domingo, 5 de mayo de 2013

Manhattan transfer (Jhon Dos Passos)

Persecución de la felicidad, Inevitable persecución…
Derecho a la vida, a la libertad y…Una noche negra sin luna.”
Jhon Dos Passos
La ciudad de Nueva York está compuesta por muchas partículas que fluctúan e interactúan todo el tiempo entre sí. Juegan, dándole una movilidad constante que permite su progreso y cambio. Una transformación que a medida que corre el tiempo, no sólo afecta a la ciudad sino también a quienes la habitan. Todos los actores de este espacio viven una psiquis diferente, lo cual permite que la ciudad sea un espacio polifónico. Se teje con gran variedad de hilazas dejando ver como se convierte en un collage de vidas, de rituales del cotidiano. Mostrando cómo éstos sujetos son víctimas de un proceso de integración a éste agente contenedor llamado ciudad.
Manhattan Transfer deja explicita su condición desde el inicio. Transfer, es decir, transformación y proceso de cambio. Una ciudad que busca ser algo, no se sabe a ciencia cierta que. Jhon Dos Passos muestra como la ciudad a medida que va progresando, juega un rol diferente con cada uno de sus actores y al analizar la respuesta de estos, podríamos decir que en cierta medida la ciudad les acepta o rechaza.
Nueva York es la metrópoli que funda un estado inicial en el que empezarán a transitar los personajes. Más tarde entra en juego la crisis económica y la primera guerra mundial que conseguirán que la ciudad se transforme a una velocidad caótica y que automáticamente ejerza una fuerza selectiva sobre todos los actores. Para analizar este proceso de Transfer que sufre no sólo la ciudad, sino también los urbanitas, estudiaré la novela en sus tres secciones y en cada una veremos la transformación de los personajes.
En la primera sección, Nueva York constituye un espacio de anonimato para los sujetos que llegan o que nacen. Ellen, aparece convertida en ese bulto amorfo que suele ser un bebe, Jhon Dos Passos la describe como “un hervidero de gusanos”. Lo cual se convertirá también en la primera iconografía de la ciudad, atestada de urbanitas que se retuercen entre las calles, entre el calor y la ofuscación, no deben parecer otra cosa que gusanos. En esta sección se observa cómo los sujetos se plantean en una posición inicial frente a la ciudad que se transforma en metrópoli y de que manera interfiere para hacer que los sujetos cambien y se instauren en un rol o perezcan en el intento.
Ed Thatcher se enmaraña inmediatamente en el rol de ser padre y asume una figura protectora hacia Ellen y Susie. La capacidad creadora del hombre hace que Ed esté lleno de felicidad y gozo, lo cual gira como fortuna y le muestra la verdadera cara de N.Y: pretenciosa y tramposa. En la mente de Ed se vislumbra la figura de una Ellen proyectada hacia la ciudad, pulcra y revestida de atributos morales. Esta utopía se va desvaneciendo a medida que Ellie tiene un contacto directo con la ciudad. Una visita al teatro (propiciada por su padre) fijará sus propósitos: No ser niña, porque las mujeres se quedan en casa y su madre enferma, mientras por fuera hay un teatro que representar. Entonces adopta la figura masculina de acuerdo con la moral que rige la ciudad, es el hombre la figura fuerte. La niña crece sin su madre, lo cual le permite seguir construyendo la psiquis masculina, pues sólo tiene como referencia la imagen de su padre. En este punto el miedo juega un papel importante, pues se apodera de Ellie por las noches, se transforma en un violador que acecha y que se oculta en la calle inmensa. Sin embargo su ansia masculina le permite ocultar los miedos y simular fuerza ante sus compañeritas, pues ella no es una niña sino un chico.
-No hay miedo de que me secuestren a mí,
-Ellen. Eso sólo les pasa a las niñas.
-¿Cuándo yo sea grande podré hablar así a la gente de la calle?
-No, querida, ciertamente que no.
-¿Y si fuera chico podría?
-Creo que podrías.” i
Ed Thatcher depende de la presencia de Susie, pues es ella quien le indica como se debe comportar y que acciones seguir. Con la desaparición de Susie, lo primordial será que Ellie viva con lujos mínimos, que según el imaginario de triunfo, hará que los niños crezcan sanos lejos de los vicios que pululan en las calles. El único deseo firme de Ellen serán sus caprichos. Vivirá basada en su niñez como la situación idílica que le corresponde en la vida, un mero juego sin implicaciones serias. Entonces antes de que acabe su adolescencia y se defina adulta. Ella se expulsa de esta formación por medio del matrimonio, lo cual la convertirá en una mujer antes de que ella pueda saber de verdad lo que es. De nuevo ante la evasión de sus temores y llegará el momento en que esté feliz.
Un gran personaje se construirá en Bud. Huye del interior del país, de un ambiente rural para darse de frente con el cemento y encontrarse con el culto de la imagen, la tortura del hambre. Bud se somete a un cambio físico, con lo cual se queda a mitad de camino, pues en la búsqueda del éxito también cuenta el carácter. Bud no es bien recibido por la ciudad, sólo en una ocasión beberá invitado y gozará de unas caricias también invitadas. Kopperning no sabe como debe enfrenta a Nueva York, por esta razón vivirá en la frontera. Se constituirá como un outsiderii y, como el mejor de los vagabundos, buscará vivienda en el espacio que no pertenece a nadie, o más bien en los sitios de transitoiii. El puente le permitirá conocer la miseria y tendrá un encuentro con personajes que son cómo él, y que ambicionan igual que él un fajo de billetes. Este puente es un espacio de viaje por medio del cual Bud salta a la vida que siempre esperó en busca de alguna mísera transformación.
Emile y Congo son camareros en un barco. Emile por un lado harto de la vida en el mar quiere probar suerte en Nueva York. Congo parece un poco más bohemio pues se queda haciéndole compañía a Emile, lo mismo le da salir en un barco que quedarse en tierra firme. Congo es un personaje que se moverá con rapidez y todo el tiempo encontrará en el viaje una alternativa para refrescar la búsqueda del tan anhelado éxito. Ambos se quedan de camareros, ante lo que se verá que mientras la conducta de Congo opta por la salida de la ciudad Emile prefiere usar el método de la ascensión social, aparece Madame Rigaud, no solo como mujer sino como objeto que se debe alcanzar, una tienda que administrar.
Jimmy Herf llega con su madre a N.Y. Situado en una posición social favorable. Una característica importante en este personaje es que no se ubica en un lugar especifico, es decir, permanece en un sitio de transito representado en el hotel, sin un hogar fijo y únicamente su madre, ella su refugio y su protección. Un niño asustado ante la inmensidad caótica de la ciudad. A causa de la enfermedad de Lily, Jimmy se ve obligado a frecuentar la casa de sus tíos, donde se enfrentará por primera vez ante un rol y será recibido a golpes. Los Merivale quedan a cargo de Jimmy en el momento que muere su madre. Sus tutores pasan a ser su familia, en la cual priman los deberes católicos y la búsqueda del éxito cómo la única manera de ser feliz. La desaparición de Lily es un duro golpe para Jimmy, pues no sólo pierde su punto de conexión al mundo, sino que es arrojado de improviso a la vida social y es acechado por su tío Jeff que busca que la herencia quede en manos de su empresa.
Yo no creo que tengas una noción clara de las cuestiones monetarias… hmm… Un entusiasmo suficiente para ganarte la vida, para tener éxito en este mundo. Mira a tu alrededor… El ahorro y el entusiasmo han hecho de estos hombres lo que son” iv
En el primer round que enfrenta Jimmy se podría decir que sale victorioso en la huída, aunque se muestra sumiso ante las propuestas del tío. Su interior hierve en decepción y melancolía, la única salida es el escape de la ciudad.
El tío Jeff y su oficina se pueden ir al diablo” v
George Baldwin será un personaje fundamental, pues a partir de su necesidad de reconocimiento como abogado, debe sacar provecho del accidente de Gus Mcneil. Lo cual se convertirá en un vórtice que los unirá y construirá sus futuras carreras, el uno como reconocido abogado y el segundo como político corrupto.
George no sólo se encuentra en una situación desesperante a nivel económico, sino que le acosa la imagen de una mujer hermosa, que es representativa en dicho universo de los negocios y la gente de la alta clase. Así interactúa con Nellie, que necesita de ese calor que le brinda George para sentirse mujer dado que Gus esta quebrado quien sabe en cuantos pedazos. Gus Cobra la indemnización, adquiriendo así un nivel social nunca esperado (antes del accidente quería volver a las labores del campo). En este trío, lo fundamental es el poder. Así Nelly podrá fácilmente regresar al lado de su nuevo adinerado esposo.
Esta primera sección se construyen identidades y situaciones básicas para continuar la historia: Ellen se reafirma como niña(o), Jimmy desprecia a N.Y y se hace evidente su anomiavi, Bud fracasa en su proceso de adaptación, Emile se instala cómodamente, Congo peregrino, George y Gus le dan inicio al poder político. Con estos personajes configurados se da paso a la siguiente sección en donde N.Y plantea nuevas situaciones, entrelaza los personajes y exige de nuevo un cambio, mientras atraviesa por una crisis económica y se presenta el inicio de la guerra.
La ciudad ejerce una presión que exige que el urbanita busque una salida de evacuación, una ruta de escape hacia el olvido, la no-conciencia de ese espacio animalizado, necesaria para que el ser humano de un respiro y descanse de su opresión. El licor aparece constante y con presencia fuerte en la vida de los ciudadanos. Necesario a diario para algunos, transformador y revelador para otros.
En está sección hay un capítulo titulado “Fuimos a la feria de los animales”. Donde claramente se muestra como todos los urbanitas entran en un proceso de transformación de acuerdo con el ambiente en que se mueven. Todos los personajes se encuentran reunidos en un bar-restaurante y aparece el licor. En estado de embriaguez el hombre se muestra tal como es; animal celoso y posesivo que defienden su territorio, otros que se esconden y estallan, otros que sencillamente corren por la calles lluviosas clamando una respuesta a esa incógnita llamada vida en N.Y. Una vida animalizada en esa jungla de seres carnívoros que huyen de sus propias vidas, de esa ciudad en caos que no les deja descansar.
Mientras tanto los personajes buscan la felicidad, el éxito o por lo menos un empleo. Ellen aparece como el eje de N.Y con el éxito tremendo que tiene en el teatro, pero en su interior se teje el hartazgo, la llenura de hombres que la rodean y que quieren acceder a ella. Ante tanta oferta adopta su papel masculino y presenta a una mujer liberada. Se divorcia de Jojo, después de haberle puesto un sin fin de cuernos. Ellen interactúa con los personajes y sólo construye relaciones efímeras que se evaporan después de una conversación. Aparece un hombre que llena las expectativas de Ellen: Stan y su incontrolable deseo de embriaguez para escapar, Ellie encuentra en él a un niño del cual debería cuidar. Stan vuelca a Ellen en la desesperación y la sume en el abandono luego de que aparece casado para enfrentar la muerte.
las dos mujeres lo empujaron al cuarto de baño. Él se desplomó flácido, en la bañera, y se quedo dormido con los pies en el aire y la cabeza sobre los grifos. Milly chasqueaba la lengua rápidamente.
-Es como un bebé que tiene sueño cuando se pone así-murmuró Ellen con ternura”vii
Sin este único deseo de poseer a Stan, Ellie sufre la anomia. La ciudad le hace una mueca, pues el éxito, lo único que regala es el constante acoso de los pretendientes, que desean atar una cadena a su cuello. Finalmente esa pequeña broma que le juega Stan al dejarla preñada, en tal situación la única salida es la muerte de nonato.
Jimmy inicia su carrera de periodista y se encuentra un poco centrado económicamente. Aunque su sensación de ciudad aun presenta un panorama desolado, de transiciones y caminatas en la calle bajo la lluvia. Ellen se muestra ante él cómo la posibilidad, el encanto femenino. Más tarde se encontrará con Joe Harland (Tío) y podrá contemplar cómo es que se juegan los roles en N.Y, pues si un día se despierta en la opulencia, al día siguiente se puede estar durmiendo bajo un puente. Otra persona que influye en la vida de Jimmy es Stan, pues le presenta un mundo inconstante, lleno de necesidades que la ciudad no puede suplir y ante la cual lo mejor es el olvido y enfrentarse luego con la resaca. Ante la guerra, para Jimmy se abre una alternativa de escape de la ciudad, buscar por fuera de ese nido de ardillas que corren despavoridas, ese hervidero de gusanos, ese sentirse mosca que se asea únicamente para enfrentarse a la muerte.
Baldwin se convierte en uno de los abogados más prestigiosos de N.Y y permanece aliado con Gus Mcneil, quien en la opulencia bajo las embestiduras públicas se convierte en un corrupto que puede solucionar cualquier problema de poder que se presente en Nueva York. Pues en sus manos tiene la formula “votantes” para seguir con el mando del bastón de oro. George aunque también con el dinero y la posición social en las manos, lo único que le hace falta es la ambición de una mujer hermosa que ya no puede fijar en la regordeta de Nelly y tampoco Ellen satisface las peticiones de George, pues su espíritu libre o más bien indeciso opta por rechazar las cadenas de oro.
Stan juega un papel similar al de Bud Kopperning, pues aunque no es un vagabundo. Vive como ser fronterizo, siempre perdido en las calles bajo el efecto del licor. Despreciando pero aprovechando la aristocracia. Un ser liminal que va y juega siempre al olvido. Rehuyendo del éxito y buscando amores esporádicos. Stan como buen representante del outsider, permanece en la calle, más que en su propia casa que en ningún momento es mostrada; anda en los bares, en los restaurantes y si desea dormir busca la casa de Jimmy. El hogar de Stan está figurado en su automóvil que siempre lo transporta de un lugar y de una situación a otra. Finalmente aparece casado y tratando de formar un hogar con una chica que probablemente no conoce. Stan es dominado por el movimiento, la no adaptación termina por expulsarlo y le regala la muerte.
Abandonando la segunda sección vemos que los urbanitas han interactuado entre ellos generando situaciones que determinarán el proceso de la ciudad que está naciendo y que se enfrenta con los sujetos que la habitan. Los trastoca y les indica que deben cambiar, los enfrenta y les dice: aquí vives y así es como se vive. En la tercera sección se revela que la primera guerra mundial terminó y lo que se muestra es el cuadro que vive Nueva York, de cómo sus personajes son tocados y transformados. En esta última parte se puede ver la carga que pesa sobre los ciudadanos, como un caos que anuncia el apocalipsis. Encarcelados por esa ciudad que ya no es la misma que dejaron hace años, esa ciudad que los recibe imposible. El escape, el licor es prohibido.
En este entorno de prohibición aparece de nuevo Congo Jake ser liminal que habita en el puerto, esa frontera que le facilitará el contrabando. Intercambiar, no sólo licor, sino también de roles y así se constituirá Congo como un personaje que alcanza un estado de confort, eleva su estatus social. Entonces se hace entendible la dualidad triunfo fracaso. Pues mientras que Congo, asciende. Jimmy Herf se inclina hacia la nada, en un estatus de asalariado y abandonado. La vida forajida de Congo se convierte en ejemplo de satisfacción o por lo menos de vida interesante. Incluso Jimmy, mientras cuenta el espectáculo de cómo llega el contrabando por medio de su amigo, se atribuye algunos hechos que él en realidad no había realizado, se atribuye un carácter heroico, sabiendo a ciencia cierta que él es el anti-héroe neoyorkino.
Oh, yo andaba por allí, cuidando de no meterme el peligro. No podía distinguir los de un bando de los del otro…Todo estaba oscuro y húmedo…Aquello era un lío… Al final saqué a mi amigo el bootlegger de la refriega cuando le rompieron la pierna…La pierna de palo.
Todo el mundo gritó. Roy llenó otra vez de ginebra el vaso de Jimmy.
-¡oh, Jimmy-arrullo Alice-, que vida más emocionante!”viii
Jimmy regresa a N.Y, no por volver a la ciudad, sino por Ellen y su hijo. El personaje de Jimmy se ve cada vez más nihilizadoix, pues necesita fingir que le agrada la idea del regreso. Pero se siente fracasado por haber regresado. Lo único que hace es vagar por la calles buscando borrachera, transformándose en las avenida y viviendo aventurillas en el puerto. Se niega al trabajo en un principio, pero no puede dejar que Ellen lleve toda la obligación. Finalmente Ellen lo abandona, y él se va directo a la nada, admite la derrota por las calles de Nueva York y parte hacia cualquier lugar.
Ellie es una niña que sabe jugar, sabe que es caprichosa y que siempre va a estar papí allí para cumplir sus deseos, sus exigencias, atender sus banalidades. Todos los hombres son manipulados por Ellen. Sin ningún problema ella decide regresar de Europa. El éxito la recibe de nuevo con los brazos abiertos y le sobran las ofertas de empleo. Ellen podría metaforizarse con la ciudad, sin embargo yo prefiero llamarlo como una relación de madre e hija, Ellen es la chica preferida de la ciudad, que tiene las puertas siempre abiertas, sin embargo no son hijos eternos y por lo tanto hay varios, Ellen está a punto de ser reemplazada por la ineluctable mano del tiempo. George Baldwin la seduce con lujos. Ellen abandona a Jimmy, aburrida de la literatura y de las ideas izquierdistas. La ciudad aunque su madre, no puede llenar la idea de amor de Ellen, ni tampoco podrá hacerlo ningún hombre que pretenda hacerse su dueño.
-Yo creo que no amo a nadie por mucho tiempo, a menos que estén muertos… Soy una criatura imposible. ¿Para qué hablar de ello?”x
Ellen decide quedarse con la vida lujosa que le ofrece Baldwin, si igual será una vida sin amor mejor que sea bien vivida. George Baldwin alojara su tristeza y su vejez en Ellie aunque ella no le quiera, pues su deseo solo es tener un regazo de mujer elegante y hermosa en el que se pueda refugiar. La vejez acometerá con Ellen y la entregará en brazos de un hombre que la hará ver más joven.
La guerra marcará fuertemente una gran parte de la ciudad, y marginará a los veteranos de guerra, que fueron héroes de guerra, pero allá en ese continente alejado. La ciudad es otro espacio que les exigirá nuevas batallas. Por un lado Joe o`Keefe se pone al liderazgo de un movimiento de veteranos que peleará por obtener una pensión que les permita vivir placenteramente. Lo cual será aprovechado por Gus y les prometerá apoyo a los veteranos para conseguir votantes y lograr poner a su esbirro en el poder. Gus se ve seriamente contrariado, pues su socio de cabecera George, ha decidido voltearle la espalda y lanzarse al gobierno con otro partido político.
Los veteranos son rechazados de todos los lugares, bien porque no saben hacer nada o porque los ciudadanos temen meter un asesino en su negocio. Así llegamos a Dusch, quien será apaleado por N.Y; se le negará el trabajo y será expulsado de su casa. Acompañado de Francie recorrerá las calles, la ribera del río y transitara el puente. Todo el rechazo que da Nueva York a Dusch lo traerá de nuevo con la idea de regresar al ejército, pues allí por lo menos se come y se duerme. La frustración de Dusch y Francie se transforma en delincuencia pues será este el único medio con el que pueda obtener dinero. La ciudad no cesa y, finalmente logra excluirlos del ámbito social y los recluye en la cárcel.
Pero no todos los veteranos son desdichados. James Merivale representa el rol de militar perfecto que logra alcanzar el rango de capitán durante la guerra. Encuentra una Nueva York de puertas abiertas en cuanto al plano laboral y su familia lo recibe como el nuevo hombre de la casa. Pero esta responsabilidad pesará en demasía sobre los hombros de James y la ciudad se burlara de él, pues su necesidad de ascenso permitirá que la honra de su hermana sea vejada y con ella la reputación de su familia. Su integridad se desmorona, pues pierde autoridad ante él mismo. La ciudad le proporciona una victoria pero al mismo tiempo le da la derrota.
La novela Manhattan transfer muestra con detalle, cómo una metrópoli y su vida acelerada, marca a todos los personajes con un aspecto sombrío y desolador, la derrota de la unidad completa, es decir de la ciudad. A excepción de Congo que al parecer logra escapar de ese territorio salvaje y refugiarse en la tierra de nadie, donde la ciudad se corta, se transmuta y fluctúa. Es el sitio donde el monstruo del umbralxi puede hacer de las suyas.
Gustavo Adolfo Palacios.

Forster y la moral de la inteligencia (Por José Pablo Feinmann)

 El ensayo que acaba de publicar Ricardo Forster es un acontecimiento moral. Apuesta a las ideas, al pensamiento riguroso, a la lucidez. Alejado del odio, de la injuria, de la chicana fácil, de las iras de clase, sólo se propone pensar. Insólito ejercicio en un país en que ya son demasiados quienes no lo hacen. O fingen pensar, pero sólo cultivan la habilidad para disfrazar de elegante discursividad el odio que comparten con quienes los leen y encuentran en sus líneas el camino a seguir. De aquí que califique a este libro de acontecimiento moral. Abre o –al menos– sigue apostando a la posibilidad de un camino alternativo, a una novedad, dentro del campo de las ideas. Bienvenido sea un libro sin odio, bien escrito, con una discursividad clara (que siempre tiene su origen en una buena prosa), profundo, que busca en los hechos, no una necesariedad dialéctica pero sí esas persistencias o pertenencias sin las que nada puede entenderse, que fue la propuesta del temprano posmodernismo de la fragmentación o de los dialectos del admirado por estas tierras Gianni Vattimo, algo que sólo puede explicar la pobreza intelectual, el dualismo que nos arrasa, la aspereza binaria que nos empobrece. Forster escribe para tratar de entendernos mejor. Para que podamos –al menos– intentar un diálogo. Construir un espacio de reflexión que nos aleje de la incipiente, amenazante violencia. A eso le llamo acontecimiento moral. Todo lo que trate de vitalizar la vida, de hacer más transitable y menos sangrienta la historia, es moral.
De Casullo, la influencia en el libro de Forster es grande. Se trata del reconocimiento a un gran compañero y acaso a un maestro. Dieron clases en la UBA y de esa experiencia queda el testimonio insoslayable de Itinerarios de la modernidad. Acaso pocos fueron los no sorprendidos con el giro de Forster hacia la política. El estudioso de Benjamin y el problema –central en todos los tiempos, pero en el nuestro ya trágico, urgente– del mal no parecía el más destinado a abrazar con pasión una causa política. Pero, son sus palabras, “el kirchnerismo vino a enloquecer a la historia”. Creo que también decía al decir eso: y, con fuerza irresistible, a mí. De este modo, desde esa locura fundante apoyada por la más rigurosa conceptualización, por una inteligencia que aborda todos los temas con solvencia y una brillantez que no está al servicio de velar deficiencias especulativas, sino al de potenciarlas, escribe Forster este libro que comentamos: La anomalía kirchnerista (cuya presentación en la Feria del Libro se describe en la página 35 de esta edición). Trata inicialmente la cuestión del populismo. Parece que ese monstruo ha regresado para destemplar las vidas serenas de los ciudadanos consumidores. “Todo se trastoca cuando (el populismo) introduce una cuña plebeya e igualitaria y sale a cuestionar el modelo de apropiación de la riqueza del bloque hegemónico” (Planeta, Buenos Aires, 2013, p. 21). El antagonismo racionalidad-irracionalidad sigue como fundamento de la historia argentina. El orden republicano del que habla la derecha una y otra vez y jamás pudo imponer (salvo al costo de negar a las mayorías o acudir al golpe de estado: menos con Menem, que les puso el peronismo a su servicio) siempre se vio amenazado “por esas ‘masas negras’” (p. 22). Alberdi distinguió entre una democracia bárbara y una democracia civilizada. Decía que la solución del problema argentino era la unión de las dos. Nunca se dio. En el siglo XIX, la democracia civilizada aniquiló a la bárbara y siempre lo hará en las décadas siguientes, en el siglo XX. En el XXI recibe la mala noticia de la anomalía (una extravagancia, una ex-centricidad al orden republicano de la burguesía) del kirchnerismo y ya ha perdido la paciencia. Esto es más de lo que puede tolerar. Es la pesadilla de Mitre. La que plantea Milcíades Peña: ¡Felipe Varela en el Fuerte de Buenos Aires! La izquierda se suma a esta condena con una conceptualización harto repetida: el populismo sólo se propone imponer un discurso demagógico (actualmente se abusa de las sinonimias en el intento, vano, de posar de actualizados, incluso sofisticados: se habla de impostura o de relato ficcional, conceptos acaso ofrecidos por Sarlo o Kovadloff) en tanto deja intransformada la estructura de poder que ha proclamado venir a transformar (Forster, Ibid., p. 23).
Forster es preciso en sus análisis de las figuras ideológicas de la escena política. Por ejemplo: “Nuestros progresistas, todos provenientes de la mitología de la revolución, antiguos cultores de los diversos marxismos y populismos transgresores, han mutado (¡y se le dice “converso” a Víctor Hugo Morales!, J.P.F.) en defensores a ultranza de una alquimia de liberal capitalismo, multiculturalismo importado de los departamentos de estudios culturales anglosajones, institucionalismo dogmático y rechazo visceral a cualquier recuperación de la política como conflicto” (Forster, Ibid., p. 27). Habríamos deseado que aquí Forster mencionara la neurótica negación del pensamiento de Jean-Paul Sartre, que reiría a carcajadas, acompañado por Marx, si le dijeran que la historia como conflicto y antagonismo se la encuentra hoy en Carl Schmitt y su polarización amigo-enemigo. Se recurre a los nazis para evitar a los marxistas. Además, ¡la Crítica de la razón dialéctica es un libro tan largo y difícil! De acuerdo, pero sigue siendo para mí –y sé que para Forster también– la más grande summa metodológica de nuestro tiempo. (¿Nos obligarán a esperar el regreso de Sartre en un avión negro, a postular que es el hecho maldito de la filosofía del imperio y sus departamentos de estudios culturales?)
El análisis de los discursos ideológicos que se arrojan sobre CFK encuentra en el estrafalario artículo de Aguinis sobre las simetrías entre las juventudes hitlerianas y La Cámpora, una inmejorable materia para exhibir los oscuros extravíos a que el odio somete al discurso inteligente. No suele Aguinis penetrar en el discurso inteligente. Lo suyo es el dislate impúdico. Aguinis, piensa Forster, banaliza el horror nazi. Dice que las juventudes hitlerianas eran superiores a las “bandas parapoliciales del cristinismo” porque al menos “tenían ideales”. ¿Cómo? ¿Qué ideales tenían? Los que hayan sido confluyeron en una guerra que sumó entre cincuenta y sesenta millones de muertos. ¿Tiene eso parangón con La Cámpora o algún otro encuadramiento del gobierno nacional, popular y democrático, que postula CFK? Pero, antes, Aguinis incurrió en un delito. Decir el dislate de La Cámpora y las juventudes hitleristas será un arrebato entre otros. Pero no es un delito. Decir que CFK sufre una depresión bipolar (enfermedad mental gravísima) en la Feria del Libro, junto a Jorge Fontevechia y frente a un auditorio colmado es un delito. CFK no era su paciente. Aguinis ni la conocía en persona. Todo profesional serio no hace público, no sólo ningún diagnóstico, sino acaso menos uno de bipolaridad. Escribe Forster: “Cuando en función de la lógica del odio y el prejuicio se pasan ciertos umbrales, ya no estamos delante de una disputa genuina en el interior de una sociedad democrática, que sabe y debe aceptar las diferencias, sino que algunos acaban por hundirse en el pantano de la malversación ética” (Forster, Ibid., p.255).
Nuestro autor dedica sus buenas páginas al análisis de las notas de Sarlo en La Nación. Hasta que llega a preguntar por qué Sarlo no se pregunta ciertas cosas que debiera. Por ejemplo: “¿Se preguntará Sarlo por qué los lectores de La Nación festejan y se sienten tan identificados con sus artículos obsesionados por la figura de Cristina? ¿Y que los dueños del principal diario de la derecha argentina la tengan como una de sus columnistas estrellas, no le hace el mínimo ruido cuando revisa su historia?” (Ibid., p. 245). Le reprocha que no se pregunte por “el famoso lugar de la enunciación”, que no se ocupe de los verdaderos rostros del poder económico, ni de la crisis económica mundial, de los golpes de mercado, de las corporaciones mediáticas, que haya desaparecido de su vocabulario “cualquier referencia a la derecha, al poder corporativo e, incluso, al neoliberalismo” (Ibid., p.246). Y concluye: “Los actuales ‘progresistas’ prefieren desviar su atención hacia los semblantes, las estéticas, el estilo discursivo de Cristina, los simulacros, las ‘carencias republicanas’, el ‘hegemonismo autoritario’ expresado en el uso de la cadena nacional, la supuesta falta de ‘calidad institucional’ y el infaltable latiguillo de la ‘corrupción’. Lo demás es silencio” (Ibid., p. 246). No es arbitrario suponer que el “lugar de la enunciación” en que Sarlo se para es el más adecuado para lo que hoy dice. Habría, también, que rastrear un itinerario que ha girado a la derecha desde el retorno de la democracia para no sorprenderse tanto por su “cambio”. Y habría que leer su prólogo al libro de Héctor Ricardo Leis (Un testamento de los años ’70. Terrorismo, política y verdad en Argentina), libro en que su autor propone “una única lista y un único memorial donde estén los nombres de todos los muertos y desaparecidos: los que mataron la guerrilla, la Triple A y las Fuerzas Armadas” (Sarlo, La trampa terrorista, sobre la violencia de los setenta, prólogo al libro de Héctor Ricardo Leis), para no sorprenderse por un giro aún más profundo hacia la derecha en los tiempos venideros. Que no sea así es algo hondamente deseable para la buena salud de la democracia argentina. Pero el Prólogo al libro del revolucionario que sobrevivió “y siguió pensando” (como si otros se hubieran dedicado a tomar mate bajo la parra del patio en un camino irreversible hacia la idiotez) tiene párrafos escalofriantes que nada bueno hacen esperar. Ojalá me equivoque.

domingo, 24 de febrero de 2013

Artesanias en piedra caliza y madera de piquillín (Balneario El Cóndor - Río Negro)

Cucharón - maza de quebracho (varilla de alambrar)
Lagartijas de la suerte (y la buena onda)
Un buen regalito...

Cuchara tallada en madera de piquillín
 Lagartijas talladas manualmente en madera de piquillín y alerce.

Jaboneras talladas en piedras calizas

Ceniceros de piedra caliza tallados a mano.
Candelabros de piedra caliza de la costa Patagonica.

Piedra caliza de la costa (Balneario El Cóndor- Viedma-Río Negro- Argentina) que tienen incluidas en su composición algas 
diminutas.
Tallado y engarce de piedras.

 
Candelabro de piedra caliza con algas, con tallado de pez esquemático.
(Autor CHMMercapide)
Pez tallado manualmente en piedra caliza.
Piedra caliza con inclusión de algas (de 6 000 000 de años)
Tallado de un pie humano y engarce de piedras como uñas.
(detalle de las uñas)
Pie humano tallado en piedra caliza con algas, zona ahuecada
para usar como candelabro.
Imágen de un loro con una piedra engarzada como ojo
Cenicero de piedra caliza

miércoles, 30 de enero de 2013

La doncella y la muerte (Por José Pablo Feinmann)

Kathryn Bigelow

Cuando los militares bolivianos cometieron la –para ellos– hazaña de matar a Ernesto Che Guevara, se sintieron orgullosos. Tanto, que lo mostraron al entero mundo en el piletón de Vallegrande. Ahí estaba el invencible Che, muerto. Ahí estaban ellos, vivos y vencedores. Que el Che, con su milagrosa sonrisa, con sus ojos, aun muerto, abiertos, les arruinara la fiesta, al punto de que el mundo vio al más bello muerto de la historia rodeado de sus asesinos y burlándose de ellos con su sonrisa, con sus ojos pícaros, tal como los tenía cuando andaba de un lado a otro por el planeta, es otra cuestión. Los militares reprodujeron el famoso cuadro de Rembrandt sobre la lección de anatomía: señalaban que los balazos habían entrado por aquí y por ahí y por allá. Ahora viene la pregunta que todos (menos los norteamericanos) se han hecho: ¿alguien vio muerto a Osama bin Laden? Nadie. Y si esperan verlo en la película de Bigelow, olvídense. Van a ver un poco de cierta barba blanca y los orificios de una nariz con algún toque de sangre. ¿Alguien vio cuando lo tiraron al mar? ¿Tomaron fotos de algo sus sacrificadores? Nada. Y cuando llegó la noticia del eterno ocultamiento en el mar todos –en la Argentina y en muchos países del mundo– dijeron: mentira, nos toman por idiotas. O no lo mataron o lo mataron hace tres o cinco años y recién ahora (vaya uno a saber por qué) la CIA nos lo hace saber.
Tomarnos por idiotas es lo que se proponen, pero en concepciones conspirativas de la historia los argentinos somos maestros. ¿Por qué nos escamotearon a Osama? ¿Por qué lo tiraron al mar? ¿A quién tiraron al mar? ¿No tienen una foto para mostrarnos? ¿En la palabra de quién tenemos que creer que semejante archivillano ha sido abatido y el vencedor es parco en exhibir y probar exhaustivamente su triunfo y hasta su gloria? Además, ¿alguien cree todavía que el acontecimiento histórico universal de las Torres Gemelas no tuvo aliados internos? 1) Legitimó el triunfo electoral de Bush, que había sido todo menos transparente. A partir de ahí se transforma en el líder de la nueva cruzada: The President takes charge, dicen entusiastas varios magazines; 2) Se legaliza la guerra contra Saddam Hussein y la invasión a Irak. Guerra que todavía continúa y que ya ha tenido un costo de vidas altísimo. Y que ha recurrido a la tortura (tarea de inteligencia) y ha instalado innúmeros campos de concentración, no detectables por los satélites pues sólo los tienen EE.UU. o sus buenos aliados del Occidente capitalista y cristiano. La guerra de Irak está sostenida por el ataque a las Torres. Y la tortura sigue siendo (y seguirá siendo) la más efectiva de las tareas de inteligencia. Por si hiciera falta: la película de Bigelow lo demuestra. Ya lo había demostrado la casi intolerable Unthinkhable y el fanático agente Jack Bauer en 24 de la cadena Fox, propiedad del derechista Rupert Murdoch, zar de los medios. Ahí se entroncan los medios con los guerreros de la democracia, tortura mediante.

LAS LAGRIMAS DE LA COMANDANTE

Los norteamericanos no inventaron esto. Fue obra de los franceses. En Indochina y en Argelia impusieron la teoría de la Defensa Nacional. Su herramienta principal de inteligencia: la tortura. “La legalidad es incómoda, coronel”, heroicamente le dice un periodista francés (que, sin duda, había leído a Sartre) al coronel Mathieu. Su respuesta (notable) ya es bastante conocida: “La cuestión no es la tortura. La cuestión es si Francia se queda o no en Argelia. Si se queda, no me pregunten por los métodos que utilizo para lograrlo”. La valiente, obstinada agente de la CIA Maya (la actriz Jessica Chastain, que ganará su Oscar pese a su voz poco atrayente, aguda hasta un poco más allá del registro de una gran actriz) podría decir a quienes la denuesten: “La cuestión no es la tortura. Es si ustedes quieren o no que atrapemos a Osama. Si lo quieren, no me pregunten por los medios que utilizo para conseguirlo”. Porque en el film de Bigelow los medios por los que se atrapa de Osama son: 1) La terquedad de la agente Maya. Su obstinación casi enfermiza. “Los de Washington dicen que es una asesina”, le comenta un hombre del Departamento de Estado a otro. Así nomás, al pasar. Maya, la heroica y terca protagonista, es una asesina según las altas fuentes de Washington. Luego Maya presencia las torturas y aunque algún mohín de disgusto expresa su linda cara, de ningún modo intenta impedir ninguna atrocidad. Las atrocidades de las torturas mienten. La principal y casi única es la que aquí conocemos como “el submarino”. ¡Qué piadosos los de la CIA! ¿No averiguaron los métodos de inteligencia de los militares argentinos? El empalamiento, la picana, la tortura delante de los hijos, la violación de las mujeres, el robo de los bebés, el asado de los prisioneros, vivos o muertos, los vuelos de la muerte, etc. O sea, Bigelow muestra una tortura light.
Sin embargo, su fiel torturador dice una frase decisiva ante el capo de la CIA (James Gandolfini): “Todo esto se basa en informes de los presos. Hay un 60 por ciento de posibilidades de encontrar a Osama”. Maya (que comparte la idea de que todo se basa en el testimonio de los presos) dice, contundente, “Hay un ciento por ciento. O, para no asustar sus cojones, caballeros, digamos un 95 por ciento. ¡Pero es un ciento por ciento!”. ¿Quién es Maya, personaje que se devora el film con su omnipresencia, de la que podría afirmarse sin dudar que atrapa a Bin Laden por su perseverancia casi inverosímil? Maya (y aquí va la bomba) es el alter ego de Bigelow. “Si yo hago la película, yo lo atrapo.” ¿Quién es Kathryn Bigelow? Filmó siempre películas de hombres. Estuvo casada con James Cameron, detalle que algo tendrá que ver en la totalidad de nuestro análisis. Su film anterior fue una glorificación de los desactivadores de bombas, todos héroes, todos sacrificados, todos tipos que arriesgan sus vidas por salvar las de los otros. Bigelow es uno de los grandes personajes de Hollywood, es (según creo) bellísima, y ya pasó los sesenta. Tiene cara de inteligente, de mujer brillante, corajuda. Es patriota. Y atención: uno de sus próximos proyectos es hacer un film sobre la Triple Frontera a la que llenará de narcotraficantes, fundamentalistas islámicos y drogones miserables, despojos de la vida que nada valen.
Volvamos a Maya. Todos están en contra de su obstinación por ir tras Bin Laden. Un personaje comenta: “Es ella contra el mundo”. Sin embargo, aparte de su patriotismo agobiante, nada parece justificar (internamente) esa perseverancia. Maya es sensible. Maya es dura. Se enfrenta al mundo masculino y hasta llega a reventar a gritos a un tipo que se le opone (gran escena de Jessica Chastain que proyectarán si le dan el Oscar, recuérdenlo). La película se centra más en ella que en el misterio Osama, en el despliegue de inteligencia, o en la acción impresionante de las fuerzas de ataque. ¿Por qué llora Maya al final del film? ¿Por qué el film cierra con un plano medio de Maya derramando breves, pero dolorosas lágrimas? Tal vez, conjeturo, porque comprende que el sentido de su vida ha muerto con Osama. Tal vez porque sabe que mintió. ¿Alguien puede imaginar qué habría sucedido si Maya destapa la bolsa mortuoria de Osama, lo mira, mira a sus compañeros y niega con su cabeza en lugar de afirmar? ¿Era posible una actitud así en una mujer que había arrastrado al poder más grande de la Tierra hacia una zona inhallable donde no estaba lo que debía estar, lo que ella había dicho (con el ciento por ciento de su obstinación) que estaba? Llora por eso. Porque mintió. Porque será imposible exhibir algo de Osama al mundo y probar la hazaña. Porque habrá que sepultarlo en el mar, escamotearlo, esconderlo para la eternidad. Y si no que alguien diga por qué llora esa mujer tan dura, una “asesina”, una comandante de hombres, una convencida de los beneficios de la tortura.

UNA BANDERA PARA LA GUERRA

Decir que el film está bien hecho es un pleonasmo. Bigelow dirige bien y tiene –aquí– a toda la CIA y a todo el gobierno de los EE.UU. de su parte. Aunque se inicia con un contraste burdo, indigno de cualquier artista, pero perfecto para justificar la tortura. Pantalla en negro y de a poco empezamos a escuchar los gritos de los que habitan las Torres cuando se produce el atentado. Es el horror, por supuesto. Pero ese horror está puesto exactamente ahí para que la película pueda abrir con una escena brutal de tortura. ¿Ven? Aquí está la consecuencia inevitable del atentado. Fue porque nos agredieron que hacemos algo que no haríamos. Nos forzaron. Nos obligaron a hacer cosas que John Wayne jamás habría hecho, aunque las haría de estar en nuestro puesto, como vengadores de la injuria más grande que América ha recibido.
Confieso –casi dando un salto en el desarrollo del film– que el ataque final a la morada del Villano no me impresionó como lo esperaba. Ocurre de noche. Las luces salen de los súper cascos de los súper soldados. Hay tiros a destajo, muertos, idas y venidas, hasta que parece que matan a alguien (al que casi no se ve) que es Osama. A partir de aquí, lo ponen en una bolsa, lo llevan a un helicóptero y luego a un avión en que aguarda Maya, quien dice –con apenas un leve movimiento de cabeza– que sí, que es él.
La película ha generado furias de todo tipo. El progresismo norteamericano (que existe, y ya lo creo que existe; sobre todo, claro, en Nueva York) no le ha perdonado nada a Bigelow. Naomi Wolf le ha enviado una carta personal. La carta es dura y no se ahorra nada. Ni siquiera el símil Bigelow-Riefensthal que resulta evidente para muchos de los que ven la película.



¿Quién es Naomi Wolf? Tiene un peso, un, por decirlo así, predicamento entre los sectores progresistas norteamericanos que la autoriza a decirle a Bigelow lo que abundantemente le dice. Anda por los cincuenta años, nació en San Francisco y su último libro es un éxito de ventas. Se llama The End of America. Postula que su país está muriendo por incurrir en la negación de sus valores tradicionales, los de la democracia. Que se está deslizando hacia el fascismo utilizando como pretexto el acontecimiento del nine eleven que ha llevado a primer plano a todas las fuerzas conservadoras y les ha dado una bandera de lucha, una bandera para la guerra con el argumento falaz e infundado de defenderse de un segundo ataque. (Ver: Antes de que nos ataquen de nuevo, de Bruce Ackerman, y Terrorismo y Contraterrorismo, un libro apoyado por la marina argentina. También The Real America, ese horrible manifiesto de Glenn Beck. Y para vacunarse contra esta catarata autoritaria siempre está el notable La otra historia de los Estados Unidos de Howard Zinn.) Pero The End of America es un libro apocalíptico. Al menos para eso que los norteamericanos piensan de sí mismos y de aquello que quieren seguir siendo. Ya no seguirán siendo eso, dice Wolf. Si presenciamos el fin de “America” es porque su corrimiento hacia las leyes del fascismo parecen ser inexorables, ya que Obama, en el aspecto de la guerra contra el terror, no se ha diferenciado esencialmente de los republicanos. Le exige a Bigelow que presente las pruebas que la llevaron a filmar su apodíctico film. “Querida amiga –le dice–, presenta tus fuentes. Muestra tus pruebas de que la tortura produjo información que salvó vidas o de cualquier otro tipo. Pero no puedes presentar pruebas de esta información. Porque no existen. Cinco décadas de investigación, citada en el documental de 2008 The End of America, confirma que la tortura no funciona. Robert Fisk suministra otro resumen de esa categórica conclusión. Y este informe de 2011 de Human Rights First refuta la principal premisa de Zero Dark Thirty.” Y éste es el punto axial de la discusión. Aun cuando se acepte dejar de lado el aspecto moral, ¿sirve la tortura para obtener información, como tarea de inteligencia? Recordemos: uno de los personajes más cercanos a Maya, el que hemos visto torturar con mayor convicción a los sospechosos, dice en la reunión con el jefe de la CIA: “Todo esto se basa en informes de los presos”. Y sin embargo, afirma que sólo hay un 60 por ciento de posibilidades de atrapar a Osama en base a esos datos, en tanto que Maya, terminante, vocifera: “¡Un ciento por ciento!”. Los halcones no quieren abandonar la tortura porque, a través de ella, dan cauce a su sadismo, a su odio racial. Y algo –aunque puedan conseguirlo por otros medios más civilizados, aunque ¿hasta qué punto la tortura no le es hoy inescindible a la civilización como antes lo fueron las grandes masacres de los pueblos colonizados?– conseguirán. Las palomas seguirán insistiendo en que la tortura no es eficaz, que quiebra no sólo al enemigo sino al torturador, que, además, hunde en la infamia al país, que acostumbra a su pueblo a la brutalidad, al fin de la democracia y a la entronización de la violencia como regla para sobrevivir en la sociedad del dolor.

UNA SERVIDORA

En cuanto al paralelo con Leni Riefensthal, es complejo. Pero me atrevería a decir que perjudica a Bigelow. Leni filma en los albores del nazismo. Filma a comienzos de la década del ’30. Heidegger, en la célebre correspondencia que sostuvo con Marcuse, le dice, justificándose: “Auschwitz no era visible desde 1933”, fecha en que asume el rectorado de la Universidad de Friburgo. Marcuse, desde luego, le dice que sí, que era visible. Leni podría haber dicho lo mismo. Y el tema es materia de discusión. Pero nadie puede discutir que Bigelow filma cuando la Guerra contra el Terror lleva diez años de vejaciones y horrores varios. Sabe bien la causa a cuyo servicio se pone. La carta de Wolf finaliza condenando sin retorno a Bigelow: “El desagradable trabajo que realizó Riefensthal, con el paso del tiempo, no se ha podido ocultar. Los estadounidenses también despertarán y verán a través de la apología de La noche más oscura las mentiras estandarizadas de un régimen que pretende que esta brutalidad es necesaria de alguna manera. Cuando eso suceda, la misma comunidad que hoy te aplaude dará un salto atrás. Como Riefensthal, eres una gran artista. Pero ahora te recordarán eternamente como una servidora de la tortura”.
Como no podía ser de otro modo, el limitado y pretendido politólogo Vargas Llosa se ha metido en esta cuestión. Dice que vio el film de Bigelow en Nueva York y que, al terminar, el público se puso de pie y aplaudió a rabiar. Algunos, se conmueven, lloraban. Viene, en su texto, de comentar un libro de Niall Ferguson que atesora una visión ásperamente pesimista sobre la cultura occidental. Escribe: “Al terminar este film genial y atrozmente autocrítico, los centenares de neoyorquinos que repletaban la sala se pusieron de pie y aplaudieron a rabiar; a mi lado, había algunos espectadores que lloraban. Allí mismo pensé que Niall Ferguson se equivocaba, que la cultura occidental tiene todavía fuelle para mucho rato”. ¿Por qué no? ¿Cómo no habría de compartir Vargas Llosa el alivio de esos neoyorquinos paranoicos que aceptan cualquier cosa con tal de ser protegidos del feroz terrorismo, del fundamentalismo asesino que les derrumbó esas torres en el mismísimo corazón financiero de Manhattan? ¿Cómo no habría de creer que Occidente tiene larga vida en tanto “servidoras de la tortura” (Naomi Wolf dixit) como Bigelow hagan films financiados por la CIA y el Pentágono? Sólo un hombre con una visión tan limitada de Occidente y del humanismo no advierte que la tortura no salvará esta contradictoria civilización que, entre atrocidades, ha dado también maravillas al mundo. Si se salva será por entender de una vez por todas algunos de los principios centrales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos declarada el 10 de diciembre de 1948. Que son: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Y también: Prohibición de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes. Sin embargo, la esperanza se nos vela ante los acontecimientos. Desde 1948 hasta aquí se han acumulado incontables horrores. Cualquier guerrero del Pentágono o de la CIA o de muchos otros países se reiría de esos principios, dictados ante el cercano horror de la Segunda Guerra, con sus cincuenta millones de muertos. Walter Benjamin ya se horrorizaba al ver en la historia una cadena de ruinas. Proponía la concepción de la historia como catástrofe. Aunque, también él, dijo la más hermosa frase que aún puede dar vida a cierta forma de empecinada ilusión: Es por nuestro amor a los desesperados que aún conservamos la esperanza.

viernes, 11 de enero de 2013

La inseguridad en Latinoamerica

América Latina ha tenido un destacado desempeño económico en la última década, acompañado por una reducción significativa en los niveles de pobreza y, en algunos países, también en los niveles de desigualdad. Si comparamos la situación actual con lo que sucedía hace dos décadas, la región tiene hoy en día economías más fuertes e integradas, democracias más consolidadas, así como Estados que han asumido mayores responsabilidades en la protección social. Pero el flanco débil de la región es la violencia, el crimen y la inseguridad.




Con intensidades diferenciadas entre países, la región sufre de una epidemia de violencia, acompañada por el crecimiento y difusión de los delitos, así como por el aumento del temor entre los ciudadanos. Entre 2000 y 2010 la tasa de homicidios de la región creció 11%, mientras que en la mayoría de las regiones del mundo descendió. Si consideramos los países que tienen información entre 1980 y principios de 1990, en comparación al momento actual, encontraremos que los robos se han casi triplicado en los últimos 25 años. Más aún, 1 de cada 10 robos se producen con violencia, en su gran mayoría a través del uso de armas de fuego y 1 de cada 10 latinoamericanos han sido víctimas de violencia intrafamiliar. En un día típico en América Latina 460 personas sufren las consecuencias de la violencia sexual; la mayoría son mujeres.



El deterioro de la seguridad no se ha dado de manera homogénea. Cuando desagregamos los delitos por países encontramos dos Américas Latinas: una en la cual la violencia letal es la que más aqueja a la población, con países que sufren verdaderas espirales de violencia, y otra en la que los niveles de homicidio son relativamente bajos, pero en la que el aumento repentino y considerable de los delitos patrimoniales ha disparado la percepción de inseguridad en la ciudadanía. Al mismo tiempo, al interior de los países la situación es heterogénea, con municipios y estados que tienen indicadores comparables a los países de Europa y lugares en los que la violencia letal es incluso mayor a la de países en guerra.



Los latinoamericanos tenemos menos pobreza, menos desigualdad y democracias relativamente estables en la región, pero mayores niveles de inseguridad. ¿Qué ocurrió?



En un día en América Latina 460 personas sufren las consecuencias de la violencia sexual; la mayoría mujeres



Esta es una de las preguntas centrales que ha asumido el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a través de la elaboración en curso de un Informe de Desarrollo Humano para América Latina, el cual tiene como tema central la seguridad ciudadana. El informe señala cuatro claves para responder a esta pregunta. Primero, los Estados de la región siguen teniendo déficits de capacidades en materia de justicia y seguridad. Esto se refleja en índices de impunidad alarmantes, la crisis que atraviesan sus sistemas carcelarios y en la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones de justicia y policía. Es justamente a la luz de estos déficits que la privatización de la seguridad ha ido ganando fuerza, lo cual tiende a profundizar la desigualdad en el acceso a la seguridad y deja sin resolver los retos que atraviesa el Estado como principal garante de la seguridad ciudadana.



Segundo, el informe constata que la región ha crecido más en cantidad que en calidad: continúa teniendo fragilidades en el empleo, rezagos en la inclusión de las poblaciones más jóvenes, crecimientos urbanos acelerados acompañados de fracturas en el tejido social y de clases medias vulnerables.



Tercero, los vínculos comunitarios como la familia, la escuela y la comunidad han perdido su fuerza en algunos contextos como tensores sociales que permiten desarrollar formas positivas de convivencia. La inseguridad ha reconfigurado el tejido social en las sociedades latinoamericanas reduciendo los espacios de cooperación, confianza y participación ciudadana y propiciando, en algunos casos, formas de organización distorsionadas por el temor y la desconfianza como la llamada “justicia por mano propia.”



La agudización de las amenazas limitan gravemente las capacidades y libertades de los latinoamericanos



Cuarto, la multiplicación y agudización de las amenazas a la seguridad tanto en espacios privados como públicos limitan gravemente las capacidades y libertades de los latinoamericanos. Si bien el crimen organizado ha ganado notoriedad como dinamizador de la violencia y el crimen a nivel local y transnacional, la afectación cotidiana de los ciudadanos revela que están expuestos a muchas otras amenazas como el delito callejero, la violencia de género y la violencia ejercida por y en contra de los jóvenes, y que dichas amenazas se entrecruzan y retroalimentan en la práctica.



Estas cuatro claves revelan la complejidad y multiplicidad de los problemas que subyacen a la inseguridad ciudadana. Más aún, exigen pensar en respuestas integrales de política pública, incluyendo el papel de los actores no estatales y de la comunidad internacional. Sabemos bien que hay que pasar de la reflexión a la acción, con respuestas creativas e innovadoras, aprendiendo de los aciertos y las fallas. De ahí que el objetivo más importante del Informe de Desarrollo Humano para América Latina 2013 --que cuenta con la colaboración de distinguidos especialistas, representantes del quehacer público y la sociedad civil--, sea contribuir a la creación de mejores y más efectivas políticas públicas en aras de proteger a las y los ciudadanos de América Latina.



Heraldo Muñoz es subsecretario general de Naciones Unidas y director regional para América Latina y el Caribe del PNUD.