; y se han defendido muy valientemente contra nosotros, como bien lo hemos experimentado” (Ibíd., p. 36). Las cifras de Schmidl hablan claramente. Los españoles habrían perdido veintisiete hombres. Los querandíes, pese a su valentía, más de mil. La conquista de Suramérica se basa en la técnica. Si el despliegue del hombre de la técnica tiene su nacimiento subjetivo con Descartes (seguimos al Heidegger de La época de la imagen del mundo), el fáctico es la conquista de Suramérica. Colón, Cortés, Pizarro triunfaron porque eran expresión de una etapa superior del desarrollo de la técnica. Más la sed de expansionismo, la codicia y la voluntad de poder que alimentaron al capitalismo desde sus inicios, desde el saqueo de las Indias que culminó en la Revolución Industrial luego de haber perpetrado “el mayor genocidio de la historia humana” (Tzvetan Todorov, La conquista de América, El problema del otro, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 15).
Sin embargo, Don Pedro y los suyos no atraparon la dicha que el nuevo territorio parecía ofrecer fácilmente. Nada de eso. Padecían ahora el cerco de los querandíes, escuchaban sus jadeos, olían su inminencia en esa fortaleza donde estaban refugiados, temerosos y hambrientos, cada día era una pesadilla que se sumaba a la del anterior. Cierto día, Don Pedro ordena colgar a tres ladrones. Ahí están ahora, penden como sacos de estiércol, sombríos contra la luna. Dos hermanos, uno de ellos de nombre Baitos y el otro que lleva un hermoso anillo que su madre le regalara y es el único orgullo que le queda, deciden comerse a los ahorcados. Los buscan, intentan descolgarlos y se arma una pelea feroz con otros hambrientos, una horrible trifulca entre las sombras, donde nada se distingue, nada es claro, sólo el hambre. Baitos corta un brazo. Huye y se lo come en su tienda. Muerde el anillo, el de su hermano, el que la madre de ambos le diera. Así lo narra Mujica Lainez: “Los dientes de Baitos tropiezan con el anillo de plata de su madre, el anillo con una labrada cruz, y ve el rostro torcido de su hermano (...) El ballestero lanza un grito inhumano. Como un borracho se encarama en la estacada de troncos de sauce y ceibo, y se echa a correr barranca abajo, hacia las hogueras de los indios. Los ojos se le salen de las órbitas, como si la mano trunca de su hermano le fuera apretando la garganta más y más” (Manuel Mujica Lainez, Misteriosa Buenos Aires, Ediciones Folio, Buenos Aires, 2004, p. 15). (Pagina12)

miércoles, 26 de agosto de 2015

El 82% móvil: ¿por qué docentes sí y Salud no?


 


¿Quién se estresa más en el trabajo? ¿Un médico, un enfermero o un docente?
En 1997 el investigador británico Cary Cooper y otros profesionales crearon la clasificación de estrés laboral, apoyándose en cuestionarios, entrevistas y datos estadísticos, concluyendo que los dos primeros –en términos genéricos– se encuentran por encima que los terceros.
Sin embargo, en Argentina los educadores tienen un régimen especial de jubilación, anticipada y con el 82% móvil, pero la gran mayoría de los profesionales de la salud están fuera de ese beneficio.
El trabajo de Cooper y otros estudios relacionados con el desgaste laboral forman la base de un insistente reclamo de trabajadores del sistema público de Salud en Río Negro, que comenzó hace una década y ahora encontró eco en la diputada María Emilia Soria.
Todo se concentra en un proyecto de ley que la representante del FpV presentó ayer para equiparar el régimen previsional de estos profesionales con el de aquellos que pueden dejar de ejercer a los 57 y 60 años (mujeres y hombres, respectivamente).
La iniciativa alcanza al personal profesional que preste servicios en efectores públicos y/o privados, que hayan transferido sus institutos previsionales a la Nación, o se encuentren adheridos al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA).
Médicos, enfermeros, camilleros, entre otros, participaron el lunes de una reunión en Roca con la diputada, para conocer el proyecto, hacer aportes y despejar dudas respecto de su posible aplicación.
Soria explicó que –en caso de aprobarse la ley– el régimen especial será para aquellos que acrediten 30 años de servicios (de los cuales 15 como mínimo, continuos o discontinuos, deben ser en efectores públicos o privados de la salud), quedando excluido el personal que desarrolle tareas administrativas y/o que no tengan contacto directo con la atención de pacientes.
El haber mensual será equivalente al 82% móvil de la mejor remuneración mensual del puesto o función que tuviera asignado el personal durante 1 año anterior al momento del cese.
Para solventar la viabilidad del proyecto, se establece que el personal comprendido deberá aportar una alícuota diferencial del 2% por sobre el porcentaje vigente de acuerdo al Sistema Previsional Argentino.
Ayer profesionales del hospital "Francisco López Lima" de Roca que dialogaron con "Río Negro" destacaron la importancia del proyecto por el que reclaman desde el 2004 y consideraron relevante que –en principio– todos los diputados y senadores rionegrinos hagan propia la iniciativa, para lograr después los avales necesarios en el Congreso para llegar a la sanción de la ley.

Jamaica y la velocidad Por Ezequiel Fernandez Moores




"Don't come back" (No vuelvan), dicen aún hoy carteles en Cockpit Country, un remoto bosque húmedo en las tierras altas montañosas del noroeste de Jamaica. La frase nació en el 1700. Estaba dirigida a los derrotados soldados del Imperio Británico. La escribieron los Maroon (Cimarrones), apodo del invasor español a los esclavos más fuertes. A los que habían sobrevivido al infierno del viaje desde África. Y a toda la crueldad posterior. Los Maroon masacraron a los nuevos invasores británicos en una batalla clave de 1738. Permitieron volver a un soldado, con la oreja en la mano, para que contara lo sucedido. El gobernador británico de Jamaica firmó entonces el tratado que reconoció tierra y libertad a los Maroon. Queen Nanny y Cudjoe, esclavos traídos desde Ghana, fueron sus líderes históricos. A la mujer la homenajea en un documental que será estrenado este año la atleta Shelly-Ann Fraser-Pryce, heredera de su bravura, flamante tricampeona en los 100 metros que se corrieron este lunes en el Mundial de atletismo de Pekín. El capitán Cudjoe fue designado comandante en jefe de Trelawny. En esa parroquia está Cockpit Country. Es, también, la parroquia en la que nació Usaín Bolt, el hombre que mañana, en la final de los 200 metros, buscará dar un nuevo paso para gritar que es el mejor atleta de la historia.
El relato de los fantásticos guerreros Maroon como posible origen de los velocistas jamaicanos fue uno de los primeros que escuchó Yannis Pitsiladis. El biólogo de la Universidad de Glasgow viaja desde hace más de diez años a Jamaica, un país de apenas tres millones de habitantes, pero del cual proceden varios de los mejores velocistas del mundo. Pitsiladis viaja también a Etiopía y Ghana. Investiga si, tal vez, hay una etnia que domina el ADN del atleta ideal. Primero hizo de antropólogo. Escuchó que Jamaica es tierra de velocistas por esclavos como los Maroon. Que la isla tiene supuestos tubérculos especiales. Y otras historias más. Pasó entonces a tomar muestras de saliva de cientos y cientos de habitantes. Pagó de su bolsillo a un curandero para obtener más muestras. Hipotecó dos veces su casa. Fue estafado por un asistente que, en lugar de colectar él las muestras acordadas, salivó doscientas veces creyendo que la trampa no sería descubierta. Pitsiladis se pasó un año detrás de la muestra de un campeón. En plena reunión social, llegó a esterilizar una copa de vino de la que había bebido un atleta estrella. Tiene el ADN de 125 de los mejores velocistas jamaicanos del último medio siglo. La investigación, todavía en fase preliminar, no apoya sin embargo la tesis que vincule a los Bolt con los guerreros Maroon. Descubrió que el muy rico ADN jamaicano responde al lema del país al que llegaron esclavos de todas partes: "De muchos, un pueblo" (Out of many, one people).
Errol Morrison es el investigador médico más respetado de Jamaica. Trabajó largos años con Patrick Cooper, un periodista que siguió buscando explicaciones biológicas a la superioridad de velocistas negros aun en su exilio forzado de Houston (escribía discursos del líder independentista Norman Manley) y dictando conclusiones en su lecho de enfermo hasta su muerte, en 2009. Cooper comprobó el origen de casi todos los grandes velocistas de las últimas décadas. Devoró publicaciones científicas sobre biología, medicina, antropología e historia. Analizó un célebre estudio de los tipos corporales de todos los deportistas olímpicos de 1968. Otros sobre niveles bajos de hemoglobina en la población afroamericana de Estados Unidos. Y que una vieja malaria endémica en el África Occidental subsahariana, cuna original de casi todos los grandes velocistas, provocó alteraciones genéticas y metabólicas que favorecían la creación de fibras de contracción rápida, esenciales para un velocista. El detalle de los estudios genéticos de Pitsiladis y Morrison, investigadores insospechados de racismo, forma parte de El Gen Deportivo (The Sports Gene, 2014), "el libro más fascinante, educativo y provocador", según lo describió New Yorker. David Epstein, su autor, periodista de Sports Illustrated, elabora un gran debate científico entre talento y esfuerzo, discute la difundida tesis de que se puede llegar a la excelencia después de diez mil horas de práctica y acepta que, en casos como el de Bolt, a veces "entrenar menos es la mejor medicina". Epstein comenzó a interesarse en el tema cuando advirtió que los keniatas y jamaicanos miembros del equipo atlético de su misma Universidad resolvían con talento lo que otros debían trabajar con más esfuerzo. Entrevistó a deportistas e investigadores. Viajó a la Jamaica de Bolt. Y también viajó a África, donde comenzó todo.
Sólo diecisiete atletas en la historia de Estados Unidos corrieron la maratón debajo de las 2 horas y 10 minutos. En apenas un mes, octubre de 2011, treinta y dos corredores keniatas kalenjin alcanzaron esa misma marca. El origen, hace cinco mil millones de años, es África. Por eso, la diversidad genética en África es infinitamente mayor que fuera de África. "África domina la cuarta jornada del Mundial de Atletismo", decían ayer los principales titulares desde Pekín. Pero el fenómeno atlético, advierte Epstein, no es en toda África. Están los orono en Etiopía y los sabei en Uganda. Y, ante todo, están los guerreros kalenjin en el Valle del Rift occidental de Kenia. Irrumpieron con siete oros en los Juegos Olímpicos de México 68 y, desde entonces, dominan en las pruebas de media y larga distancia. Los kalenjin son el doce por ciento de la población keniata, pero entre ellos están más de tres cuartas partes de los mejores corredores del país. Un talento natural masivo que enriquece a la élite. La ligereza y economía de movimientos que dan sus piernas flexibles, muy largas, con pantorrillas, tobillos y extremidades muy flacas, caderas estrechas, el clima caliente y seco, la altitud que favorece la potencia aeróbica y la genética, dice Epstein, son una combinación ideal. El autor (es formidable su relato en la pista precaria de Iten) relativiza la tesis inicial del abigeato como entrenamiento clave de los kalenjin. Supuestas carreras de hasta 160 kilómetros para ganar prestigio y mujeres al retornar al pueblo con ganado ajeno. Epstein vuelve a Pitsiladis, el biólogo que, además de Jamaica, también recorrió Kenia. El legendario Wilson Kipketer, es cierto, tenía la escuela frente a su casa. Pero los niños kalenjines que sí corren kilómetros para ir a la escuela, dicen los estudios de Pitsiladis, tienen un treinta por ciento de capacidad aeróbica mayor. "Ayuda a los norteamericanos a competir en carreras de fondo -decía una publicidad irónica en Estados Unidos-, donando autobuses escolares a los niños keniatas."
Jamaica y Kenia no se han salvado estos últimos años del doping. Jamaica vivió un escándalo en 2013, con ocho positivos (entre ellos Asafa Powell y Veronica Campbell-Brown), renuncias masivas en la Agencia nacional antidoping (Jadco) y la revelación de que Bolt y sus compañeros no habían sido sometidos a un solo control sorpresivo en los tres meses previos a los Juegos de Londres 2012. El nombre de Bolt, aclaró la cadena alemana ARD, no está dentro de los cientos de campeones olímpicos y mundiales cuyos controles internos dieron resultados sospechosos que fueron ocultados en la última década. El atletismo precisa que Bolt, como sucedió el domingo en los 100 metros, vuelva a ganarle mañana en los 200 a Justin Gatlin. Los músculos del estadounidense, dijo esta semana Epstein, citando estudios recientes, podrían seguir viéndose beneficiados por los efectos de los anabólicos que le fueron detectados en 2006. Bolt es un ícono global del deporte. En Jamaica, gracias a él, los "Champs" pasaron a convertirse en el mayor espectáculo anual del país. Son los campeonatos nacionales del atletismo universitario. Cuatro días de competencia, cien institutos, treinta y cinco mil personas que colman el Estadio Nacional de Kingston. Los escolares corren desde los cinco años de edad soñando con ser Bolt, pero los universitarios más jóvenes tienen prohibido entrenarse todos los días y tampoco pueden levantar pesas hasta los 16 años. Nuevos centros buscan evitar éxodos tempranos al dinero del atletismo de Estados Unidos. Los genes, dice Espstein, influyen, pero no explican todo. También hay sociedades que engordan comiendo basura. Y hay otras que, en cambio, corren para sobrevivir..

miércoles, 22 de julio de 2015

Handball Estudiantes de La Plata "El Pincha" de los '70 - (Waterpolo sin agua)

Club Estudiantes de La Plata (Handball Primera división- Torneo Metropolitano) 1976
Parados: Ricardo Wrotniak - Carlos Mercapide - Guillermo Gallo - Luis Gallo - Guillermo Gotti - Luis Alegre - Rodolfo Di Salvo
Agachados: Miguel Angel Gil - Lacio Herdfel - Lucio "El Tano" Bozza - Guillermo Rispoli - Carlos Solzona


domingo, 5 de julio de 2015

Pink Floyd, revisitado (Por José Pablo Feinmann)

Pink Floyd, revisitado

 
/fotos/20150705/notas/na40fo01.jpg 
 
¿Por qué re-visitar Pink Floyd? Esa banda de muchachos ingleses injertó la filosofía en el rock de un modo imperecedero. No vamos a hacer su historia, que es conocida. Nos vamos a detener reflexivamente sobre algunas de sus canciones, en lo posible aquellas que forman el corpus del film The Wall, el punto más alto al que llegaron y acaso el más alto al que también llegó el rock como música, poesía y arte de la rebelión. Esas canciones, desde otra década, desde otro siglo, nos siguen interpelando, nos siguen llamando a las dos actitudes existenciales definitivas ante la realidad (ese muro infranqueable): la mansa aceptación o la rebeldía.
¿Qué quieres ser, mi amigo? ¿Un sujeto autónomo, un ser libre o apenas otro ladrillo en la pared? Te educaron para que fueras lo otro de la libertad. Para que fueras parte de la pared. Un ladrillo, apenas uno más. Para eso te gritaron, te pegaron, te humillaron. En algún momento te rebelaste y tu rebelión se expresó con fuerza, a viva voz, poéticamente: “No necesitamos la no educación/ No necesitamos el control mental/ ¡Hey, profesores, dejen a los niños en paz!”. (All in all you are just another brick in the wall.) “Al fin de cuentas, sólo eres otro ladrillo (brick) en la pared.” El que castiga, el profesor sadista, el que cree que el saber con la sangre entra, es otro ladrillo en la pared, integrado a ella, imponiendo sus valores. A esa educación, Adorno la llamó pedagogía del dolor en un texto en que se interrogaba sobre qué cosas harían posible una repetición de Auschwitz. “El ideal pedagógico del rigor (...) La idea de que la virilidad consiste en el más alto grado de aguante fue durante mucho tiempo la imagen encubridora de un masoquismo que –como lo ha demostrado la psicología– tan fácilmente roza con el sadismo.” (Adorno, Consignas, Amorrortu, Buenos Aires, pág. 88.) Este tema estuvo de moda entre nosotros a raíz de las declaraciones de un cómico devenido político. Este hombre había dicho que dos buenos golpes de vara habían hecho de él un abanderado del colegio. (Fue desmentido por sus maestros.)
¿Qué es The Wall? ¿A qué llaman los Floyd La pared o El muro? Entre nosotros y todo lo bueno de este mundo hay una pared. Es la pared de los poderosos, de los que mandan, de los que nos educan, de los que nos forman para que sólo seamos un ladrillo más en esa pared, que formemos parte de ella, enmudecidos, cósicos, inertes, que jamás la atravesemos, que no conozcamos el otro lado aunque nos sea posible intuirlo y hasta desearlo, no, nada, siempre de este lado, o peor aún, parte de la pared, dentro de ella, parte de ella, un ladrillo más, sólo eso. De aquí otra canción poderosa de los Floyd que llama a la rebelión: “Hey, You!”. “¡Eh, vos. ¿Qué hacés ahí afuera, en medio del frío, solo, haciéndote viejo?” (Getting lonely, getting old.) La letra en inglés entrega un significado que va más allá de la traducción castellana. Getting lonely también puede entenderse como atrapándote la soledad, haciéndola tuya, alcanzándola, algo que transfiere la responsabilidad del hecho al que le ocurre. No le viene de afuera. Ni la soledad. Ni la vejez. Se las gana. Se las atrapa. Se las consigue.
“Hey, vos, ¿podés sentirme?” No “sientas” sólo mi voz. Sentí mi calor, mi presencia, mi cercanía. Así, sólo así, vas a “atrapar” mis palabras. Y ahora viene el reclamo. La exigencia rockera de la rebeldía: “No les ayudes a enterrar la luz/ No te des por vencido sin luchar”. “Hey you!” ¿Me tocarías? ¿Me darías tu mano? La rebeldía, cuando es verdadera, se hace con todo. No todo lo puede el espíritu aunque nos llenemos la boca con esa frase, que es hermosa pero incompleta: “El espíritu de la rebelión”. La rebelión no es sólo espíritu, es cuerpo también, carnalidad compartida, ardiente, siempre en riesgo. Por eso ellos saben que siempre podrán vencernos por medio del dolor. Por eso nos pegan. Someten nuestro cuerpo porque nuestra mente la conquistan llenándola de gusanos. Cada gusano, una idea menos. Cada gusano, una idea de ellos. Hasta que todos los gusanos expresen el completo sistema de ideas con que ahogarán nuestra libertad. “Hey, you!” No te sientes desnudo junto al teléfono, no esperes durante largos inviernos, no esperes sometido al frío o al fuego, ahí, con la cabeza contra la pared, un llamado que no existirá, o si existe será de ellos, otro más, otro llamado para meter gusanos en tu cerebro. Escuchame a mí. Sentime a mí. Ayudame a levantar la piedra. Todas los días la levanto y la llevo a la cima de la pared, pero nunca llego, la pared es demasiado alta, la piedra cae, yo caigo, y otra vez lo mismo, y lo mismo, levantar la piedra y caer. “Hey you!” ¿Los gusanos ya comieron tu cerebro? ¿Ya están ahí, en él, ya es tu cerebro su comida? ¡Basta de hacer lo que te han dicho que hagas! (Always doing what you’re told.)
Abrí tu corazón. Ayudame. No me digas que ya no hay esperanzas. Juntos estamos de pie; divididos, nos caemos. Juntos podremos erguirnos; separados, nos derrotan.
La pared son las prisiones de Foucault: los manicomios para los locos, las prisiones para los delincuentes, una sociedad sólo es racional cuando sabe apartar de sí todo lo que niega la razón. Los gusanos son el poder comunicacional. Se comen tu cerebro, entran en él, no te das cuenta pero te lo devoran por dentro. Pronto pensarás lo que quieren que pienses. Uno llega, como dice el Heidegger de Ser y Tiempo, a un mundo ya interpretado. Vive en ese mundo, crece ahí. Vive y crece en estado de interpretado. No habla, le hablan. Cuando habla salen de su boca las palabras que los otros han puesto en ella. Cree que conoce un idioma, el idioma lo conoce y lo somete a él. Habla su lengua materna, o su lengua paterna. Es hablado por su padre, por su madre, después por la educación, después por el sentido común, un sentido que es el del poder, el que el poder ha impuesto como visión del mundo. Todo eso es la pared. Hay que trepar por ella y salir, escapar. Escapar hacia uno mismo, hacia los otros que trepan, hacia la libertad. Inventar las nuevas palabras. Las interpretaciones. Hay que interpretar el mundo de otro modo, nuevo, luminoso. Pero la pared es demasiado alta. Volvemos a caer. Volvemos a subir. O nos entregamos –en medio de nuestra gozosa esclavitud– a los gusanos. “¡Eh, vos! No me digas que no hay ninguna esperanza.” (Hey you, don’t tell me there’s no hope at all.)
Los Floyd no vienen a decir eso. A nadie van a decirle: no hay ninguna esperanza. Lejos del rock punk, practican un rock conceptual de compleja lectura. Sin embargo, están claramente lejos de ciertas cosas. De la violencia, de la desesperación, de los paraísos artificiales de las drogas duras (una tragedia que los tocó en carne propia) o de la bobería pasatista. Sobre todo de esto, sin duda. Hay que poder hacer un rock conceptual y ellos lo hicieron. Diría, si se me permite, que practican un existencialismo áspero, a menudo doloroso, siempre romántico, asumiendo los contrastes vertiginosos de esa estética, un humanismo realista, que incorpora la inhumanidad a la humanitas universal, acotándola, señalando que lo Otro del hombre es también el hombre, que el sujeto humano es tanto el que busca la libertad como el que la niega, el que construye la pared como el que busca trepar por ella y huir.

Una notable canción de 1975, “Querría que estuvieras aquí” (“Wish You Were Here”), reúne estos elementos. Alguien dice que desea que otro –al que ama– estuviese con él. Pero ese otro tiene muchos cenagosos escollos que vencer. Los escollos son, como siempre, los del muro, los de la pared. Hay que aprender a distinguir lo que es propio de la pared, lo que a ella irrefutablemente pertenece, de las otras cosas, las de la belleza, las de la libertad. “¿Crees que puedes distinguir el Cielo del Infierno/ el cielo azul del dolor/ un campo verde de los rieles de acero/ una sonrisa de un velo?” ¿O tal vez no? Tal vez ellos consiguieron que cambiaras tus héroes por fantasmas, que cambiaras un papel (aunque fuese secundario) en una guerra por el principal en una jaula. Sí, desearía, cuánto desearía que estuvieses conmigo. Somos dos almas perdidas nadando en una pecera. Años tras año, hemos caminado por una tierra vieja. ¿Y, al fin, qué hemos encontrado? Sólo los mismos antiguos miedos. Ojalá estuvieses aquí.
Aquí, la derrota se ha consumado. La vida fue nadar en una pecera, de donde un pez nunca sale ni sabe dónde está, porque está dentro de la pecera y sólo si alguna vez hubiese estado fuera (aun al riesgo de morir) sabría que hay algo más que su prisión, que existen los ríos anchos y turbulentos, los océanos infinitos. Si no se salta la pared, los años van a pasar sin huella, siempre se caminará sobre una tierra vieja, con los mismos viejos miedos. La frase final debiera leerse así: Querría que estuvieses aquí para que huyamos juntos. Porque de eso se trata. Amar es saltar la pared con otro o con muchos, hacia el otro lado, lejos de los gusanos, de la tierra seca, de los eternos miedos, de la esclavitud gozosa, hacia lo nuevo, lo incierto, lo libre.

martes, 23 de junio de 2015

Ingeniero Jacobacci (Provincia de Río Negro . Argentina) Imágenes Históricas

25 de mayo de 1973 Asunción como Intendente de Ing, Jacobacci del Sr. Antonio Tascón (FREJULI), presente como abanderado de la Juventud Peronista el Compañero Horacio Diaz.

sábado, 13 de junio de 2015

Anestesiologos en actitud extorsiva

LOS MINISTROS DE SALUD DEL PAIS ACUSAN A LOS ANESTESIOLOGOS DE “ACTITUDES EXTORSIVAS”

Contra la posición dominante en salud

El Consejo Federal de Salud declaró su preocupación porque las asociaciones profesionales de anestesistas impiden cubrir todos los puestos necesarios, bloquean la formación de nuevos especialistas y dificultan el acceso a la salud de los ciudadanos.

Por Pedro Lipcovich
/fotos/20150613/notas/na19fo01.jpg
Los anestesiólogos no trabajan en relación de dependencia, señalaron los ministros.
Los ministros de Salud de todas las jurisdicciones del país, de acuerdo con el Ministerio de Salud de la Nación, se pronunciaron contra las “actitudes extorsivas” que atribuyen a las asociaciones de anestesiólogos, a las que acusan de “una tendencia de posición dominante que compromete el derecho de todos los habitantes a acceder a prestaciones quirúrgicas fundamentales”. La “posición dominante” se sustentaría en que estas sociedades, que controlan la formación y la matrícula en la especialidad, mantendrían muy limitada la cantidad de profesionales: de 120 residencias de formación en todo el país, sólo funcionan 80 y con cupos reducidos. Según los ministros, los anestesiólogos suelen negarse a trabajar en relación de dependencia y lo hacen mediante contratos de provisión de servicios: “Ellos fijan las condiciones y, si la provincia no las acepta, se queda sin cobertura de anestesia”, graficó un ministro. Los responsables de la salud en todo el país denuncian la falta de anestesistas en muchas localidades y en servicios críticos como la atención de partos de alto riesgo.
El documento se aprobó, por unanimidad, en la última reunión del Consejo Federal de Salud (Cofesa); lo suscriben los ministros de Salud de todas las provincias del país y de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En su texto, los ministros “declaran su preocupación acerca del derecho efectivo al acceso a la salud a causa de la falta de cobertura efectiva y de profesionales especializados en anestesiología, que se vive especialmente en el sistema público de salud a lo largo de todas las jurisdicciones de la Argentina”. Denuncian que “en los últimos años se acentúa una tendencia de posición dominante por parte de las asociaciones de esta especialidad que compromete el derecho a acceder a prestaciones quirúrgicas fundamentales que constituyen una parte esencial del sistema sanitario”.
En ese marco, “los ministros expresan su inquietud frente a las actitudes extorsivas de cualquier expresión corporativa profesional que ponga en riesgo y cuestione el rol social del trabajo en salud, y declaran su firme compromiso de actuar en forma contundente, colectiva y organizada para garantizar el derecho de todas las personas al acceso efectivo a la salud”.
Según puntualizó Mario Rovere, viceministro de Salud de la Nación, “es infrecuente que todos los ministros manifiesten su inquietud sobre un mismo tema, como ha sido en este caso. El Ministerio de Salud recoge esa preocupación y procura fortalecer la posición de los ministros”.
Rovere explicó que “el mercado de trabajo de los anestesistas está en una situación de suboferta programada, una escasez deliberadamente dispuesta por las sociedades de anestesiología”. Un factor clave para esta escasez programada es que “las sociedades de anestesiología regulan el acceso a la condición de especialista, mediante cursos y residencias. El Estado nacional intenta expandir la oferta de formación, pero las sociedades de anestesiología no acompañan”. Concretamente, “la Nación financia las residencias de formación profesional: en este orden, ha transferido a las provincias la capacidad para tener 120 residencias en anestesiología, pero sólo ha sido posible cubrir 80”. Y, dentro de cada una de las residencias que logran abrirse, la respectiva sociedad fija cupo. No es que falten aspirantes: “Las residencias de anestesiología son las que tienen la más alta cantidad de aspirantes en todo el sistema –señaló Rovere–: no faltan vocaciones, sobran. Es cierto que ganan muy, muy bien”.
Los anestesistas se nuclean en sociedades provinciales que a su vez se reúnen en la Federación Argentina de Asociaciones de Anestesia, Analgesia y Reanimación (Aaaar). “La negociación la conduce la sociedad profesional de cada provincia: incluye la actividad asistencial, el trabajo de los instructores de residentes y la fijación de cupos en las residencias: así, se cruza el mecanismo de empleo con el de formación”, y el resultado es la “posición dominante” denunciada por los ministros. Esto se reforzaría porque, “en la mayor parte de las provincias, las sociedades de anestesiología han logrado que estos profesionales no sean ya trabajadores sujetos a las pautas y acuerdos del sistema de salud, sino que hacen, en cada caso, contratos de provisión de servicios. Por eso la situación es otra que las que se plantean con distintos gremios de profesionales”, precisó el viceministro de Salud de la Nación.

“Poder de extorsión”

Según graficó Carlos Ramos, ministro de Salud de Entre Ríos, “la sociedad entera está presa, está en emergencia, en manos de los anestesistas; toda la población del país depende de las decisiones corporativas de estas personas a quienes la sociedad otorgó su título profesional para que brinden salud a la comunidad, pero terminan extorsionando y poniendo vidas en riesgo. Forman grupos cerrados, no permiten que nuevos profesionales se especialicen; si alguien de todos modos logra formarse le bloquean la matrícula; si alguna jurisdicción decide plantear la extrema gravedad de lo que hacen, la declaran ‘lugar inhóspito’ y se niegan a prestar servicios allí”.
“Para fijar sus remuneraciones –continuó Ramos– exigen acuerdos específico con cada uno de ellos, donde se establecen sumas de dinero y condiciones abusivas; si la provincia pretende negociar esas condiciones, el anestesista corta la prestación de servicios y la Aaaar no permite que ningún otro cumpla ese trabajo. Negocian por separado para aprovechar las necesidades de cada jurisdicción, pero se sostienen en el poder de extorsión de la Aaaar a nivel nacional.”
Luis Martínez, ministro de Salud de Santiago del Estero, señaló que “ya en la reunión anterior del Cofesa, que se efectuó en marzo en nuestra provincia, varios ministros planteamos esta situación, especialmente las dificultades que tenemos para cubrir puestos esenciales. Las exigencias que plantean los anestesiólogos se alejan de toda actitud solidaria y de toda consideración por las necesidades de los servicios de salud”.
Página/12 procuró comunicarse con la Federación Argentina de Asociaciones de Anestesia, Analgesia y Reanimación (Aaaar), pero no obtuvo respuesta.