viernes, 5 de junio de 2015
domingo, 24 de mayo de 2015
Cuestiones de método en Suramérica (Por José Pablo Feinmann)
El concepto que late en el horizonte de la lucha
contrahegemónica en suramérica es el de unidad. Este concepto –cuyo
origen se le atribuye a Bolívar, que quería conducirlo– tiene, a su vez,
que ser aclarado. La unidad de Suramérica es una totalidad en
permanente destotalización. O, si se prefiere, una unidad que se
decontruye una y otra vez para construirse de nuevo. Es la unidad de una
diferencia, que se estableció en el siglo XIX bajo las oligarquías
nativas y el imperio británico, a la que se llamó balcanización. Pero la
balcanización de América latina deberá estar (hoy) al servicio de su
unidad, deberá expresar la identidad de cada país, su diferencia con los
otros y, superándola, la necesariedad de superar la diferencia en busca
de una unidad contraimperial, contracolonialista. Somos Occidente, pero
al modo de sus víctimas. Somos Occidente, pero al modo de la
subalternidad. Somos Occidente, pero somos su periferia. Somos
Occidente, pero (y he aquí nuestro breve homenaje al fallecido Galeano)
somos sus venas abiertas, sangrantes, nutritivas y finalmente secas, o
siempre secándose en beneficio del poder hegemónico. Somos libres, pero
al modo que el imperio siempre lo ha querido: no en tanto colonias, sino
neocolonias. Nuestra situación sigue siendo –no poscolonial, como si
hubiéramos dejado por completo atrás esa situación– sino neocolonial.
(Nota: Este concepto –el del pacto neocolonial– tuvo su respaldo
académico cuando Tulio Halperin Donghi lo incluyó en su Historia de
América Latina. Hasta ahí se manejaba el de semicolonia que Jorge
Abelardo Ramos desarrollara en Historia de la Nación Latinoamericana,
libro mejor escrito y más entretenido que el de Tulio, pero sin su
prestigio académico. Tulio escribía desde la academia norteamericana y
el Colorado Ramos desde Corrientes y Talcahuano, a lo Viñas.)
¿Qué es una neocolonia? En el Parlamento británico, durante el siglo
XIX, un brillante hombre del imperio, Richard Cobden, dijo que había
que abandonar el burdo colonialismo. Que era necesario cederles su
orgullo a las colonias. Que debían ser libres, tener escudo, bandera e
himno nacional. Ejércitos, autoridades propias, sostener sus ideas
religiosas, todo eso debían tener. Todo eso les permitiría el imperio
sin incomodarse al solo costo de que comerciaran mayoritariamente con
él. Sean libres, si así lo quieren. Pero permítannos ayudarlos. Les
extraeremos el petróleo, les compraremos todo el azúcar, el algodón, el
trigo y las vacas. No se gasten en tener industrias. Son muy caras y
estamos nosotros para entregarles lo que necesiten. Vivan de la riqueza
de sus suelos generosos. Sean el granero del mundo. Nosotros seremos el
taller.
Esta situación –que ha sido analizada y todos conocen– echa por
tierra el concepto “poscolonial” con el que los profesores
“poscoloniales” de la academia norteamericana –basándose en Foucault,
Deleuze, Lacan y Derrida– se han hecho un destacado lugar en esos
claustros, que han generado la tersa teoría del “multiculturalismo”.
(Concepto que rechazamos y ya explicaremos por qué.)
Pero, en tanto, la teoría neocolonial señala una carencia, un
desajuste, sólo la modificación de un escenario colonialista, pero nunca
su superación, nunca el surgimiento de una nueva hegemonía conquistada
por medio de una praxis contrahegemónica, la teoría poscolonial da por
resuelto un problema que subiste. La “libertad” de las colonias, su
poscolonialidad, no ha resuelto el problema colonial, que continúa pero
por otros medios.
Los territorios de América del Sur no han hecho ninguna revolución.
No estará mal revisitar estos temas hermenéuticos durante estos días de
mayo. Sé que muchos colegas, personas a las que respeto, buscan un
surgimiento glorioso para nuestro país. Sé que se enojan cuando planteo
estas tesis sobre las acciones de mayo y las siguientes. Sin embargo, mi
interpretación no disminuye el coraje de aquellos hombres de los
principios de los países del sur. No me importa discutir si San Martín
fue un agente inglés. Si Moreno quería (nada menos y nada más) que
liberar a Suramérica del poder español y entrar en la modernidad
capitalista. No dudo que en la Conferencia de Guayaquil San Martín se
retiró por muchos motivos. Entre ellos, y acaso el principal, porque no
compartía el proyecto bolivariano de la unidad de América latina. Había
venido para liberar al continente del perimido dominio español. Esa fue
su lucha. Esa fue su gloriosa campaña libertadora. Que fue gloriosa y
que liberó, sin duda, a los países de Suramérica del arcaísmo hispánico.
La Generación del ’37 lo sigue en este punto. San Martín es uno de los
hombres más puros de nuestra América. (Con Antonio José de Sucre.) Vino a
luchar contra el poder español. Triunfó y le cedió el paso al ambicioso
Bolívar, que buscaba unir al continente bajo una dictadura nacional que
él encarnaría. Cuando, en 1829, regresa al país y se entera de la
sedición contra Dorrego, recibe las visitas de Rivadavia y Lavalle, de a
uno por vez. Le ofrecen el comando del Ejército Libertador, que, bajo
el mando de Lavalle, ha derrotado y fusilado a Dorrego. San Martín se
niega. Precisamente dicho: se niega a ser Lavalle, ya que Lavalle fue lo
que San Martín se negó a ser. Transformó, ensuciándolo, al Ejército
Libertador en policía interna, algo que trazaría un destino indigno para
el Ejército Argentino recién recuperado durante los primeros años del
siglo XXI. Fue larga la sombra de Lavalle, que llega a su punto máximo
con Videla.
San Martín, ya desde su exilio europeo, pondera la acción de Rosas
y, según se sabe, le cede, en su testamento, el sable que lo acompañó en
las guerras de la Independencia. Apoyaba las luchas de soberanía y
liberación, no las internas. Rosas es y será siempre un núcleo
conceptual sobredeterminado para los que buscan pensar la historia
argentina. ¿No sabía San Martín que engalanaba con su sable a un
restaurador de las tradiciones hispánicas? ¿No sabía que ese restaurador
(¿qué restaurador no es un reaccionario?) rechazaba a las fuerzas de la
modernidad capitalista que apoyaban sus enemigos, los cultos liberales,
los que habían leído a Rousseau, a Victor Cousin, a Savigny? Lo sabía,
pero siempre estuvo antes con la defensa de la soberanía territorial que
con los imperios que buscaban someterla en nombre de las luces, de la
razón, del progreso. También Alberdi apoyó a Rosas.
Si buscamos los núcleos axiales de una historia (la nuestra) que
persiguió su identidad a través de sus empeños contrahegemónicos, de su
búsqueda de un espacio de libertad, de sus escasos, pero importantes y
despiadadamente reprimidos, intentos de una praxis de emancipación, esa
batalla, la de la Vuelta de Obligado, entrega uno de los momentos más
elevados de toda lucha anticolonialista. De aquí el entusiasmo de San
Martín.
No se trata de incurrir en un rosismo a destiempo. Rosas fue la gran
figura de los primeros revisionistas (los del ’30), pues requerían del
pasado una gran figura nacionalista para fortificar al caudillo que
apoyaban en el presente, Uriburu. Nadie mejor que Rosas para eso. Y
Carlos Ibarguren, en su biografía del gaucho de Los Cerrillos, hizo con
brillo la tarea. Sin embargo, el Rosas de la Vuelta de Obligado va más
allá de su derechización en manos de los revisionistas tempranos,
iniciáticos. Es el jefe de una gran lucha contrahegemónica. No podía
ignorar que iba a perder esa batalla en el campo de las armas. Igual la
dio. Igual, en desventaja, ofreció pelea. Las dos flotas unidas de las
más grandes potencias de Europa no la sacaron gratis. Rompieron las
cadenas del río, pasaron, pero tuvieron que volver pronto. Muchos buques
estaban averiados y las mercaderías a comercializar deterioradas.
Nosotros, hoy, que hemos buscado nuclear una fuerza
contrahegemónica, una praxis libre, una conciencia crítica, también
estamos en inferioridad de condiciones. Vemos que la política se hunde
en las ciénagas de la banalidad. Que las subjetividades están
colonizadas por el poder mediático. Pero tal vez aún sea posible
arruinarles algunos negocios. Como Rosas. Pero sin esperar el sable de
San Martín, no. No podemos llevar a cabo una lucha contrahegemónica tan
importante como para merecer semejante premio. Todavía.
lunes, 4 de mayo de 2015
Roca y los Mapuches (Por Julio Rajneri)
En 1952 el historiador inglés Arnold Toynbee sorprendió al mundo intelectual con su libro "El mundo y el occidente", una reflexión poco condescendiente sobre la agresión de los países europeos al resto del mundo. Rusia, el Islam, China, India, fueron a su turno, repitiendo la tradición de los dos primeros agresores de occidente, los griegos y los romanos, de quien dijo uno de sus vencidos: "Convierten en desierto y le llaman paz".
Aunque la conquista de América se inscribe en ese mundo de expansión de las potencias europeas, el nuevo mundo era considerado, como Australia y Nueva Zelanda, uno de los últimos espacios vacíos existentes. Sin embargo, su conducta con la relativamente escasa población, fue tal vez mucho más cruel y despiadada, matizada con nobles esfuerzos, generalmente estériles, por atenuarla. Para decirlo con las palabras de los historiadores norteamericanos Morison y Commager, al analizar su propia experiencia en aquel hemisferio: "…la historia de una guerra bárbara, intermitente, de promesas y pactos rotos, de odio y de egoísmo, de corrupción y mala administración, de alternativas de agresión y vacilación por parte de los blancos, de defensa heroica, desesperación, ciega barbarie y derrota fatal, por los indios" .
En la América española, la virtual conversión de los vencidos a la esclavitud motivó la protesta de algunos frailes, entre ellos Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria, Luis de Valdivia y Gil de San Nicolás entre otros, que consiguieron que la corona española dictara normas que pretendieron humanizar la relación con los indígenas vencidos, por cierto que con poco éxito.
Los soldados hispanos, triunfantes ante las grandes civilizaciones aztecas, mayas y quichuas, encontraron sin embargo dificultades insalvables con los aparentemente menos refinados pero más belicosos mapuches, con quienes debieron convivir durante tres siglos sin encontrar modo de evitar los malones y las no menos crueles represalias.
Después del desastre de Tucapel en 1553 y Curalaba en 1598 y la subsiguiente rebelión de los mapuches, no quedó un solo asentamiento español al sur del Bío Bío, y España trató a los mapuches de estado a estado. Todos los acuerdos posteriores, las paces de Quilín (1641) y los parlamentos de Negrete (1793 y 1803) reconocieron esa frontera que perduró hasta 1881, en que las victoriosas tropas chilenas en la Guerra del Pacífico resuelven invadir el reducto de los que ellos denominaban araucanos.
No hubo cambios, como puede verse, entre la política de la corona española y la de sus sucesores argentinos y chilenos, que siempre consideraron como parte de su territorio las tierras ubicadas en el sur de Chile y la Argentina, como una inferencia legítima del Tratado de Tordesillas y la bula "inter caetera" del papa Alejandro VI.
No obstante, todos los intentos por correr la frontera hacia el sur fracasaron, hasta la primera expedición al desierto organizada y dirigida por Juan Manuel de Rosas en 1833. Rosas llegó hasta el río Negro y mantuvo las fronteras estables en esa protección natural, hasta su derrocamiento en Caseros, cuando las guarniciones militares de los fortines que la protegían, fueron retiradas para incorporarse al ejército derrotado por Justo José de Urquiza. A partir de 1852 y hasta la segunda expedición al desierto en 1878, las fronteras de la Argentina volvieron virtualmente al río Salado en la provincia de Buenos Aires y a los fortines que protegían a Mendoza, Córdoba, Santa Fe, San Luis y las provincias andinas del norte.
Esta situación se mantuvo inalterable hasta la segunda expedición comandada por Julio Argentino Roca, culminada también exitosamente, pero con resultados definitivos.
Las dos expediciones siguieron una estrategia similar. En realidad, explícitamente, el general Roca imitó en su planes militares lo realizado por Rosas: tres o más columnas en abanico para converger finalmente en la confluencia y convertir el río Negro en la nueva frontera.
El tratamiento con los indígenas, sin embargo, parece haber sido diferente. La conducta de Rosas con los indios tuvo un testigo inesperado: el científico inglés Charles Darwin, quien luego de desembarcar en Patagones y aprovechar que el Beagle debía tocar Bahía Blanca, decidió hacer el tramo por tierra.
Darwin estuvo conviviendo prácticamente con las tropas del ejército en la costa del Colorado, se entrevistó personalmente con Rosas y describió en sus memorias del viaje, la impresión que le produjo el contacto con los soldados y el tratamiento con los indios.
"…pocos días después vi otras tropas de estos soldados con facha de bandoleros, que partían en una expedición contra una tribu de indios de las pequeñas salinas, traicionados por un cacique prisionero. Los indios, hombres, mujeres y niños eran unos 110 y casi todos fueron prisioneros o muertos, porque los soldados acuchillaban a todos los varones. Los indios se hallaban tan aterrados que no ofrecían resistencia en masa, sino que cada uno huía como podía abandonando a sus mujeres e hijos…"
"...cuanto más repulsivo es el hecho indiscutible de matar a sangre fría a todas las mujeres que parecían tener más de veinte años…"
" Esto da una idea del inmenso territorio donde vagan los indios. Sin embargo, a pesar de su gran extensión, creo que en otros cincuenta años no quedará un solo indio salvaje al norte del río Negro", concluye Darwin.
En las instrucciones que Rosas le dio al coronel Pedro Ramos el 2 de octubre de 1833 con respecto al trato de los prisioneros indios le recomienda que "...quien luego que no haya nadie en el campo, lo puede ladear al monte y allí fusilarlos. Si después echasen de menos los indios a los otros prisioneros, puede decirles que habiéndose querido escapar y teniendo orden la guardia de que si los pillaran por escaparse, lo fusilasen, habían cumplido dicha orden".
El 9 de septiembre de 1834 los boroanos, pampas y ranqueles fueron engañados y masacrados en Masallé por Calfucurá y sus indígenas provenientes de Chile, aliados de Rosas, muriendo los caciques Rondeau, Melín, Venancio, Callvuquirque y Coñoepán, y muchos capitanes, adivinos y ancianos fueron degollados.
Los boroanos, con el cacique Railef al frente, volvieron en 1837 con refuerzos de Chile para vengarse y luego de diversas incursiones, llegando cerca de Bahía Blanca, se volvieron con gran cantidad de ganado y cautivos y se establecieron en la margen del río Agrio. Calfucurá, por orden de Rosas, se movió para cortar la retirada de los invasores y los atacó por sorpresa en Queutrecó, derrotándolos, matando a Railef y a 600 de sus guerreros y huyendo los sobrevivientes a Chile.
No hay evidencias de que se hayan producido actos de ferocidad semejantes, ni que haya habido instrucciones específicas similares por parte de Roca a sus comandantes o subordinados, aunque no se pueda descartar actos repudiables como el un tanto confuso episodio que provocó la captura del cacique pehuenche Purrán en 1880. En cambio, puede descartarse por inverosímil la hipótesis de la existencia de un campo de concentración en Valcheta, con alambrado de púas de tres metros y la muerte por inanición de los indios cautivos, al parecer un invento surgido de la nada. Ni siquiera es probable que ya se usara en Argentina el alambre de púas, patentado en Illinois en 1874.
Sí es cierto que los cautivos y sus familias fueron trasladados en forma compulsiva a diversos destinos, repartidos entre familias en Buenos Aires, o a los ingenios azucareros del norte. Fue una política deliberada, cuyos objetivos Roca explicó claramente en la carta a los gobernadores, que envió el 23 de noviembre de 1878, donde señala que "lo más conveniente es distribuir estos indios prisioneros, respetando la integridad de sus familias, centro hoy de las poblaciones rurales, donde sometidos al trabajo que regenera y a la vida y al ejemplo cotidiano de otras costumbres, que modificarán insensiblemente la propias, despojándoles hasta del lenguaje nativo como instrumento inútil, se obtendrá su transformación rápida y perpetua en elementos civilizados y fuerza productiva".
Esta política fue influenciada por el agregado militar en Washington, el oficial Malasin, enviado por Roca para estudiar las soluciones en aquel país, pero limitadas sus opciones en el nuestro, por el carácter nómade de las tribus aborígenes. En un país que hacinaba a los inmigrantes europeos, no es sorprendente que los indios recluidos inicialmente en Martín García, vivieran en condiciones paupérrimas, hasta ser enviados a sus nuevos destinos o distribuidos un tanto caóticamente entre familias de Buenos Aires.
Tampoco se produjeron durante la expedición militar acontecimientos que puedan catalogarse de pequeñas o grandes batallas. La columna central dirigida por Roca, de acuerdo con las constancias de la expedición, no tuvo prácticamente ninguna actividad militar, salvo la persecución de pequeños grupos nómadas que en dos o tres oportunidades encontraron en el camino, lo cual explica que los opositores a Roca trataran despectivamente a la expedición. Las cifras, evidentemente exageradas de las muertes y capturas de indígenas en la memoria enviada al Congreso, fue probablemente consecuencia de aquella circunstancia.
"Tampoco me afilio al sentimiento de los críticos que han disminuido post facto la importancia de la campaña del 79, menospreciando el número de los indios que hubo que dominar. Posiblemente ese número haya sido abultado por los partes oficiales en más de una ocasión y antes..." (Prólogo de Roberto Giusti al libro de Zeballos "Calfucurá y la dinastía de los piedra").
Uno de los autores críticos sobre la expedición, Carlos Martínez Sarasola, dice respecto de esta columna, la principal de Roca: "Un mes más tarde Roca volvió a Buenos Aires. A cargo de las fuerzas quedó el coronel Conrado Villegas. La primera división no había disparado un solo tiro".
Una segunda etapa de esta operación militar se realizó a partir de la asunción de Roca como presidente, al mando de Villegas, Winter y otros militares que formaron parte de la fuerza expedicionaria. Su misión fue completar la ocupación en lo que es hoy la provincia del Neuquén hasta llegar al lago Nahuel Huapi. Los datos referidos a las operaciones son más escasos y dudosos y los enfrentamientos suelen arrojan cifras de indígenas muertos de un solo dígito o dos.
La acción militar puede considerarse terminada con la rendición final del cacique Sayhueque en 1885. De todas maneras, cualquiera sea la veracidad de las cifras, los partes oficiales se refieren a los muertos como producto de acciones de guerra y no existen evidencias de que hayan sido asesinados después de su captura.
Los mapuches y la argentina
Los mapuches constituían en Chile virtualmente una nación, con población estable, rucas o casas y tierras cultivadas, divididos en grupos dirigidos por caciques que se unían para defender su territorio o realizar operaciones de ataque a los españoles o entre sí.
En cambio, las pampas argentinas estaban habitadas por pequeños grupos indígenas no mapuches. Se trataba de nómades, cazadores de guanacos, ñandúes y llamas. Los mapuches no tenían relación con la pampa y se circunscribían al lado chileno. Tampoco tenían relación con los habitantes de la cordillera, los pehuenches. Estos hablaban otro idioma y se relacionaban étnicamente con los tehuelches patagónicos.
Con la llegada de los españoles, muchas familias mapuches, buscando lugares más seguros para vivir se refugiaron en la cordillera, donde se relacionaron con los pehuenches. Estos fueron adoptando las costumbres y el idioma mapuche hasta ser "araucanizados" totalmente a fines del siglo XVI.
La enorme disponibilidad de ganado en las pampas bonaerenses, fue atrayendo a crecientes contingentes de mapuches, algunos de los cuales como los boroanos, se establecieron en las márgenes del Salado pampeano junto a los mapuchizados ranqueles o en las cercanías de Sierra de la Ventana y todos incursionaban para hacer grandes arreos de caballos y vacunos que pertenecían a estancieros argentinos y llevarlos a Chile para venderlos.
En los acuerdos de Negrete, entre la capitanía de Chile y los mapuches, se incluía el compromiso de los caciques chilenos a cesar en sus incursiones sobre Buenos Aires.
En 1830 Rosas acuerda con Calfucurá, de origen chileno, su ingreso al país con la esperanza de que le sirviera para pacificar a los ranqueles y otras tribus rebeldes. La alianza de Calfucurá con Rosas se mantuvo hasta Caseros, pero ya antes aquél se había convertido en el más poderoso cacique de las pampas, que trataba a las autoridades argentinas de potencia a potencia y que durante cuarenta años dominó una gran parte del actual territorio nacional.
Los malones nunca dejaron de producirse, aunque extinguida la alianza entre Calfucurá y Rosas, fueron más frecuentes después de Caseros. Para los argentinos eran acciones de robo y secuestros, para los mapuches eran excursiones de caza. Pero paulatinamente se transformaron en verdaderas acciones de guerra y rescatarlas del deliberado olvido es también reconocer el valor y la tenacidad de los guerreros indígenas, que con lanzas y boleadoras enfrentaban a tropas armadas con fusiles y cañones y a menudo las derrotaban.
En abril de 1855, Mitre quiere efectuar un golpe de mano sorpresivo sobre los indios en Sierra Chica, al sudeste de Bahía Blanca. El resultado fue un fracaso y el día 30 en las primeras horas de la noche Mitre emprende el regreso hacia Azul, marchando toda la columna a pie.
Fue también en ese año, en setiembre, que ocurrió la muerte en manos de los indios del comandante Nicolás Otamendi. Destacado para reprimir una incursión hecha en la estancia de San Antonio de Iraola, donde el cacique Yanquetruz había robado de seis a ocho mil cabezas de ganado. Otamendi estaqueó a un indio emisario de dicho cacique, por lo que los indios lo atacaron enfurecidos, obligándolo a defenderse con su tropa en un corral, donde fue muerto, sobreviviendo solamente dos de los ciento veintiocho hombres que componían el escuadrón.
En 1856, desde Azul, el coronel Hornos, decidido a escarmentar a Calfucurá, sale con un ejército de 3.000 hombres y doce piezas de artillería. Ahí se inició el combate de San Jacinto, cargando la caballería indígena desde varias direcciones. Los indígenas, bien familiarizados con esos terrenos, pronto dieron cuenta del enemigo. Rápidamente Hornos tuvo que abandonar el campo de combate, dejando 18 jefes y oficiales y 250 hombres de tropa muertos, además de 280 heridos y la mayor parte de sus pertrechos abandonados.
Después de realizar una primera incursión en 1867, en abril de 1868 Calfucurá al frente de 2.000 indios, en su mayor parte chilenos, asaltó el sur de Córdoba entrando por el lugar denominado Los Barriales, a doce leguas de La Carlota.
En noviembre de 1868 unos 300 indios y gauchos cristianos, después de invadir San Luis, sitiaron y asaltaron la Villa de la Paz.
El 5 de marzo de 1872, Calfucurá invadió el oeste de la provincia de Buenos Aires, al frente de unos 6.000 indios, acaudillando a todas las tribus enemigas del gobierno. Mientras con una parte de sus huestes vigilaba las tropas en Azul, el resto saqueó los establecimientos y poblaciones aledañas, apoderándose de 200.000 cabezas de ganado, 500 cautivos y matando unos 600 pobladores.
Al frente de un contingente de 3.500 hombres, el coronel Rivas salió a cortarle la retirada. El encuentro se produce en las cercanías de Bolívar, en la llamada batalla de San Carlos. Considerada la más importante en la secular lucha contra los aborígenes, por los efectivos que intervinieron, por el ardor con que se luchó, y más que nada, porque significó el ocaso de Calfucurá, quién sin ser derrotado, se retiró del campo de batalla. San Carlos fue decisiva y cambió el curso de la historia, aunque estuvo cerca de serlo en sentido inverso.
Pero todavía los mapuches no estaban vencidos. En 1875 se produce la "invasión grande" que comenzó con la sublevación de la tribu de Catriel. En su auxilio vinieron simultáneamente Namuncurá, los ranqueles de Baigorrita, los de Pincén y unos 2.000 indios chilenos sumando unos 3.500 combatientes. Los indígenas penetraron sorpresivamente en un amplio frente, arrasando las poblaciones de Tandil, Azul, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear. Según fuente oficial, tan sólo en Azul 400 vecinos fueron asesinados. Durante tres meses se libraron cinco batallas principales, la más importante la de Paragüil y varias menores, hasta que los indígenas se retiran a sus lugares en el desierto.
Estos olvidados episodios que muestran la magnitud del conflicto y en cierto modo lo inevitable del desenlace, son el preludio de la segunda expedición, ciertamente con las fuerzas mapuches debilitadas y resignadas por los últimos fracasos, pero fundamentalmente derrotados por dos innovaciones tecnológicas decisivas: el Remington de repetición y el telégrafo.
Roca es más recordado y ahora denostado por la conquista del desierto que por sus dos presidencias y su largo período de presencia dominante en la política argentina. Sin embargo, fue un gran presidente. Tal vez exageran sus exégetas más entusiastas cuando sostienen que Roca "hizo" el país, pero no hay dudas de que cumplió una gestión asombrosa.
Hasta la expedición de Roca, Argentina era un pequeño país con ciudades dispersas en el interior, cuya parte más importante ocupaba unos 30.000 km2 alrededor de Buenos Aires.
En Córdoba, la ciudad homónima estaba protegida al sur por los fortines de Río Cuarto y La Carlota.
En Mendoza, si exceptuamos la capital defendida por los fuertes de San Carlos, Tunuyán y Tupungato y al sur por el de San Rafael, el resto era tierra de nadie, ocupada por los huarpes, a veces por los Pincheira y en 1832 por el ejército chileno al mando del coronel Bulnes, quien penetró en esa provincia desde el norte de Neuquén para perseguir a aquellos legendarios bandidos, cuya tropa había sido exterminada sin piedad en las lagunas de Epulafquén. Como los Pincheira eran realistas, este episodio es considerado el último combate contra la dominación española en la América meridional.
Los malones en el sur santafesino llegaban hasta Rosario y en más de una oportunidad a Santa Fe y, por el norte, la provincia estaba asediada por los tobas y abipones. El mismo esquema, con diferentes actores, se repetía en las restantes provincias del norte.
Como resultado de la campaña de Roca y luego de su gestión presidencial, se incorporaron al territorio nacional alrededor de dos tercios de la actual superficie del país. Incluye la mayor parte de la provincia de Buenos Aires, La Pampa, toda la Patagonia y las zonas de Córdoba, Santa Fe y Mendoza fuera de sus capitales. Luego, ya en la presidencia se completará el mismo proceso en el norte. Los nuevos territorios los unió al resto del país con los ferrocarriles. Hizo la paz con Chile y estableció un sistema civilizado para dirimir los conflictos con aquel país. Modernizó el ejército, estableció la moneda, dictó la ley de educación laica y gratuita, el matrimonio y el registro civil, y consagró la autonomía de las universidades.
Los resultados, insinuados en las presidencias anteriores, fueron espectaculares. Durante el último tercio del siglo XIX, Argentina era el país americano que recibía más inmigrantes después de USA.
En 1888, La Nación recoge de un diario de París las cifras del activo y el pasivo de los bancos sudamericanos, que reflejan aproximadamente lo que ahora se define como el PBI. Argentina sola, supera el total del resto de los bancos de la región. Triplica a Brasil, decuplica a Chile y supera más de cien veces el movimiento financiero de Colombia.
Aunque no pueda descartarse que haya mapuches que conserven su resentimiento contra Roca, como algunos trasnochados españoles puedan tenerlo con San Martín, sería ingenuo no advertir que tras la agitación antiroquista y la interesada omisión por la conducta de Rosas, pocas veces se puede mostrar en forma tan descarnada el predominio de laeri ideología sobre la verdad. Un liberal y para colmo exitoso, es una tentación irresistible para quienes, desde el populismo, intentan reescribir la historia del país.
Por Julio Rajneri
lunes, 27 de abril de 2015
NICOLAS CASULLO Y LA EDICION DE PERONISMO. MILITANCIA Y CRITICA (Por Silvina Friera)
8 de junio 2008
Nicolás Casullo asegura que “ser peronista da una cosmovisión y una forma de interpretar las cosas”.
Los recuerdos regresan con sus voces, rencores y
odios a flor de piel. En 1955, un niño de diez años que vive en Almagro,
típico barrio de clase media, es testigo privilegiado de las
discusiones en su casa. En los murmullos, las frases despectivas, en
esos odios de difícil catadura, pero de una teatralidad amenazante ante
sus ojos, percibe las antinomias insoportables que se respiran afuera y
adentro; siente cómo la violencia empieza con las palabras que niegan y
descalifican a las masas trabajadoras. Ahora en su casa de Palermo,
rodeado de libros y fotos familiares en blanco y negro, Nicolás Casullo
cuenta que su madre, peronista evitista, era obrera y su padre
antiperonista. “Era realmente divertido y dramático escucharlos.
Recuerdo el desprecio, la sospecha frente al negro, al delegado que no
trabaja, que tiene un carné de afiliación al Partido Justicialista y se
cree dueño del mundo. Había un prejuicio de la vieja Argentina europea
blanca, como era mi familia, que venía de tanos y vascos, y de todo un
mundo clasemediero frente a lo que era el cabecita negra”, dice el
escritor y ensayista que acaba de publicar Peronismo. Militancia y
crítica (1973-2008), en la colección Puñaladas de la editorial Colihue,
donde reúne una selección de ensayos y artículos publicados en el diario
La Opinión, en la revista Controversia (durante su exilio en México),
en Primera Plana, Unidos, La Mirada, Lezama y Página/12.
Peronismo y militancia
“La idea fue recopilar un tipo de escritura muy fuerte en mi vida, la escritura político-intelectual, desde una perspectiva militante o de ex militante. Son escrituras coyunturales que se fueron perdiendo y que pueden aportar un mayor esclarecimiento sobre lo que está aconteciendo en el presente”, advierte Casullo en la entrevista con Página/12. Buena parte de los textos están atravesados por tensiones que configuran una arqueología del vivir político. Los de principios de los años ’70 son crónicas escritas al calor y la urgencia coyunturales, que anticipan las grietas, el fracaso, la derrota. Algunas rozan un tono dramático, como la carta que escribió en 1974 a un compañero de célula, Jarito Walker, que nunca llegó a destino por los avatares de la época. La escritura se torna más reflexiva y crítica en los artículos publicados en Controversia a partir de 1978. Casullo posa su mirada sobre las grietas y las largas secuelas que dejó en su vida intelectual esa derrota; repasa errores y equívocos de ese complejo tinglado que es el peronismo. “Toda escritura tiene un cierto nivel de sobrevivencia en la historia política”, plantea el profesor e investigador universitario, director de la revista Pensamiento de los confines y autor, entre otros, de Modernidad y cultura crítica, Las cuestiones y la novela La cátedra.–En la carta a Jarito Walker se juega una pulseada entre el militante y el intelectual. ¿Finalmente gana el intelectual?
–Esa carta fue escrita en circunstancias muy especiales, a principios de 1974, cuando estábamos militando fuertemente en la misma célula. Yo tenía la necesidad de trabajar nocturnamente una escritura en donde daba cuenta del enorme drama que estábamos viviendo como peronismo revolucionario en relación con el movimiento y la figura de Perón. Esa carta tiene la carga dramática de un túnel oscuro hacia el cual nos dirigíamos un cuadro político más creyente y yo. Pero nos combinábamos bastante bien: yo necesitaba un poco esa fe dura de Jarito y él necesitaba una mirada más desgarradora.
–La pregunta central de esa carta es quién es Perón. ¿Qué respuestas fue encontrando?
–Perón fue una figura que quise mucho; me pareció excepcional y providencial en la historia argentina, pero siempre pude situarlo en el terreno de lo humano, de lo político, por lo cual nunca tuve inconvenientes en criticarlo. Perón es la mitad de la historia del peronismo, teniendo la conciencia de que la otra mitad es el pueblo trabajador y las grandes masas que fueron leales a él.
Militarismo y derrota
Mientras el enigma se escapa como un puñado de arena entre las manos, Casullo se exilia primero en Venezuela y después en México, donde vuelve a escribir en 1978. “Tomo conciencia de la derrota profunda y de que me espera una misión de intelectual crítico más que de militante, aunque no pierdo la intensidad de la militancia. Cuando comienzo a escribir en Controversia, salgo con una escritura más pensada, trabajada, investigada –señala el escritor y ensayista–. Uno de los primeros temas que traté fue la relación movimiento político, organización sindical y vanguardia revolucionaria, ese triángulo que junto con el líder sería un cuarteto, por la lectura equivocada que hizo el peronismo revolucionario de las verdaderas funciones y misiones de lo sindical.”–¿La separación entre militancia revolucionaria y sindicatos divorció al militante revolucionario del trabajador peronista?
–La izquierda peronista, que nació al calor de la resistencia y que tuvo el apoyo de muchos sindicatos que terminaron nucleados en la CGT de los Argentinos, no supo leer adecuadamente la relación del obrero organizado en el capitalismo. Le exigía un proyecto revolucionario que se chocaba con la tarea sindical de negociación con el capital para mejoras en el campo del trabajo. En ese desencuentro se juega mucho del drama dentro del peronismo; drama que termina con muertes como la de Vandor o la de Rucci. No es que no hayan sido burocráticos o no hayan planteado claudicaciones que podrían ser criticadas, pero nunca desde una perspectiva donde el sindicalismo aparecía como una revolución que ciertos traidores impedían.
–¿El error clave de la derrota fue la militarización de Montoneros?
–Hubo un conjunto de cuestiones, pero la exacerbación de lo político-militar terminó influyendo en lecturas que tendrían que haber sido de otra índole. Se había triunfado en las elecciones, la izquierda revolucionaria tenía ciertos espacios de poder, no era el momento para montonerizar todo el espectro político sino para participar, discutir y debatir. La lectura tendría que haber sido más progresiva e inteligente; se avecinaban diez o quince años de un proceso complejo de liberación nacional donde las armas no tenían nada que ver. El militarismo fue una equivocación absoluta.
Degradación histórica
Cuando regresó al país, Casullo se encontró con un peronismo que no esperaba. “Era un peronismo desguarnecido de memoria, de ideología democrático-popular, que renegaba de sus propios peronistas asesinados, secundarizaba la política de derechos humanos y a lo sumo lo que criticaba era el programa económico de Martínez de Hoz; un peronismo degradado en todos los sentidos que se disponía a pactar con los militares la amnistía”, enumera el ensayista. “En los ’80 aparecen degradaciones y monstruosidades con una renovación que no propone la recuperación de las banderas históricas sino un nuevo negocio de la política concentrado en Menem, Manzano, De la Sota; personajes que ya forman parte de esa degradación histórica que culminaría con el triunfo de Menem. Casi todo el peronismo se acomodó a la década menemista, a la venta de la Nación, a asumir el programa del enemigo, sin grandes dificultades. No fue una usurpación por parte de algunos elementos que se apoderaron de un movimiento histórico; siempre latió en el peronismo esa situación de abdicar de los propios significados que las masas le habían impreso”, sostiene Casullo.–En uno de los artículos del libro subraya un estado de crispación que comenzaba a vislumbrarse en la oposición a partir del triunfo de Cristina Fernández. A la luz de esta crispación, ¿cómo analiza el conflicto con el campo?
–El kirchnerismo intenta recuperar elementos de un peronismo histórico de corte social, popular, democrático y democratizador; un peronismo que vuelve a situarse en la centroizquierda y a tener una relación particular con Latinoamérica. El kirchnerismo es para mí lo que tendría que haber sido el peronismo del ’73, si no hubiese caído en un caos interno desintegrador; es lo que pensaba que podría haber sido el peronismo en el ’84, cuando regreso del exilio y me encuentro con un peronismo engangrenado. El kirchnerismo representa lo que el peronismo no pudo ser en el ’73, entre otras cosas por propias equivocaciones de una izquierda peronista ciega, foquista y militarista. En Kirchner aparece, con límites y contradicciones, la posibilidad de una confrontación. En esa confrontación contra los viejos sectores dominantes se inscribe hoy el conflicto con los sectores agrarios empresariales que buscan una mayor ganancia y el no pago de los impuestos, y que evidentemente no podría entenderse si no es al calor del último rostro que adquiere el peronismo. La confrontación contra el campo vuelve a ubicar al peronismo en situaciones históricas por demás reivindicables. Hay un racismo, una crispación, actitudes antipopulares, antinegros, que no deja de causarme asombro. Nos parecemos mucho más a 1955 que a 1973 o a 1983.
Actualidad y política
–¿Los errores del Gobierno en el manejo del conflicto con el campo provocaron que se fortaleciera la oposición?–Sí, por primera vez estamos frente a la posibilidad de un partido agroconservador. El Gobierno ha perdido apoyos, sobre todo en sectores medios agrarios que no eran antikirchneristas. Una asignatura pendiente del kirchnerismo es que no sabe hacer política para los sectores medios, y en muchos sentidos es anacrónico planteándose como un peronismo 1955 con burguesía nacional, clase obrera organizada y sectores populares muy marginales. Con esas variables en la actual cultura política y frente a una sociedad mediática que es implacable y que es la verdadera derecha, el peronismo de Cristina ha perdido consenso.
–¿Por qué en la introducción del libro propone recuperar el mito peronista?
–Sin mito no hay política. Sin ese momento de creencia, de apasionamiento, donde aparece una poética del cambio social, de la posibilidad de modificar el mundo dado, no hay política popular. El peronismo ha generado un mito tan inmenso que dentro del mito están los antiperonistas como parte propia del movimiento. El gorila es un personaje que en los últimos cincuenta años está destinado por el peronismo tanto como lo está destinado el peronista, porque no ha tenido otra referencia, otra centralidad, otra obsesión o pesadilla que la figura del peronismo rehaciéndose, recuperándose, transgrediéndose, metamorfoseándose. El peronismo fue un mito que expelía una radiación muy fuerte, pero ahora camina hacia su extinción. Podrá permanecer como sigla, como partido triunfador en elecciones, pero lo esencial de lo que significó el peronismo está concluido.
–¿Qué es ser peronista hoy?
–Ser peronista es leer de una determinada manera la patria herida, porque el peronismo te da una cosmovisión, una forma de interpretar las cosas. Cuando el peronismo es atacado por la derecha o la izquierda, quiere decir que el peronismo está funcionando como peronismo, a lo mejor en sus estertores, pero está funcionando. Hoy aparece claramente una articulación entre la crítica que le hace la derecha conservadora neoliberal y la crítica que le hace la izquierda marxistoide, la falsa izquierda nacional. Cuando el peronismo se sitúa en la centroizquierda, reactiva permanentemente estas circunstancias. Lo hizo en el ’45, en el ’55 y en el ’73.
–¿Lo que estaría haciendo el kirchnerismo sería desplazar a los partidos de izquierda hacia la derecha?
–Sí, y la izquierda se transforma en izquierda de la derecha, es decir en una derecha progresista, que es lo que impera hoy.
miércoles, 15 de abril de 2015
El desafio electoral y sus protagonistas (Por Omar N. Livigni)
La conformación de las
formulas para gobernador y vice y las respectivas listas de candidatos a
legisladores de los distintos partidos han decidido y presentado a los
principales protagonistas del desafío electoral, que con posterioridad
de los comicios del 3 de mayo para dirimir la situaciones municipales,
obligarán nuevamente a los rionegrinos el 14 de junio para ejercer
nuevamente el derecho constitucional de elegir y ser elegidos.
Sin dudas que los mismos prolegómenos pre electorales indican que no se trata de un capítulo más de la historia democrática que nos ha tocado vivir a los rionegrinos, sino que constituye un momento de especiales singularidades. Así lo indica, por ejemplo, el surgimiento -otra vez- de una fuerza política inspirada y conformada desde los niveles mas importantes del estado provincial, como es “Juntos Somos Río Negro”, liderada por el propio gobernador Alberto Weretilneck, quien aspira a la reelección acompañado como vice por Pedro Pesatti, seguramente uno de sus actuales funcionarios más allegados y hombre de consulta. Esta presencia no computada por la comunidad política rionegrina tiene vigencia en todo el territorio provincial y se ha nutrido levantando banderas federalistas y de integración territorial, de comprovincianos independientes provenientes de otras corrientes pre existentes como el justicialismo y el radicalismo. Estas dos últimas agrupaciones, son las que han sufrido resonantes fugas con destino hacia otros vehículos de opinión. En este aspecto el fenómeno más notable es el Partido Provincial Rionegrino fundado por el gobernador Roberto V. Requeijo, que fue literalmente fagocitado por el PRO de Mauricio Macri a través un acuerdo de fusión consensuado por los dirigentes provinciales y capitalinos que lidera el jefe de gobierno de la ciudad Autónoma de Buenos Aires. Obviamente se trató de una exitosa operación del “macrismo” que sin mayores esfuerzos se adueñó de una fuerza ya instalada con casi 40 años en el escenario institucional y con indiscutible arraigo. Sobre esa base, y con la expectativa que brinda la imagen de Mauricio Macri multiplicada al infinito por los grandes medios de comunicación metropolitanos, lograron la sumatoria de militantes y dirigentes de otros sectores, entre ellos de los radicales Mario De Rege y Susana Yappert, convertidos hoy en integrantes del binomio para gobernador y vice, respectivamente. Además de De Rege, ex vicegobernador y ex legislador provincial de la UCR, otros “boinas blancas”, tomaron el mismo camino como el ex ministro de Gobierno y ex ministro de Economía José Luis Rodríguez y el ex titular del Tribunal de Cuentas Pedro Casariego. En este esquema descriptivo debe incluirse al Frente Progresistas, constituido por el ARI y el Partido Socialista, que consolidó un acuerdo con el intendente radical de Viedma José Luis Foulkes, que va por su reelección en Viedma, pero que no se pudo concretar con la conducción provincial de la Unión Cívica Radical. El Frente Progresista es considerado un importante emergente en el plano de las agrupaciones rionegrinas ya que obtuvo 90.000 votos en las elecciones del 2013, relegando al segundo lugar a la UCR. El artífice casi exclusivo de ese logro fue la ex legisladora provincial del ARI Magdalena Odarda quien con un persistente trabajo y militancia en la geografía provincial logró esos guarismos electorales y acceder a una banca en el senado de la nación. Odarda ahora es candidata a gobernadora y lleva como compañero de fórmula al ex gobernador y ex titular del bloque de legisladores radical Bautista Mendioroz. Este último es el referente del denominado “sector Blanco” de la UCR que siguió los lineamientos de la convención de Gualeguaychú. Mendioroz no emigró solo, sino que llevó consigo a sus pares Leonardo Ballester y Daniela Agostino, para reencontrarse allí con Jorge Ocampos, actual legislador provincial por el ARI y ex diputado nacional de la UCR y ex intendente de Cipolletti. El “independizado” bloque legislativo de Mendioroz lleva el nombre de Raúl Alfonsín. Por su parte la UCR de Río Negro asistirá al comicio de 14 de junio con la tradicional Lista 3, dejando atrás casi toda una tradición de concurrir a elecciones convertida en el vértice de distintas alianzas, que le permitieron conservar el poder durante gran parte de los 28 años que estuvo al frente de la gobernación -únicamente fue como partido único en la elección de 1983 que convirtió en gobernador a Osvaldo A. Guerrero y en 1987 encabezando y ganando la elección Horacio Masaccessi-. El radicalismo tomo esa decisión de recuperar su individualidad partidaria en la convención de Darwin. Esos hechos y otros antiguos problemas irresueltos aceleraron el pase de otros legisladores radicales como Adrián Casadei, y Marta Milesi al partido “Juntos Somos Rio Negro” del gobernador Alberto Weretilneck. El candidato a gobernador será el-ex mandatario Horacio Massaccesi, quien a su vez es titular del comité provincia, y como vicepresidente lo acompañara Natalia Hermida una conocida y joven abogada de San Antonio. Massaccesi ha asumido una gran responsabilidad de convertirse en timonel del radicalismo en estos momentos surcado todavía por graves enfrentamientos internos y líneas que todavía preservan un estado beligerante entre sí cuya acción no se ha podido morigerar. Y es así que el actual presidente de la UCR dice con razón que controlar y armonizar todos estos conflictos y controversias es más difícil que conducir la campaña misma. Pero es optimista al fin y confía en lograr una buena elección aumentando el número de municipios que hoy tiene la UCR y obtener cinco o seis legisladores para colocar a la UCR en el rumbo exacto y llegar pronto nuevamente a la gobernación. Massaccesi estuvo muy critico y duro con los radicales que se fueron del partido afirmando “que están tratando de acomodarse como pueden”. “A cada uno le fue mal en el radicalismo y algunos han vivido mas de treinta años en la UCR y nunca han pagado un teléfono y quieren conseguir que alguien corra con el gasto”. En esta discusión entre radicales también participó, desde fuera de los limite del partido, el Dr. Julio Raúl Rajneri, director del diario “Río Negro” con una prolongada trayectoria política en las filas del partido, habiendo sido legislador provincial, ministro de gobierno y posteriormente ministro de Educación en la gestión presidencial del Dr. Raúl Alfonsín. El mensaje de Rajneri desde el matutino roquense en un artículo editorial dirigido a los radicales que se incorporaron al Frente Progresista y PRO, titulado con elegante ironía, “Bienvenidos al capitalismo ”, dice así: “….la decisión del radicalismo de compartir el espacio con una fuerza centrista, claramente definida en torno a una economía liberal abre una esperanza. Es posible que una parte de sus seguidores mas dogmáticos opte por alejarse del centenario partido, pero la gran mayoría de sus votantes se van a sentir cómodos en el nuevo escenario y el país va a resultar favorecido con los valores esenciales de la democracia , que abandone las tentaciones populistas y la ambigüedad del pasado y se ubique en el rol que incluso los socialistas europeos juegan y aceptan el mundo entero”. En otro orden, la nomina de los candidatos a legisladores de la lista sabana de la UCR la encabeza Darío Berardi, seguido por Beatriz Susana Minio y Cesar Barbeito (ex candidato a gobernador en el 2011). Circuito Alto Valle Este: María Ros Pulgini, Gerardo Perticone y Vanesa Ruiz. A. Valle Oeste: Daniel Bergero, Gimena Meier y Alejandro Paredes. Alto Valle Centro: Antonio Roberto Fieg, Marta Susana Romero y Claudio García. Circuito Valle Inferior Fernando Ruiz, Laura Ramos y Gastón Marraco. Circuito Atlántico Natali Hermida, Carlos Duorzack y Maria Ayelén Santiago. Circuito Línea Sur Soraya Yahuar, Pedro Fabián Nancucheo y Romina Inés Gásquez. Circuito Andino: Víctor Hugo Oyarzo, Natalia Karavasilis y Roberto Ríos. La junta electoral partidaria informo que en el Circuito Valle Medio habrá elecciones internas, disputando por el primer lugar el ex intendente de Rio Colorado Juan Villalba y Roberto Guidi. La junta electoral no hizo lugar a los reclamos e impugnaciones presentadas por el concejal viedmense Federico Díaz de la lista “Contracorriente”, pidiendo internas en el sector juventud. Por otro lado el Justicialismo nave insignia del Frente para la Victoria, que también integra el Frente Grande, es uno de los aspirantes con serias posibilidades de resultar triunfador el 14 de junio tiene como líder, presidente del partido y candidato al senador nacional Miguel Pichetto, actual titular de la bancada oficialista en la cámara alta del congreso de la nación. Apoyó y compartió los primeros tramos de la administración del gobernador Weretilneck. Después del fallecimiento de Carlos Soria cada uno de estos dirigentes eligió un camino propio y ahora son francos adversarios enfrentados en distintos proyectos políticos y también en la disputa por la gobernación de Río Negro en los comicios venideros Pichetto logró superar dificultades internas con el intendente de General Roca Martín Soria, y con gran esfuerzo y mediación nacional logró superar esas disidencias y unificar al peronismo habiendo elegido como compañera de fórmula a Ana Piccinini una conocida ex legisladora radical. Ha explicitado en reiteradas oportunidades que quiere gobernar la provincia durante un solo período de cuatro años para ordenar el Estado y poner en marcha planes para incentivar la producción en el secano y los valles irrigados, y poner especial atención en la extracción de petróleo, gas y la minería Viene cumpliendo una activa campaña preelectoral que es acompañada por la frecuente llegada de figuras nacionales como ministros y otros altos funcionarios nacionales, previéndose una próxima llegada en su apoyo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien en la oportunidad visitará la planta de la CNEA en Pilcaniyeu donde se esta enriqueciendo uranio en forma experimental. Pichetto hostiga cuando puede a Weretilneck y dice que el no está compitiendo con el partido del gobierno sino con la candidata del Frente Progresista Magdalena Odarda del Frente Progresista. Cuestiona asimismo al partido oficialista “Juntos Somos Río Negro”, porque "esas agrupaciones federalista responden a otra época histórica del país y hoy atrasa ya que hasta el partido neuquino de los Sapag no deja de tener vasos comunicantes y excelentes relaciones con el gobierno nacional con el gobierno central”, suele decir. Cumplidas distintas y trabajosas jornadas el justicialismo y sus socios del Frente para la Victoria lograron conciliar voluntades y armar las listas de candidatos a legisladores provinciales: En los primeros lugares de la sábana figura Anahí Tapattá, Ariel Rivero, Alfonso Ramos Mejía y Elvin Williams. Circuito Valle Medio: María Maldonado, Carlos Pìlotti. Circuito Atlántico: Javier Iud y Ignacio Holacz. Circuito Valle Inferior: Mario Sabbatella, Angela Vicidómini y Edgardo Vargas. Alto Valle Este: Luis Albrieu, Matilde Vergara. Circuito Línea Sur: Alejandro Marinao, Dina Ziljstra. Circuito Alto Valle Centro: Marta Risotto y Gabriel Montanaro. Circuito Andino: Jorge Vallaza y Dona Guzmán. Alto Valle Oeste: Marcelo Mango. Mientras tanto a pesar de los anuncios del vicegobernador Pedro Pesatti de que el gobierno empezará la campaña con un acto político en el Alto Valle, especialmente el gobernador Alberto Weretilneck viene actuando desde hace meses como un verdadero candidato en gira proselitista teniendo contacto todos los días con intendentes, integrantes de comisiones de fomento, asociaciones, clubes, entidades de productores, etc., entregando subsidios y recursos estatales. Weretilneck ha visitado toda la geografía rionegrina, especialmente las localidades medianas y los pueblos y parajes. En esos escenarios concilia la actividad oficial con la técnica del abrazo, la charla, el saludo, que forman parte de la vocación del dirigente conocedor de que los votos “se obtienen de a uno”. Y la presencia seguida del gobernador, que significa que tiene en cuenta a los pobladores de ese determinado lugar, principalmente si se trata de la fiesta aniversario, donde la efeméride alcanza una muy especial relevancia”. En este tránsito electoral Weretilneck está levantando la voz y cada vez que puede cruza con algún juicio crítico al senador Pichetto, tanto en el manejo de la interna peronista, como haciendo referencia a su sujeción al gobierno central. “Nosotros no tenemos que pedirle permiso a nadie” dice Weretilneck, que por otra parte tiene los números de la provincia controlados y anda con una faltriquera colmada por los recursos provenientes de la renegociación de los contratos petroleros. Además, cuando cuadra apunta sus cañones contra el gobierno nacional como en el caso reciente de las garrafas subsidiadas. En cambio es muy prudente en todo lo que se requiere a su vinculo tan especial y personalísimo con el líder del partido Renovador Sergio Massa cuyas acciones están bajando sensiblemente en el panorama nacional, a tal punto que no ha podido arrimar a ningún otro gobernador a su proyecto presidencial, mientras se alejan de su lado algunos caudillos, como Oscar Posse, hijo del legendario intendente de San Isidro. Weretilneck, asumió la total responsabilidad de armar las listas del oficialismo, y seleccionó personalmente a cada candidato, así como de la misma manera dejó afuera de las nóminas a otros, como ocurre cada vez que hay cumplir con este rito insoslayable. Por ejemplo el noveno lugar no dejó contentos a los dirigentes de “Unidos por Río Negro” que aspiraba a un lugar seguro para acceder a la banca legislativa. En un acto celebrado en General Roca, con la presencia de mas de quinientas personas el gobernador presentó las listas que expresan con fidelidad la interesante tarea de reclutamiento pluripartidario y sectorial que se fue realizando y que en muchos casos constituyen la columna vertebral de “Juntos por Río Negro”. La lista sabana será encabezada por el actual legislador Facundo López, seguido por los también legisladores Arabella Carreras y Tania Lastra. El secretario general del gremio de la fruta a Rubén López, la titular de la bancada de legisladores Roxana Fernández y el actual ministro Ricardo Arroyo. También figuran en esa lista Silvana Larralde, Miguel Vidal, Leandro Lezcasno , Silvia Paz, Marta Milesi, José Liguén, María Gemignani, Marcelino Jerez, Claudia Obligado, Jorge Daniel Varela, y Griselda Castillo. En los circuitos van por el Alto Valle Alejandro Palmieri, Norma Coronel y Suyai Urrutia. Alto Valle Oeste: Elvi Cides y Viviana Jermaier. Alto Valle Este: Oscar Díaz y Silvia Morales. Valle Medio: Juan Carlos Apud, Risa Hinchansandague y Leandro Tozzi. Valle Inferior Rodolfo Cufré y Graciela Valdebenito. Atlántico Adrián Casadei y Analía Soriano. Línea Sur Sandra Recalt y Marisol Aguirre y por el Andino Alfredo Martín y María Eugenia Domínguez. Es decir que, ante el Frente para la Victoria -que según Pichetto es un triunfador por anticipado- se encuentran otras expresiones del no peronismo como la Unión Cívica Radical, el Frente Progresista y el PRO, y la oficialista “Unidos por Río Negro” con un gran componente justicialista: una oferta electoral amplia y variada. Un dato a favor del FpV –que posee un piso más que interesante en cada elección- es que tendrá que competir con una realidad que favorece la dispersión del voto. Hay además algunas incógnitas como cuál es en realidad la fuerza electoral del partido oficialista que en algunas encuestas figura en primer lugar y en otra en el segundo, si Magdalena Odarda tiene verdaderas chances a favor considerando la perfomance del 2013 y la sumatoria de sectores de la UCR y en qué medida podrá recuperarse la UCR –Lista 3- de la debacle que la eyectó del poder después de 28 años. En cuanto al PRO, mas allá de saber si sumará votos a los tradicionales del ex PPR, comprobar cuál es la influencia del PRO nacional y la imagen de Mauricio Macri, en beneficio de su réplica rionegrina, que hoy a priori aparece como gravitante. De todas maneras el veredicto final lo tienen los rionegrinos que el 14 de junio concurrirán a las urnas. Licitaran áreas petroleras antes de los comicios Las autoridades provinciales están considerando con los funcionarios de Energía e Hidrocarburos la posibilidad de licitar todas las áreas petroleras que se puedan con las mismas condiciones con las se negoció en diciembre ultimo, es decir que significará para las empresas que se presenten compromisos de inversión, explotación, y perforación y un plan de remediación ambiental y un bono de ingreso que se gira directamente al tesoro provincial. Se estima que el proceso estará cerrado antes de las elecciones del 14 de junio y que el trámite no tendrá los inconvenientes de la renegociación en la legislatura y tampoco mayores oposiciones. Según afirmación del suplemento de “Energía” del diario Río Negro del sábado en relación con la licitación de las áreas, el criterio es avanzar con una propuesta para que se realice en una única ronda todo el paquete de áreas a negociar, entre las que se encuentran Catriel. Oeste y Puesto Prado de Cic, Rinconada, y Puesto Morales, de Madalena. Medianera, Catriel Viejo y Tres Nidos operadas por Medanito, Puesto Flores y Estancia Vieja en manos de Chevron y Loma Montosa Oeste y Centro Oeste, y Centro Este operadas por Petróleos Sudamericanos. Precisamente días pasados el gobernador Weretilneck había visitado yacimientos que opera la empresa Entre Lomas, y había comentado los trabajos de esa empresa y la inversión que viene realizando en la perforación de 24 pozos. Por su parte el titular de CASEPE, Ramiro Arceo informo a la agencia APP que las firmas locales auxiliares de las petroleras están reclamando que se constituya la Comisión de Seguimiento que establece la ley 4018, que aún no se ha cumplimentado y que se respete las exigencias que las petroleras deben contratar mano de obra local. Destaco Arceo, falta aún que los bloques legislativos designen sus representes para integrar dicha comisión. Sobre otros temas vinculados con la industria petrolera formulo declaraciones a Radio Nativa el legislador Ariel Rivero del Frente para la Victoria, señalando que las áreas de Petrobrás en la zona de Catriel no registran ninguna actividad extractiva, porque no invierten, y que además ha desaparecido un horno pirolítico de la misma empresa que se utiliza para preservar el medio ambiente y que sobre la cuestión elevó un pedido de informes a la legislatura para que respondan las autoridades de Energía. Viedma y los candidatos a la gobernación La reciente nominación de Mario De Rege como candidato a gobernador por el PRO reactualizó una vez mas una curiosa historia que es muy llamativa y se sigue repitiendo con dirigentes políticos de Viedma que son postulados para ese cargo. El primero de ellos fue el primer gobernador constitucional DR. Edgardo Castello que ejerció el poder entre 1958 y1962. En ese mismo tiempo y en aquellas elecciones otro candidato de Viedma para la gobernación fue el Ing. Adalberto T. Pagano en representación del Partido Demócrata de Río Negro, como se denominaban por entonces los conservadores. Pagano ya había sido gobernador del Territorio Nacional del Río y estuvo al frente de sus destinos entre 1932 y 1943, radicándose en Viedma donde falleció muchos años después. En ese mismo comicio también se presentó como candidato a gobernador el Dr. Roberto De Rege, después senador nacional por el Partido Demócrata Cristiano. Por esa misma agrupación política también encabezó la boleta como candidato a gobernador el Dr. Edgardo Bagli ex ministro Gobierno y Secretario de Derechos Humanos de la provincia. Posteriormente otro hijo de Viedma el justicialista Remo Costanzo intento llegar a la gobernación por tres veces consecutivas y ahora el nominado es Mario De Rege por el PRO. Una casualidad histórica, pero también el resultado de la intensa vida política que tiene Viedma desde la llegada del primer gobernador de la Patagonia, el Coronel Alvaro Barros en 1879 que puso en marcha ese año a la primera municipalidad de la Patagonia. Tampoco pueden faltar en estas referencias ni Horacio Massaccesi ex gobernador y ahora candidato de la UCR que nació en Villa Regina pero ahora es un viedmense más, una situación parecida a la de Miguel Pichetto, candidato a gobernador por el Frente para la Victoria, nativo de Temperley recaló en Sierra Grande y después se afincó y trabajó como abogado en Viedma, donde se lo considera otro hijo adoptivo de esta vieja ciudad capital. Otro Vaca Narvaja en la Patagonia Seguramente la familia Vaca Narvaja que pertenece a las mas rancia oligarquía de la mas que cuatro veces centenaria ciudad de Córdoba nunca se hubiera imaginada que uno de sus integrantes resultaría uno de los fundadores en 1890 de la Unión Cívica Radical en la provincia mediterránea. Y mucho menos que uno de sus descendientes Fernando Vaca Narvaja sería montonero en la década del 70 y además el número dos de esa organización guerrillera que dio mucho que hablar. Es el mismo Fernando Vaca Narvaja que buscando tranquilidad y otros clima menos peligroso a los que se había acostumbrado recaló en Bariloche donde todavía está radicado. Este Vaca Narvaja fue ministro de Obras Públicas del gobierno de Weretilneck hasta su desvinculación en no muy buenas relaciones con su mentor. Siguiendo con la familia, no hace muchos meses atrás el diario Clarín informó que en la legislatura de Río Negro, en el área presidencia, durante la gestión de Carlos Peralta como titular se había designado a Gerónimo Vaca Narvaja, hijo de Fernando, con un cargo de asesor-con unos cuantos miles de pesos mensuales. Gerónimo se alejó de Viedma cuando su padre renunció al cargo provincial. El matutino porteño anticipó que Gerónimo esta nombrado ahora en la Unidad Presidencia de la Casa Rosada y formó pareja con la hija de la presidente Cristina Fernández de Kirchner. (Por Omar N. Livigni - APP) |
lunes, 23 de febrero de 2015
Río Negro, los unos y los otros (Por Omar N. Livigni)
Desde
hace muchos años no se presentaba una situación política de tanta
complejidad como la actual en la provincia de Río Negro, si se toma en
cuenta la situación de los partidos mayoritarios como el Justicialismo y
la Unión Cívica Radical que han monopolizado la vida pública en los
interregnos democráticos desde 1958 en adelante y especialmente desde
1983 hasta aquí.
Ambos viven procesos similares con algunos puntos en común, con la aparición de fuerzas centrifugas que buscan otros ámbitos en disconformidad con sus respectivos niveles de conducción y con la decisión de dejar atrás muy fuertes historias de pertenencia individual y colectiva para enrolarse en nuevos proyectos políticos.
Estos procederes no surgieron por manifestación espontánea, sino que fueron estimulados por factores exógenos. En el caso del peronismo por la prematura muerte del ex gobernador Carlos Soria y la irrupción de Alberto Weretilneck como factor de poder real desde el gobierno y en la UCR por el fortísimo impacto de la derrota electoral del 2011.
Estos hechos son como el anverso y el reverso de una misma moneda. El PJ logró superar sus viejas antinomias, algunas que aparecían como irreconciliables y recuperó la consideración de los rionegrinos, mientras que ese triunfo en las urnas fue un verdadero fin de ciclo para el radicalismo, que debió replegarse a cuarteles de invierno y regresar después de 28 años al duro terreno del llano opositor.
La súbita desaparición de Soria, desalentó las esperanzas del peronismo e hizo que quedara trunco un proyecto que afrontó la campaña electoral victoriosa sin ser suficientemente conocido por la opinión pública y sólo explicitado por algunos enunciados muy genéricos formulados en algún discurso de las nuevas autoridades.
Desaparecido el líder llegó rápidamente la desorientación, la intranquilidad y también las inevitables sospechas. ¿Quién reemplazaría al timonel de grueso vozarrón y frases resonantes? ¿Para donde se dirigiría la nave del estado? ¿Cómo repercutiría la muerte de Soria en el peronismo? ¿Qué suerte correrían los integrantes del equipo de funcionarios ante un cambio inminente que estaba anunciado por los hechos?
La fatalidad contribuyó a cambiar drásticamente el escenario rionegrino, demostrando la fuerza de los imponderables en toda actividad humana, inclusive en el quehacer político.
Se impuso en aquellos momentos la opinión de que el vicegobernador Alberto Weretilneck asumiera el cargo vacante, adoptando el criterio establecidos en la constitución para evitar un nuevo llamado a elecciones, recomendación que brindó también la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien a partir de ese momento siguió atentamente el curso de los acontecimientos.
Con la lógica histórica que es de imaginar el poder nuevo rápidamente colisionó con el poder viejo.
Weretilneck es alguien que no estuvo dispuesto a ser vicario de nadie, con el dato adicional importante de que el flamante gobernador no provenía de las filas del justicialismo, sino del Frente Grande y otros agrupamientos políticos anteriores.
No se conformó con el rol de gerente que se le pretendió asignar-como dice- y desde ese mismo momento buscó su propia base de sustentación construyendo en perspectiva un poder distinto al anterior, pero que lo tuviera como vértice y máximo referente hacia adentro y hacia afuera del gobierno.
A poco de andar se pudo constatar y así lo hicieron los máximos dirigentes del justicialismo, que la era Soria había sudo superada por los hechos, y estaba naciendo un nuevo poder, una nueva etapa que aspiraba a edificar otra estructura de mando, con otros fines y si era necesario con otros hombres en los primeros planos del gobierno y la administración.
Weretilneck, con una importante experiencia en Cipolletti durante su gestión como jefe comunal, había sido colaborador de Rudy Salto y después de Julio Arriaga y se movía a su vez con un grupo de allegados entre ellos Luis DI Giácomo, Fabián Gatti, Elvis Cides y Luis Bardeggia, entre otros, hoy alguno de ellos legislador nacional y el resto importantes funcionarios de su administración.
Desde que juró, de una u otra manera empezó una lucha sorda a veces explícita con el presidente del PJ Miguel Pichetto, quien descontaba que tarde o temprano quien estaba sentado ahora en el sillón de Castello optaría por un curso de acción paralelo, y autónomo, entre otras razones porque ambos dirigentes aspiraban a los mismo: la gobernación de Río Negro.
Esa superposición de roles y especialmente de fines no pudo ser conciliada ni en la Casa Rosada y esa puja también repercutió en el incipiente gobierno cuya expresión fue una especie de guerra de guerrillas de baja intensidad entre “albertistas” prematuros, “pichetistas” y “soristas”. Eso ocurrió hasta la bifurcación del camino en forma definitiva entre el gobernador y el senador nacional, cuando Weretilneck decidió homogeneizar el poder promoviendo en los lugares claves del manejo del estado a personas de su extrema confianza.
En ese momento se empieza a hablar” del gobierno de Weretilneck”, sin tutelas ni supervisiones. Paralelamente Weretilneck utilizó el ejercicio del poder complementando la tarea de gobierno con una intensa actividad en las distintas regiones de la provincia, visitando mas de una vez ciudades, pueblos y parajes, contactos y relaciones que forjaron las bases de lo que se anuncio el sábado en Cipolletti, “Juntos Somos Rio Negro”, como el conjunto de partidos transformados en el vehículo de opinión que llevara a Weretilneck a disputar la gobernación y buscar reelegirse por otros cuatros años
En ese proceso de acumulación jugaron un rol importante dos dirigentes justicialista como son Pedro Pesatti, actual vice gobernador, casi seguro numero dos en la fórmula a la gobernación, y Matías Rulli, secretario general de la gobernación, quienes sin renegar de su filiación justicialista decidieron sumarse a este nuevo proyecto, con la aspiración de quebrar el monopolio que venían ejerciendo el justicialismo y la UCR y eventualmente el ARI de la senadora Magdalena Odarda, quien obtuvo 90 mil sufragios en la última elección.
El dato sustantivo es el éxodo de peronistas al “albertismo”, cuya dimensión todavía es imposible de cuantificar, un paso complejo, arriesgado, que significa para el que se va del PJ iniciar una senda de muy difícil retorno y poner punto final a una fortísima historia individual y colectiva de ideales y compromiso.
Pesatti, a quien sin ningún reparo se lo puede individualizar como uno de los ideólogos de la matriz conceptual de “Somos Río Negro,” es decir su línea programática, ha volcado en el seno del gobierno y con una continuidad sistemática el principio de que no puede haber un proyecto político sustentable si no se afirma sobre el concepto de la integración provincial como elemento de cohesión entre los rionegrinos
Recientemente Weretilneck tradujo en una acertada síntesis que “la integración es lograr la igualdad de todos los rionegrinos, que todos tengan igualdad de oportunidades” . Pesatti redondeó aún los términos en declaraciones al diario “Noticias”, afirmando que “Somos Río Negro, es una construcción plural que tiene como idea organizadora trabajar por la unidad e integración, poniendo en relevancia esta necesidad de afianzar el territorio, la población y equilibrar las regiones”
Toda esa fraseología con palabras similares y los mismos alcances se pueden encontrar en los discurso del gobernador Edgardo Castello, 1958-1962, ante la legislatura, rescatando el valor de la integración que en aquella histórica administración tuvo el valor de un legado y un principio, vertidas sobre las heridas de los enfrentamientos regionales por la cuestión capital, en los tramos liminares de la joven provincia naciente.
En este marco, acuden a la memoria de quien escribe estas líneas una obra del filósofo español Ortega y Gasset, cuando en “La España Invertebrada”, advierte a sus conciudadanos, años antes de la guerra civil, sobre los peligros y los efectos disolventes de “los particularismos” y los “separatismos”.
Pero así como se ha hecho referencia al trasvasamiento de justicialistas al gobierno y a las filas de Weretilneck, hay que decir que sucedió lo mismo con dirigentes y afiliados de la Unión Cívica Radical, que pese a que reivindican su corazón “boina blanca” se han pasado con armas y bagajes al oficialismo, en algunos casos sin el mínimo pudor, tránsito también muy difícil de medir. Uno de los casos mas emblemáticos es el de Daniel Sartor, ex ministro del gobernador Pablo Verani y del ex presidente Fernando De La Rúa , transformado hoy en uno de los dirigentes políticos más allegados al gobernador Weretilneck.
Es un secreto a voces en toda la provincia que “El Fino”, su apelativo más conocido, es un operador y armador todo terreno a favor del proyecto del gobernador y se encarga de reclutar radicales en los distintos niveles del partido a quienes contacta con el primer mandatario o a los funcionarios, para obtener para sus “correligionarios” algunos favores oficiales.
Este “modus operandi” empezó a conocer algunas reacciones dentro del radicalismo y le llegaron algunas advertencias a Sartor en el sentido de que ese tipo de conductas realizadas a título exclusivamente personal, compromete al partido, que ya demasiados problemas tiene.
En este tinglado político además de los pro-Weretilneck, se encuentran dirigentes como Bautista Mendioroz, cercano a la senadora Odarda, quienes apuntan a constituir el UNEN contra viento y marea.
Pero hay de todo en la viña del señor. En Choele Choel por ejemplo la lista municipal del “albertismo” lleva como candidato a intendente al titular de ARSA, Roger García, e incluye como aspirantes a ediles a dirigentes radicales enrolados en el sector Rojo más Rojo del sector que conduce el ex gobernador Miguel Saiz.
Las últimas novedades provenientes de Sierra Grande indican que Nelson Iribarren, el ex intendente radical está próximo a aceptar un ofrecimiento de colaboradores del gobernador para presentarse como candidato en los comicios del 3 de mayo. Y se sabe que mientras piensa que hacer, también está barajando el ofrecimiento que le efectuó Mendioroz para presentarse como aspirante a legislador por la UCR en el circuito serrano
Comentarios similares recorren la geografía provincial y en todos lados hay radicales y peronistas, principalmente, -los unos y los otros- que se cruzan de vereda o están rezando para ser convocados. Es decir que la muerte de Soria y la irrupción de Weretilneck en la política provinciana de Rio Negro ha generados repercusiones en el peronismo y en el radicalismo cuya dimensión todavía es prematuro analizar.
Pero dos acontecimientos celebrados ayer, extrañamente coincidentes como el lanzamiento de “Juntos Somos Río Negro” en Cipolletti, y el congreso justicialista de El Bolsón, forman parte de esta historia que recién comienza a escribirse. Además “de las inmejorables relaciones con Martin Soria,” sinónimo hoy de la unidad en el justicialismo, como anticipara Miguel Pichetto a la agencia APP, la noticia fue la presencia del Secretario General de la Presidencia de la Nación Aníbal Fernández. El funcionario nacional de los prominentes bigotes reclamo al gobernador Weretilneck que convoque a las PASO como manda la ley, aunque existe la sospecha que el ex intendente de Quilmes no está debidamente anoticiado que aquí, los principales dirigentes políticos en general y los del gobierno, en particular, no quieren saber nada con el tema de las meneadas primarias. (Omar N.LIVIGNI – Agencia APP)
Ambos viven procesos similares con algunos puntos en común, con la aparición de fuerzas centrifugas que buscan otros ámbitos en disconformidad con sus respectivos niveles de conducción y con la decisión de dejar atrás muy fuertes historias de pertenencia individual y colectiva para enrolarse en nuevos proyectos políticos.
Estos procederes no surgieron por manifestación espontánea, sino que fueron estimulados por factores exógenos. En el caso del peronismo por la prematura muerte del ex gobernador Carlos Soria y la irrupción de Alberto Weretilneck como factor de poder real desde el gobierno y en la UCR por el fortísimo impacto de la derrota electoral del 2011.
Estos hechos son como el anverso y el reverso de una misma moneda. El PJ logró superar sus viejas antinomias, algunas que aparecían como irreconciliables y recuperó la consideración de los rionegrinos, mientras que ese triunfo en las urnas fue un verdadero fin de ciclo para el radicalismo, que debió replegarse a cuarteles de invierno y regresar después de 28 años al duro terreno del llano opositor.
La súbita desaparición de Soria, desalentó las esperanzas del peronismo e hizo que quedara trunco un proyecto que afrontó la campaña electoral victoriosa sin ser suficientemente conocido por la opinión pública y sólo explicitado por algunos enunciados muy genéricos formulados en algún discurso de las nuevas autoridades.
Desaparecido el líder llegó rápidamente la desorientación, la intranquilidad y también las inevitables sospechas. ¿Quién reemplazaría al timonel de grueso vozarrón y frases resonantes? ¿Para donde se dirigiría la nave del estado? ¿Cómo repercutiría la muerte de Soria en el peronismo? ¿Qué suerte correrían los integrantes del equipo de funcionarios ante un cambio inminente que estaba anunciado por los hechos?
La fatalidad contribuyó a cambiar drásticamente el escenario rionegrino, demostrando la fuerza de los imponderables en toda actividad humana, inclusive en el quehacer político.
Se impuso en aquellos momentos la opinión de que el vicegobernador Alberto Weretilneck asumiera el cargo vacante, adoptando el criterio establecidos en la constitución para evitar un nuevo llamado a elecciones, recomendación que brindó también la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien a partir de ese momento siguió atentamente el curso de los acontecimientos.
Con la lógica histórica que es de imaginar el poder nuevo rápidamente colisionó con el poder viejo.
Weretilneck es alguien que no estuvo dispuesto a ser vicario de nadie, con el dato adicional importante de que el flamante gobernador no provenía de las filas del justicialismo, sino del Frente Grande y otros agrupamientos políticos anteriores.
No se conformó con el rol de gerente que se le pretendió asignar-como dice- y desde ese mismo momento buscó su propia base de sustentación construyendo en perspectiva un poder distinto al anterior, pero que lo tuviera como vértice y máximo referente hacia adentro y hacia afuera del gobierno.
A poco de andar se pudo constatar y así lo hicieron los máximos dirigentes del justicialismo, que la era Soria había sudo superada por los hechos, y estaba naciendo un nuevo poder, una nueva etapa que aspiraba a edificar otra estructura de mando, con otros fines y si era necesario con otros hombres en los primeros planos del gobierno y la administración.
Weretilneck, con una importante experiencia en Cipolletti durante su gestión como jefe comunal, había sido colaborador de Rudy Salto y después de Julio Arriaga y se movía a su vez con un grupo de allegados entre ellos Luis DI Giácomo, Fabián Gatti, Elvis Cides y Luis Bardeggia, entre otros, hoy alguno de ellos legislador nacional y el resto importantes funcionarios de su administración.
Desde que juró, de una u otra manera empezó una lucha sorda a veces explícita con el presidente del PJ Miguel Pichetto, quien descontaba que tarde o temprano quien estaba sentado ahora en el sillón de Castello optaría por un curso de acción paralelo, y autónomo, entre otras razones porque ambos dirigentes aspiraban a los mismo: la gobernación de Río Negro.
Esa superposición de roles y especialmente de fines no pudo ser conciliada ni en la Casa Rosada y esa puja también repercutió en el incipiente gobierno cuya expresión fue una especie de guerra de guerrillas de baja intensidad entre “albertistas” prematuros, “pichetistas” y “soristas”. Eso ocurrió hasta la bifurcación del camino en forma definitiva entre el gobernador y el senador nacional, cuando Weretilneck decidió homogeneizar el poder promoviendo en los lugares claves del manejo del estado a personas de su extrema confianza.
En ese momento se empieza a hablar” del gobierno de Weretilneck”, sin tutelas ni supervisiones. Paralelamente Weretilneck utilizó el ejercicio del poder complementando la tarea de gobierno con una intensa actividad en las distintas regiones de la provincia, visitando mas de una vez ciudades, pueblos y parajes, contactos y relaciones que forjaron las bases de lo que se anuncio el sábado en Cipolletti, “Juntos Somos Rio Negro”, como el conjunto de partidos transformados en el vehículo de opinión que llevara a Weretilneck a disputar la gobernación y buscar reelegirse por otros cuatros años
En ese proceso de acumulación jugaron un rol importante dos dirigentes justicialista como son Pedro Pesatti, actual vice gobernador, casi seguro numero dos en la fórmula a la gobernación, y Matías Rulli, secretario general de la gobernación, quienes sin renegar de su filiación justicialista decidieron sumarse a este nuevo proyecto, con la aspiración de quebrar el monopolio que venían ejerciendo el justicialismo y la UCR y eventualmente el ARI de la senadora Magdalena Odarda, quien obtuvo 90 mil sufragios en la última elección.
El dato sustantivo es el éxodo de peronistas al “albertismo”, cuya dimensión todavía es imposible de cuantificar, un paso complejo, arriesgado, que significa para el que se va del PJ iniciar una senda de muy difícil retorno y poner punto final a una fortísima historia individual y colectiva de ideales y compromiso.
Pesatti, a quien sin ningún reparo se lo puede individualizar como uno de los ideólogos de la matriz conceptual de “Somos Río Negro,” es decir su línea programática, ha volcado en el seno del gobierno y con una continuidad sistemática el principio de que no puede haber un proyecto político sustentable si no se afirma sobre el concepto de la integración provincial como elemento de cohesión entre los rionegrinos
Recientemente Weretilneck tradujo en una acertada síntesis que “la integración es lograr la igualdad de todos los rionegrinos, que todos tengan igualdad de oportunidades” . Pesatti redondeó aún los términos en declaraciones al diario “Noticias”, afirmando que “Somos Río Negro, es una construcción plural que tiene como idea organizadora trabajar por la unidad e integración, poniendo en relevancia esta necesidad de afianzar el territorio, la población y equilibrar las regiones”
Toda esa fraseología con palabras similares y los mismos alcances se pueden encontrar en los discurso del gobernador Edgardo Castello, 1958-1962, ante la legislatura, rescatando el valor de la integración que en aquella histórica administración tuvo el valor de un legado y un principio, vertidas sobre las heridas de los enfrentamientos regionales por la cuestión capital, en los tramos liminares de la joven provincia naciente.
En este marco, acuden a la memoria de quien escribe estas líneas una obra del filósofo español Ortega y Gasset, cuando en “La España Invertebrada”, advierte a sus conciudadanos, años antes de la guerra civil, sobre los peligros y los efectos disolventes de “los particularismos” y los “separatismos”.
Pero así como se ha hecho referencia al trasvasamiento de justicialistas al gobierno y a las filas de Weretilneck, hay que decir que sucedió lo mismo con dirigentes y afiliados de la Unión Cívica Radical, que pese a que reivindican su corazón “boina blanca” se han pasado con armas y bagajes al oficialismo, en algunos casos sin el mínimo pudor, tránsito también muy difícil de medir. Uno de los casos mas emblemáticos es el de Daniel Sartor, ex ministro del gobernador Pablo Verani y del ex presidente Fernando De La Rúa , transformado hoy en uno de los dirigentes políticos más allegados al gobernador Weretilneck.
Es un secreto a voces en toda la provincia que “El Fino”, su apelativo más conocido, es un operador y armador todo terreno a favor del proyecto del gobernador y se encarga de reclutar radicales en los distintos niveles del partido a quienes contacta con el primer mandatario o a los funcionarios, para obtener para sus “correligionarios” algunos favores oficiales.
Este “modus operandi” empezó a conocer algunas reacciones dentro del radicalismo y le llegaron algunas advertencias a Sartor en el sentido de que ese tipo de conductas realizadas a título exclusivamente personal, compromete al partido, que ya demasiados problemas tiene.
En este tinglado político además de los pro-Weretilneck, se encuentran dirigentes como Bautista Mendioroz, cercano a la senadora Odarda, quienes apuntan a constituir el UNEN contra viento y marea.
Pero hay de todo en la viña del señor. En Choele Choel por ejemplo la lista municipal del “albertismo” lleva como candidato a intendente al titular de ARSA, Roger García, e incluye como aspirantes a ediles a dirigentes radicales enrolados en el sector Rojo más Rojo del sector que conduce el ex gobernador Miguel Saiz.
Las últimas novedades provenientes de Sierra Grande indican que Nelson Iribarren, el ex intendente radical está próximo a aceptar un ofrecimiento de colaboradores del gobernador para presentarse como candidato en los comicios del 3 de mayo. Y se sabe que mientras piensa que hacer, también está barajando el ofrecimiento que le efectuó Mendioroz para presentarse como aspirante a legislador por la UCR en el circuito serrano
Comentarios similares recorren la geografía provincial y en todos lados hay radicales y peronistas, principalmente, -los unos y los otros- que se cruzan de vereda o están rezando para ser convocados. Es decir que la muerte de Soria y la irrupción de Weretilneck en la política provinciana de Rio Negro ha generados repercusiones en el peronismo y en el radicalismo cuya dimensión todavía es prematuro analizar.
Pero dos acontecimientos celebrados ayer, extrañamente coincidentes como el lanzamiento de “Juntos Somos Río Negro” en Cipolletti, y el congreso justicialista de El Bolsón, forman parte de esta historia que recién comienza a escribirse. Además “de las inmejorables relaciones con Martin Soria,” sinónimo hoy de la unidad en el justicialismo, como anticipara Miguel Pichetto a la agencia APP, la noticia fue la presencia del Secretario General de la Presidencia de la Nación Aníbal Fernández. El funcionario nacional de los prominentes bigotes reclamo al gobernador Weretilneck que convoque a las PASO como manda la ley, aunque existe la sospecha que el ex intendente de Quilmes no está debidamente anoticiado que aquí, los principales dirigentes políticos en general y los del gobierno, en particular, no quieren saber nada con el tema de las meneadas primarias. (Omar N.LIVIGNI – Agencia APP)
domingo, 8 de febrero de 2015
La guerra contra el Paraguay, hoy (Por José Pablo Feinmann)
1861-1865: Guerra civil norteamericana. El Norte industrialista de Lincoln derrota al Sur algodonero de Jefferson Davis.
El Sur (gran proveedor de algodón y tabaco para Inglaterra, de la
que importaba hasta la vajilla de las grandes familias) queda destruido.
Inglaterra pierde a uno de sus proveedores privilegiados. Sobre todo
falta algodón. Los ingleses miran el mapa del mundo y se preguntan:
¿dónde hay algodón?
Respuesta: En el Paraguay, país esencialmente estatista y
proteccionista. Sarmiento lo llama “la China de América”. Inglaterra
arregla con Brasil y Argentina el Tratado de la Triple Alianza.
Argentina hace la guerra al Paraguay, no como dice nuestra historia
liberal oligárquica (o sea, porque Solano López atacó dos lanchones),
sino porque el Sur perdió la guerra, Inglaterra se quedó sin algodón y
necesita importarlo urgentemente de otro lado. En ese momento el algodón
valía para Inglaterra lo que vale hoy el petróleo para EE.UU. Los dos
lanchones que el Paraguay le hundió son el Pearl Harbour de Mitre, sus
Torres Gemelas. El gran pretexto para entrar en una guerra que valoraba
como imprescindible.
Es, en rigor, necesario plantear esta situación porque nadie lo
hace. El fin de la Guerra de Secesión norteamericana determina –por
medio de la derrota catastrófica del Sur– la empresa de la Guerra contra
el Paraguay. Brasil, aliado natural de Inglaterra, acepta con
entusiasmo. Mitre, enemigo feroz de López y de los caudillos del
interior mediterráneo, tiene también que intervenir. El Uruguay se suma.
¿Por qué Inglaterra requiere tan imperiosamente de algodón? Veamos:
¿Cuánto vale un obrero? ¿Cuál debe ser su salario? Respuesta que da Marx
en El Capital: el salario de un obrero es el equivalente del valor
necesario para mantenerlo con vida y trabajando. Principal gasto del
obrero: comida y vestimenta. ¿Cómo bajar los salarios y aumentar la
ganancia? Reduciendo los costos de las materias primas. Para la ropa el
algodón es esencial. Eso permitirá mantener los salarios y, a la vez,
aumentar la tasa de ganancia.
Ergo, si el Sur murió, traer el algodón de Paraguay. Si no lo quiere
entregar: hacerle la guerra. ¿No es curioso y notable que la Guerra
Civil Norteamericana termine en 1865 y en ese mismo año empiece la del
Paraguay? No, tiene una coherencia absoluta. Ya lo vimos. Pero
Inglaterra, aunque financie la guerra y ayude con armamentos, no puede
intervenir directamente. Por tanto, la Guerra la harán sus aliados
latinoamericanos: Buenos Aires, Brasil y Uruguay. Para Mitre, además,
esa guerra implica la otra, la que empezó después de Pavón, la que llamó
“guerra de policía”, el exterminio de las montoneras gauchas, que
respetaban y respaldaban al Paraguay de López, al que no veían como un
“país extranjero”. Para los gauchos de Varela eran más hermanos los
paraguayos que la elite de Buenos Aires.
Fundamental en todo esto: la traición del federalismo mesopotámico
de Urquiza al federalismo mediterráneo de Varela. Y al proyecto de
desarrollo autónomo bajo control del Estado proteccionista paraguayo.
La situación argentina es muy original. Si Urquiza se ponía del lado
de los federales (que, históricamente, eran sus compadres), si Urquiza
veía en Mitre otro Rosas, si conservaba su ambición y quería volver a
ponerse al frente de la Confederación Argentina, ahora con el respaldo
de Solano López y todo el federalismo, si marchaba otra vez sobre Buenos
Aires, mucho habría cambiado. Hay aquí un acontecimiento fascinante:
papel de la parte (el individuo Urquiza) en la totalidad (la Historia).
¿Y si Urquiza no se dejaba comprar?
No existía esa alternativa. La modernidad argentina sólo podía
realizarse con el respaldo británico. Fue, de esta forma, una modernidad
neocolonial. Inglaterra nunca habría negociado con Urquiza y Varela y
López. La elite porteña le caía mejor. Eran señores con modales
burgueses. Eran educados, no bárbaros. Aun Urquiza debe haber visto
demasiado grande la tarea de negociar con Inglaterra el desarrollo
neocolonial del país. Prefirió irse a su casa y dejar la gran tarea a
Buenos Aires. No era Rosas. Que mantuvo al país ajeno a la invasión
“civilizadora” durante veintidós años, aunque sin saber modernizarlo por
su cuenta. El que lo hizo fue Solano López, en el Paraguay, con
proteccionismo e intervención estatal. Mitre fue muy exacto cuando les
dijo a sus soldados que en sus bayonetas llevaban el librecambio. Así,
la Guerra del Paraguay fue la guerra entre el librecambio (que hoy
llamaríamos economía de mercado) de Buenos Aires y el proteccionismo
(que hoy llamaríamos intervencionismo de Estado) del Paraguay. El
librecambio de Buenos Aires arruinaba a las provincias mediterráneas,
enriquecía (en tanto socio subalterno) al litoral mesopotámico que
manejaba Urquiza y requería aniquilar al Paraguay de López, no sólo por
el algodón británico, sino por el ejemplo malquerido de su
proteccionismo estatal.
El Paraguay queda arrasado, como el Sur. Pero Mitre no es Lincoln.
Escribe Alberdi: “La revolución en Norte América ha tenido un triunfo de
civilización y progreso; en el Plata, de feudalismo y retroceso.
Lincoln ha muerto por la libertad de los negros en América: Mitre expone
hoy su vida por la esclavitud de los negros, como aliado del Brasil.
Lincoln era el instrumento providencial de la república; Mitre lo es de
la monarquía esclavizante del Brasil (...) Mitre es el Jefferson Davis
del Plata, sin el coraje y la franqueza del ex-presidente del Sud”
(Póstumos V, Cap. XXXVI).
Toda América latina (todos los países que han optado y siguen
empecinadamente optando por un régimen económico proteccionista, con
intervencionismo estatal de mercado y democracia política) semeja hoy la
situación del Paraguay en el siglo XIX. Como en Argentina, y en América
latina toda, triunfó el Sur y no Lincoln, triunfaron, decimos, las
elites centrales aliadas al imperio y entregadas a la economía liberal
del monocultivo exportador y, por tanto, antiestatista. Son ellas,
entonces, hoy en la oposición, las que tienen que renegar de esos
estados nacionales intervencionistas y de espíritu distributivo. El
Occidente capitalista (bajo la hegemonía de Estados Unidos) tiene que
volver a instaurar el neoliberalismo de mercado (eso que, en Mitre, era
el librecambio) para llevar a cabo sus formidables negocios de la década
del ’90 bajo las regulaciones de los diez puntos de John Williamson, el
inspirador, el teórico del Consenso de Washington. Con otras caras, con
otros métodos, con otros muertos, con una prensa que entonces no
existía (Mitre fundaría La Nación en 1870, año en que terminaba triunfal
la Guerra contra el Paraguay) y hoy es el ariete más agudo con que se
ataca la estabilidad de los gobiernos proteccionistas, la Guerra contra
el Paraguay (que es una guerra del Occidente capitalista contra la
protección de la libertad, la economía y el Estado de los países
sudamericanos) se sigue desplegando ante nuestros ojos.
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