viernes, 18 de enero de 2008

Rant, la vida de un asesino (Chuck Palahniuk)

El autor, que escribe en el extremo de lo políticamente incorrecto, asegura que el 11-S le ha obligado a centrarse en una escritura de género. Con Rant se estrena en la ciencia-ficción

Hace una década que rompió moldes con El club de la lucha, una novela que pensó que nunca le publicarían. Miles de ejemplares vendidos después y convertido en un escritor de culto -él que cuenta con la comunidad más grande de seguidores cibernautas-, Chuck Palahniuk regresa en Rant. La vida de un asesino (Mondadori) al oscuro corazón de una sociedad secreta. Esta vez, dedicada a los accidentes de tráfico. En una conversación telefónica, Palahniuk (Portland, Oregón, 1964) alude al sentimiento gregario innato en el hombre y sugiere que de alguna manera los miembros de estos grupos buscan compañía y quieren "curarse un miedo". Su voz, dulce y atenta, contrasta con el tono descarnado y crudo de su prosa. Sus libros se sitúan en el extremo de lo políticamente no c

"Yo no sostengo ningún espejo ante nadie, sólo intento ofrecer algo que atrape al lector, mi objetivo nunca es corregir a la gente"

El escritor arranca con este libro una trilogía de ciencia-ficción, su primera incursión en el género. Palahniuk se sirve del modelo de la historia oral para construir esta novela y enlazar los testimonios de aquellos que conocieron a Buster Rant Casey, el perturbador protagonista. Con esta fórmula indirecta de coro de voces, ofrece el retrato de un asesino en serie, un chico de pueblo que experimenta desde la infancia con el dolor, quiere expandir una plaga de rabia y forma parte del grupo que organiza accidentes de tráfico controlados.

PREGUNTA. Rant es una onomatopeya de arcada. ¿Cuánto de vómito hay en ella?

RESPUESTA. Con toda su crudeza, el vómito es una reacción que nos protege. Es un rechazo físico que previene el envenenamiento.

P. ¿Y de qué veneno quería librarse?

R. Bueno, no quería caer en la nostalgia de la madurez, en ese sentimiento que te hace mirar atrás y pensar cuánto mejor era tu vida en el pasado, por ejemplo, la mía en el pueblo en el que crecí. Este libro me ha permitido regresar a aquel paisaje y ver lo horrible que era. He arrojado cualquier nostalgia.

P. ¿Sigue esto la ruta de la escritura del riesgo que aprendió junto a Tom Spanbauer?

R. Sí. Este tipo de escritura te permite regresar a un recuerdo, a una experiencia que está sin resolver y que debes asimilar porque es parte de tu vida, de tu pasado, pero también de tu presente. Se puede entender como un vómito, pero también como una exploración, que te permite alcanzar una comprensión profunda de las cosas que te enfadan. Así, llegas a tolerarlas. Es un trabajo terrible y desagradable llegar a ese primer borrador, como dice Tom, hay algo de defecación en este proceso.

P. Rant está construida como una historia oral, una fórmula propia de la sociología. ¿Por qué?

R. Como lector siempre me ha entusiasmado la historia oral. Como escritor te permite montar una historia como en el cine, no tienes que explicar la relación entre una cosa y la siguiente, simplemente yuxtapones.

P. ¿Piensa en el efecto que sus libros tendrán en el lector mientras los está escribiendo? ¿Quiere jugar con el público?

R. No, nunca pienso en el lector. Sólo tengo en la cabeza al grupo de escritores con los que me reúno cada lunes por la noche. Intento sorprenderles.

P. ¿Quiénes son?

R. Son los alumnos con los que asistí a las clases de Spanbauer y a todos los efectos seguimos funcionando como el grupo de Tom. Nos reunimos para leer lo que cada uno ha escrito desde 1990. Llevamos casi veinte años, lo que convierte estas reuniones en todo un reto. Es un juego sofisticado que cada vez se nos da mejor.

P. El protagonista de Rant se autoeduca en el dolor, experimenta con él.

R. Quiero implicar al lector a un nivel físico para que haya una mayor empatía con los personajes. Por eso en mis libros trato la enfermedad, el abuso de drogas, el sexo o la violencia. Éste es el motivo de que Rant pase por todos esos retos.

P. Y lo trata de una manera muy gráfica.

R. Sí, porque a menudo se desprecia la conexión física con el lector. Se considera baja cultura. Yo busco un contacto emocional más que intelectual.

P. ¿Es ésta una manera de ofrecer al lector un retrato de sí mismo, de decirle que forma parte de todo esto?

R. Yo no sostengo ningún espejo ante nadie, sólo intento ofrecer algo que atrape al lector, que llame su atención. Puede que haya quien descubra cosas, pero mi objetivo nunca es corregir a la gente.

P. ¿Qué le ha llevado a la ciencia-ficción?

R. Es un género con el que crecí, siempre me ha gustado mucho. Además, desde el 11 de septiembre siento que no puedo presentar en las novelas al tipo de personajes salvajes que suelo tratar, hoy serían considerados terroristas. Necesito ponerlos dentro de una literatura de género.

P. ¿Por qué?

R. Porque las cosas que hacen no serían aceptables para la mayoría.

P. ¿Es éste el cambio más importante que ha notado desde que publicó su primera novela hace una década?

R. No puedo echarle toda la culpa al 11 de septiembre. A lo mejor hubiera escrito ciencia-ficción de todos modos, en mi afán por reinventar mi trabajo tanto como soy capaz de imaginar. Sin embargo, pienso que ni el libro ni la película de El club de la lucha podrían realizarse hoy, después de los atentados. La película acababa con el derrumbe de un edificio... Además, mis libros son ahora menos cinematográficos. -

Rant. La vida de un asesino. Chuck Palahniuk. Traducción de Javier Calvo. Mondadori. Barcelona, 2007. 320 páginas. 19,90 euros.

Democracia Nacional se manifiesta en Madrid

sábado, 12 de enero de 2008

Los derechos de los niños cuatri (Sandra Russo)


Los derechos de los niños cuatri



El lugar es Cariló. Un lugar que, como casi todos, soporta sobre sus seis letras varios mundos paralelos. En todos ellos naturalmente hay plata, porque Cariló es muy caro. Pero es distinto tener la plata para pagarse una semana en un apart, que la que se tiene para alquilar una casa todo un mes, y ambas cosas están a una distancia más que considerable de la plata que tienen los dueños de algunas casas, los cuatris estacionados como al descuido en la puerta junto con los demás vehículos, a la sazón un par de Audis o Toyotas. También tienen el lote de al lado para no perder perspectiva y carpa fija en algunos de los balnearios, preferentemente Cozumel. Casi no van al centro porque no quieren tener contacto con los advenedizos de los últimos años ni con los aún más repelidos visitantes ocasionales que llegan desde Pinamar o Gesell.
Diría incluso más, para que no me acusen de clasista, que después de todo no sé por qué suena a insulto, cuando es usada casi siempre para marcar diferencias de clase. Como si las clases no existieran o hubieran sido reemplazadas por alguna otra cosa más que subclases. Diría entonces que incluso hay gente que tiene mucha plata y aun así comparte una zona de su mundo no sólo con el que alquila su semanita en el bosque sino con el que veranea en Valeria o San Bernardo.
Más no me puedo esforzar: estoy dando tanto ejemplo para abrir el paraguas, ok. Después me llegan un montón de mails de gente que últimamente se hizo lectora de este diario (uno conoce bien, después de veinte años, a los lectores del medio en el que trabaja). Desde hace unos meses me bombardean a mails que me insultan o me acusan de no ser pluralista, de tener prejuicios ¡de clase! contra Macri, de odiar a los ricos y de evidenciar ciertas faltas privadas o la pobre ejecución de esas prácticas sexuales que presuntamente hacen dóciles y pro a las mujeres. Por suerte no es el caso.
A mí me encanta Cariló. Vengo desde hace más de una docena de años, porque cuando vine por primera vez una herida profunda que tenía se curó. Y quedó el lazo con el bosque, aunque es una estupidez decir que uno viene a Cariló por el bosque. Nadie viene a Cariló por el bosque. El bosque es magnífico, pero no deja ni por un centímetro de ser el marco perfecto para ser salpicado por casas que muchas veces son deliciosas, pero también por otras que lo único que hacen, con sus volúmenes y sus diseños dinastíacos, es gritar que ahí hay alguien que la supo hacer. No, no, uno no viene por el bosque. Los habitués que graduamos nuestras estadías de acuerdo con cómo nos haya ido puntualmente cada año venimos a descansar sobre nuestro costado más burgués.
Los progres, por identificarlos pronto, que venimos a Cariló, nos pasamos todo el año intentando aplastar esa parte nuestra. Es necesario aplastarla porque, al menos a mi entender, es la parte que no nos permitiría sostener algunas ideas fuerza que no tienen nada que ver con nuestros intereses individuales. Pero la gente no nace de un repollo, ni alcanza con explicar qué tipo de hombre puso la semillita en qué tipo de mujer para traernos al mundo. Caray, tanta parrafada para decir que veraneo en Cariló porque el bosque está bueno, pero además me provocan descanso las playas limpias, el silencio, la prolijidad, lo que se ve se mire hacia donde se mire. Todo es lindo. Perdón, perdón, no puedo evitarlo. Lo lindo me atrae.
Además estar en Cariló permite, en un día nublado, estar sentado con una computadora en un bar, con una enorme mesa a lado, ocupada por dos de esas tremendas familias numerosas que hay por aquí. A Cariló parecen venir todas las mujeres iguales o parecidas a Maru Botana. Todas tienen pilas de hijos, son rubias, manejan camionetas importadas, dan marcha atrás sin mirar si vienen peatones, tienen dientes superblancos, les dan delicadas pero firmes órdenes a las mucamas o niñeras que van con ellas a todas partes, y han perdido entre sus sucesivas maternidades alguna chispa que les encendería un poco más las caras.
Decía que en la mesa de al lado los padres y las madres estaban enfrascados en una conversación y algunos de los niños, en otra. Los de la punta, que estaban justo dentro de mi campo auditivo, tenían entre 6 y 8 años y eran compañeros de colegio.

Primero hablaron sobre algo deportivo que no llegué a escuchar y no me importaba. Después empezaron a preguntarse por otros compañeros. Ema está en Punta del Este con los abuelos, el Alemán manda mails desde Nueva York (sus padres están separados; se fue a Nueva York con el padre; un capo, el padre), Nico llega mañana. Y Manu... Pobre Manu, se tuvo que quedar en Buenos Aires. Se armó un kilombo terrible en la familia de Manu, porque al padre lo acusaron por estafa. Dijo uno, y ahhh, dijo el otro.

Después de un silencio tan corto que no sé si podría llamarse silencio o más bien pausa obligada para tragar y respirar, volvieron brevemente sobre el tema deportivo, como si lo último que dijo uno perturbara al otro. El otro, entonces, volvió rápidamente sobre el tema del que se había escapado. Quién sabe por qué. Eso es lo que tienen los chicos de todas las clases sociales: tratan de entender. “¿Qué es estafa?”, preguntó de pronto. “Es como robar, pero con empleados, oficinas, con todo legal.” Ahhh, dijo el más chico. Después volvieron otra vez al deporte.

Más allá de los encantadores bares del centro, el bosque seguía y sigue siendo magnífico. El problema en esta playa tan encantadora son las ideas que caen como paracaídas obscenos, disparados a veces por ricachones pintorescos y a veces por niños de 6 o 7 años. Todos son lindos y tendrán todas las oportunidades. No se los puede culpar por ello. Como no se puede juzgar a un nene de Lugano por haber nacido en Lugano. Tienen 6 o 7 años y ya se podría hacer un trazado tentativo de las vidas que tendrán estos chicos, y sus contemporáneos que no están aquí y que tal vez ni pronunciaron nunca la palabra vacaciones.

Esta nota no tiene por objeto señalar la evidencia tan obvia de que hay chicos ricos y chicos pobres, ni que todos los chicos deberían tener las mismas oportunidades, como marca la Constitución argentina y la Convención de los Derechos del Niño. Estos de Cariló no eran los remanidos niños ricos que tienen tristeza, esa figura tarada que forma parte del legado discursivo de Carlos Menem.
Pero me quedé pensando si esos chicos que tomaban su licuado en un bar de Cariló no tendrían también derecho a saber, ya a su edad, qué significa realmente la palabra estafa.
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miércoles, 9 de enero de 2008

Una epidemia de accidentes viales

Una epidemia de accidentes viales

La principal causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 19 años no pasa por el sida ni el cáncer ni cualquier otra enfermedad, sino por los accidentes de tránsito. En efecto, según el director del Departamento de Prevención de Heridas y Violencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los accidentes de tránsito matan en el mundo a 1,2 millones de personas cada año y 400.000 son jóvenes menores de 25 años.



Por desgracia, la Argentina no es ajena a esta epidemia mundial, sino todo lo contrario. Según un relevamiento de la organización no gubernamental Luchemos por la Vida, el año último volvió a ser récord por este motivo -más de 8000 personas perdieron así la vida-, a pesar de que oficialmente se lo anunció como "el año de la seguridad vial".



El nuevo año no comenzó de mejor manera. Basta recordar el trágico accidente ocurrido en la madrugada de anteayer en Arrecifes, que provocó cuatro muertos y veinte heridos.



De acuerdo con recientes estadísticas del Instituto de Seguridad y Educación Vial (ISEV), la tasa de mortalidad en accidentes de tránsito aumentó a 28,5 cada 100.000 habitantes, lo cual representa un aumento sustancial si se tiene en cuenta que durante 2006 el índice había sido de 26,2. La tasa de mortalidad de la Argentina es la segunda más alta de América latina, sólo superada por México (28,9) y muy lejos de Venezuela (19,3), Brasil (18,5), Uruguay (17,2) y Chile (13,1). En realidad, todos los índices que divulgó el ISEV alarman si se compara 2007 con el año anterior. El de mortalidad subió el 10 por ciento; el de cantidad de lesionados graves, el 15,3 por ciento, y el de siniestros graves, el 21,4 por ciento.



Por su parte, Luchemos por la Vida, a partir de las estadísticas oficiales, lleva un recuento de la cantidad de muertos. Si bien son cifras provisorias, no dejan de ser espeluznantes, ya que, según los cálculos de la ONG, la cifra de 8014 personas fallecidas en 2007 implica un promedio de unas 668 víctimas por mes y un promedio de 22 muertes por día. Comparado con el año anterior, hubo 547 muertes más.



El 60 por ciento de los accidentes ocurre en la provincia de Buenos Aires, con 3134 muertos; la siguen Santa Fe, con 707; Córdoba, con 598, y Mendoza, con 423.



Los accidentes de tránsito tienen distintas causas. Los expertos afirman que cerca del 90 por ciento de éstos se producen por fallas humanas del conductor y señalan la imprudencia al conducir como la causa principal; a continuación están el exceso de velocidad, la ingesta de alcohol y otras drogas, y, finalmente, las deficiencias en las calles y rutas, y las fallas mecánicas de los vehículos.



Sin embargo, el fenómeno responde también a causas más profundas: una patológica actitud suicida en los conductores; características culturales; la deficiente planificación urbana, y el escaso mantenimiento de la infraestructura vial. Entre los rasgos culturales que son causales de accidentes de tránsito están la falta de conciencia vial, el manejo descuidado y la habitual falta de respeto hacia las normas de tránsito. Para el director del ISEV, Eduardo Bertotti, "nuestras autoridades crearon nuevas normas cuando el problema es que no se cumplen ni se controlan las vigentes. Para acabar con este flagelo hace falta una verdadera voluntad política. Se debe encarar la seguridad vial como política de Estado".



Las muertes y las lesiones a consecuencia de los accidentes de tránsito son absolutamente evitables. La experiencia de otros países y la opinión de los expertos indican que el problema debe ser enfrentado con diversas medidas necesariamente integradas, producto de una formulación previa de objetivos y políticas globales en torno del tema. Así, se requieren políticas orientadas a la educación de los automovilistas y choferes en general; al aumento de las exigencias en el momento de conceder las licencias de conducir; a incrementar la cantidad de multas para los conductores y peatones que violan las señales de tránsito, y a los registros con puntaje.



Si es necesario, se podría recurrir a la experiencia de otros países que, con conductas parecidas a las nuestras, han logrado, como España, bajar sus índices de accidentes de tránsito.



Es de destacar que el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, haya decidido prorrogar la emergencia vial en su provincia por seis meses porque "aún subsisten las circunstancias fácticas" que llevaron a su antecesor, Felipe Solá, a decretarla en enero de 2007. Como se recordará, se puede disponer, entre otras medidas, el arresto de los conductores que conduzcan alcoholizados o bajo los efectos de drogas, corran picadas, crucen una barrera sin derecho de paso o crucen tres veces con luz roja.


Es de desear que 2008 sea un año en el cual los argentinos empecemos a atacar esta enfermedad colectiva de raíz. La situación requiere acciones inmediatas, pues cada día que pasa hay más víctimas y pérdidas que lamentar.

martes, 4 de diciembre de 2007

La voz del amo (José Pablo Feinmann)


Se sabe: el Prólogo que Sartre escribió para el libro de Fanon es infinito. Lo es sin duda para los que asumimos que la Historia no deja de remitirse a él, de convocarlo. Sucede algo y nos encontramos diciendo: “Esto ya lo decía Sartre en el Prólogo a los condenados de la tierra”. Si tocamos el tema del sujeto: Sartre lo saca de Europa y lo pone entre negros, en Argelia. Era, Europa, el sujeto, ahora es el objeto. El sujeto es la descolonización. Si polemizamos sobre la violencia, ahí, otra vez, está el texto de Sartre, violento de cabo a rabo; violento en su expresividad lingüística y conceptual. Violento en su desbordada genialidad. Violento en su desmesura, en el constante acto de excederse a sí mismo. Violento en sus postulaciones concretas. Se conocen:
“Hay que matar”. O también: cuando el colonizado mata al colono nace un hombre libre y queda un hombre muerto. No esperábamos –sin embargo– lo que acaba de suceder. De aquí nuestro asombro, nuestra perpleja pero precisa verificación de la siempre renovada actualidad de ese Prólogo. Acaba de llevarlo a primer plano el rey Juan Carlos de Borbón.
No vamos a extendernos sobre la importancia del lenguaje en los últimos cincuenta años de la filosofía. Para Wittgenstein el mundo y el lenguaje son coextensivos. Sólo es relevante aquello que se encuadra en la lógica de las palabras. Escribe: “Los hechos en el espacio lógico son el mundo” (Tractatus Logico-philosophicus, 1.13). Y luego: “A los objetos sólo puedo nombrarlos. Los signos hacen las veces de ellos (...) Una proposición sólo puede decir cómo es una cosa, no lo que es” (3.221). Toda proposición que intente decir qué es una cosa es una proposición metafísica. No puedo decir qué es una cosa. No hay cosas, hay signos. De aquí la célebre fórmula final del Tractatus: “De lo que no se puede hablar hay que callar”. Heidegger –desde una posición diferenciada pero no menos firme en la aseveración de la primacía del lenguaje– hablará del lenguaje como morada del Ser. Lacan dirá que el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Sólo estoy señalando algunos célebres ejemplos. Miles, miles de páginas se han escrito partiendo de estos postulados. A este giro de la filosofía se le ha puesto un nombre: giro lingüístico. Cuando Michel Foucault propone, en Las palabras y las cosas, la “muerte del hombre” es para reemplazarlo por la trama histórica posestructuralista, cuya vertiente más señaladamente semiológica (la que hunde sus raíces en Ferdinand de Saussure) lo reemplaza, sin más, por el lenguaje. Si el “lenguaje”, en estas corrientes de la filosofía, tiene la potencia de ponerse en el lugar del “hombre” de la modernidad, mucha habrá de ser su centralidad, su importancia, y acaso su posesión. De aquí que Sartre empiece su Prólogo diciendo: “No hace mucho tiempo, la Tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado”. ¿Qué es el Verbo? Digamos dos o tres sinónimos: palabra, voz, lengua. El Verbo (no en vano Sartre elige esta palabra) es el célebre logos de los griegos. Sería interminable extendernos sobre el concepto. Sólo bastará señalar que logos es palabra o concepto o discurso o razón. En latín, verbo es verbum. Quienes fueron jovencitos estudiantes de filosofía durante los tempranos años sesenta recordarán –como yo recuerdo– que había ahí, en la calle Viamonte, dos librerías: Verbum y Galatea. Verbum era un nombre formidable para una librería que mostraba en su vidriera libros de Platón, Descartes, Kant o Husserl. O la Diana de Montemayor. O el Persiles de Cervantes. En mi Diccionario de griego no bien llega uno a la palabra logos (que significa, ante todo, “palabra”) lo atrapa el vértigo: hay tres columnas a partir de ahí y las complejidades no parecen terminar. No en vano el Verbo era propiedad de los europeos. El Verbo en tanto razón, en tanto palabra. Hablar es disponer del Verbo. El escándalo es que a partir de la descolonización los colonizados se han apropiado del Verbo. Ya no lo toman prestado. Lo usan, y lo usan contra los colonizadores. Son capaces de decir cosas terribles. Por ejemplo: “Entre colonizador y colonizado sólo hay lugar para el trabajo forzoso, para la intimidación, para la presión, para la policía, para el tributo, para el robo, para la violación, para la cultura impuesta, para el desprecio, para la desconfianza, para la morgue” (Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Akal, 2006, p. 20). Es Aimé Césaire el que acaba de usar el verbo. Césaire, poeta y dramaturgo negro, que nació, como Fanon, en Martinica. Qué cosas tan incómodas ha dicho. ¿Cómo se atreve? ¿Cómo se atreve a usar contra el colonizador el Verbo que éste le ha prestado? Si se han hecho hombres por nosotros, si se han integrado a la Historia porque cierta vez los invadimos, les dimos un Dios, matamos a los inútiles y los rebeldes, les quitamos sus riquezas y les dimos la Razón, el Progreso, la Civilización. ¿Por qué usan contra nosotros una palabra que nosotros les dimos? ¿Por qué no se callan?
Un rey, durante estos días, perdió los estribos durante una Cumbre Iberoamericana que se realizó en Chile. Tenía ante sí a un presidente latinoamericano, oscurito para colmo, con rasgos de indígena y que hace un uso brillante del Verbo. El rey, se sabe, es el anacrónico Juan Carlos de España. El presidente latinoamericano es el polémico Hugo Chávez. Aquí no voy a referirme a ninguno de los dos. Del rey ya he dicho que es un anacronismo. Todo monarca, sea inglés, sea holandés o sea español, es un anacronismo escandaloso en el siglo XXI. De Chávez hablaremos en otra oportunidad. Pero hay que decir que en cuanto al Verbo, en cuanto a la palabra, Chávez lo maneja infinitamente mejor que el rey. Quien sólo fue capaz de una rabieta inadecuada, de una ira de monarca en tierra de salvajes: “¿Por qué no te callas?”, célebremente ya le dijo a Chávez. Toda la historia del colonialismo late en esa frase. Basta de usar el Verbo, tú, hijo de indígenas, descendiente de esclavos. Es un rey europeo el que te lo ordena. Un descendiente de colonizadores, de osados aventureros que os han descubierto para la Historia, de una civilización que ha puesto el Verbo en tu bocaza insolente. Chávez es un orador brillante. Podemos creerle o no. Pero el monarca que pretendió hacerlo callar sólo es un ente arqueológico, aturdido, un rescoldo de tiempos ásperos y viejos que sólo sabe dar órdenes a quienes considera naturalmente (y por tradición) inferiores a él. Qué sorpresa, sin embargo, majestad. Ahí, frente a usted, un indígena levantisco usa el Verbo en su contra, él, a quienes ustedes se lo entregaron como gracia de Dios, lo usa mejor que ustedes y los saca de las casillas, los arroja a la indignidad de los malos modales, lo transforma, a usted, majestad, en un rey que pierde los estribos ante un vasallo que le moja la oreja, qué deshonor, qué vergüenza ante la historia, ante su linaje, debiera usted, acaso, pensarlo bien y luego, elegantemente, abdicar.
En su última contratapa, la revista Barcelona exhibe una foto del rey Juan Carlos de Borbón, de su esposa, Sofía, y, junto a ellos, hay un genocida, el general Jorge Rafael Videla. El rey español y su mujer lo visitaron, lo respaldaron con su presencia y no le dijeron que se callara. Tal vez porque Videla hablaba poco, tal vez por otros motivos. Como fuere, le entregaron el prestigio de una monarquía europea, fortaleciéndolo. Los que hacen Barcelona publican la foto y una frase: ¿Por qué te callaste? La frase está dirigida al rey Juan Carlos. Si ahora ordená callar a Chávez, ¿por qué él se calló ante Videla?
No hay más nada que agregar.

lunes, 26 de noviembre de 2007

¿Por qué no te callas?

“¿Por qué no te callas?” o la colonialidad del poder

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Por Boaventura de Sousa Santos *

“¿Por qué no te callas?” Esta frase, pronunciada por el rey de España dirigiéndose al presidente Hugo Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Chile el pasado 10 de noviembre, corre el riesgo de quedar en la historia de las relaciones internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por saldar entre las potencias ex colonizadoras y sus ex colonias. De hecho, nadie se imagina a un jefe de Estado europeo dirigiéndose públicamente en esos términos a un par europeo, cualesquiera fuesen las razones del primero para reaccionar ante las consideraciones del último. Como cualquier frase que interviene en el presente a partir de una larga historia no resuelta, esta frase es reveladora en diferentes niveles.

En primer lugar, revela la dualidad de criterios para evaluar qué es o no democrático. Está documentado el involucramiento del primer ministro de España de entonces, José María Aznar, en el golpe de Estado que en 2002 intentó derrocar a un presidente democráticamente electo, Hugo Chávez. Como a esa altura España presidía la Unión Europea, esta última no puede siquiera clamar su total inocencia. Para Chávez, al actuar de esta forma, Aznar se comportó como un fascista. Podría llegar hasta a cuestionarse la adecuación de este epíteto. Pero, ¿no hay tantas razones para defender las credenciales democráticas de Aznar, como hizo patéticamente Zapatero, como para denunciar el carácter antidemocrático de su injerencia? ¿Se haría lugar a la misma vehemente defensa si un presidente electo de un país europeo colaborase en un golpe de Estado para deponer a otro presidente europeo electo?

La dualidad de criterios tiene aún otra vertiente: la valoración de los factores externos que interfieren en el desarrollo de los países. En los primeros discursos de la Cumbre, Zapatero criticó a aquellos que invocan factores externos para encubrir su incapacidad para desarrollar a los países. Era una alusión a Chávez y su crítica al imperialismo norteamericano. Pueden criticarse los excesos de lenguaje de Chávez, pero no es posible hacer esta afirmación en Chile sin tener presente que allí, hace 34 años, un presidente democráticamente electo, Salvador Allende, fue depuesto y asesinado por un golpe de Estado orquestado por la CIA y Henry Kissinger. Tampoco es posible hacerlo sin tener presente que actualmente la CIA tiene en curso las mismas tácticas usando el mismo tipo de organizaciones de la “sociedad civil” para desestabilizar a la democracia venezolana.

Tanto Zapatero como el rey quedaron particularmente irritados por las críticas a las empresas multinacionales españolas (búsqueda desenfrenada de lucro e interferencia en la vida política de los países), realizadas en diferentes tonos por los presidentes de Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina. Es decir, los presidentes legítimos de las ex colonias fueron mandados a callar pero, de hecho, no se callaron. Esta negación significa que estamos por entrar en un nuevo período histórico, un período poscolonial, teorizado, entre otros, por José Martí, Gandhi, Franz Fanon y Amílcar Cabral, y cuyas primicias políticas se deben a grandes líderes africanos como Kwame Nkrumah. Será un período duradero que se caracterizará por una fuerte afirmación de los países que se liberaron del colonialismo europeo en la vida internacional y se basará en la recusación de las dominaciones neocoloniales que han persistido más allá del final del período colonial. Esto explica por qué la frase del rey de España, destinada a aislar a Chávez, fue un tiro que salió por la culata. Por la misma razón se explican los sucesivos fracasos de la Unión Europea de aislar a Roberto Mugabe.

Pero, “¿por qué no te callas?” es todavía reveladora a otros niveles. Destaco tres. Primero, la desorientación de la izquierda europea, simbolizada por la indignación hueca de Zapatero, incapaz de darle cualquier uso creíble a la palabra “socialismo” e intentando desacreditar a aquellos que lo hacen. Puede cuestionarse al “socialismo del siglo XXI” –yo mismo tengo reservas y preocupaciones en relación con algunos desarrollos recientes en Venezuela–, pero la izquierda europea deberá tener la humildad para reaprender, con la ayuda de las izquierdas latinoamericanas, a pensar futuros poscapitalistas. Segundo, la frase espontánea del rey de España, seguida del acto insolente de abandonar la sala, mostró que la monarquía española pertenece más al pasado de España que a su futuro. Si, como escribió el editorialista de El País, el rey desempeñó su papel, es precisamente este papel el que más y más españoles ponen en cuestión, al abogar por el fin de la monarquía, en definitiva una herencia impuesta por el franquismo. Tercero, ¿dónde estuvieron Portugal y Brasil en esta Cumbre? Al mandar a callar a Chávez, el rey habló en familia. ¿Brasil y Portugal son parte de ella?

* Doctor en Sociología del Derecho (Universidad de Yale), catedrático de la Universidad de Coimbra (Portugal).

lunes, 12 de noviembre de 2007

Izquierda Unida condena palabras del Rey Juan Carlos a Hugo Chavez

"Alguien debería decirle al Rey que ya no existen vasallos en América Latina"

El responsable de Relaciones Internacionales de Izquierda Unida de España, Willy Meyer, criticó la actitud de su monarca contra el presidente venezolano Hugo Chávez en la mesa de presidentes electos de España y América Latina. Paralelamente, el líder de la coalición ibérica de izquierdas, Gaspar Llamazares, sostuvo que "lo que hace Chávez es decir la verdad".


El responsable de Relaciones Internacionales de IU, Willy Meyer, criticó hoy la reacción del Rey al mandar callar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, el sábado en la Cumbre Iberoamericana, y afirmó que si el Monarca en España "no puede mandar callar a un presidente, tampoco puede hacerlo fuera".
Meyer, precisó que la Constitución española impide que el Rey "mande callar no sólo al presidente del Gobierno, sino tampoco puede hacerlo con un presidente autonómico o con un alcalde", y ha añadido que "lo que no puede hacer aquí, tampoco debe hacerlo en ningún foro internacional con presidentes elegidos democráticamente".
"Alguien debería decirle al Rey que ya no existen vasallos en América Latina de la Corona del Reino de España", subrayó el eurodiputado de IU, quien ha recordado que la descolonización "terminó y ahora los presidentes y jefes de estado son todos elegidos democráticamente".
Por este motivo, condenó la actitud de Don Juan Carlos al considerar que "nos recuerda a los siglos XV y XVI, y estamos en el siglo XXI".
Meyer señaló la necesidad de que el Ministerio de Asuntos Exteriores "aclare" la denuncia que hizo el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, sobre la posición que mantuvo la Embajada de España en las pasadas elecciones presidenciales de su país, con la que -según Meyer- "tomó partido por la oposición al Frente Sandinista".
De esta manera "se violó claramente la neutralidad que deben de mantener las embajadas en los procesos electorales".
Según el responsable de Relaciones Internacionales de IU, Ortega unió la actitud de España "al papel que determinadas empresas españolas han jugado en el ultimo periodo".
Estos dos incidentes, afirmó Willy Meyer, son "un contratiempo muy fuerte para hacer ver a los pueblos de América Latina que España y Europa no quieren jugar un rol imperial como lo hace EEUU".
En su opinión, la actitud "avasalladora" del Rey ayer al cierre de la Cumbre Iberoamericana "echa por tierra el trabajo sistemático que se ha intentado llevar adelante para hacer ver que Europa no quiere jugar ese rol imperial".
Respecto al calificativo de "fascista" dado por Chávez al ex presidente Aznar, Meyer consideró que "adjetivar en política no es insultar", y ha añadido que "gustará o no, pero no se puede mandar callar a nadie y menos cuando, además, las razones de fondo de Chávez eran ciertas, ya que Aznar apoyó claramente, junto con EEUU, el golpe contra el mandatario venezolano".
Por otro lado, el líder de IU, Gaspar Llamazares, también salió el domingo en defensa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al considerar justificadas sus críticas a José María Aznar, al tiempo que calificó de "institucional" el gesto del Rey al reprender al dirigente venezolano.
Llamazares admitió que "puede discutirse la oportunidad de las formas", pero ha subrayado que "lo que no es discutible es lo dicho por Chávez sobre la implicación y el apoyo" del Gobierno de José María Aznar a la intentona de derrocarlo en 2002.
Para el coordinador general de IU, "lo que hace Chávez es decir la verdad", y que "a estas alturas alguien se escandalice" por censurar aquella maniobra "es, cuando menos, hipócrita".
"Aznar, lejos de rectificar y pedir perdón, como en el caso de Irak, lo que hace en cada oportunidad que tiene es dar caña al Gobierno de Venezuela democráticamente elegido".
Llamazares ha considerado que la reacción del Rey al espetar a Chávez "¿por qué no te callas¡" es "un gesto de carácter institucional" para defender a un ex jefe del Ejecutivo.
También definió del mismo modo la respuesta del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, exigiendo al dirigente venezolano que trate con respeto a Aznar.
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